
Five Eyes, la principal red de inteligencia del mundo, cumple 80 años en un estado de estrés institucional sin precedentes. El analista Edgardo Glavinich, director ejecutivo de la Fundación Sherman Kent (FUSK), explica qué está en juego para los servicios de inteligencia en 2026 y qué significa para Estados Unidos y Occidente.
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¿Qué es Five Eyes y por qué importa en 2026?
Five Eyes, la alianza de inteligencia de señales que integran Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, cumple 80 años en 2026. Nacida de la cooperación angloamericana durante la Segunda Guerra Mundial y formalizada con el Acuerdo UKUSA de 1946, es considerada la red de intercambio de inteligencia más sofisticada del mundo occidental.
Sin embargo, según Edgardo Glavinich, la alianza enfrenta hoy “la tensión más seria desde adentro” de toda su historia: la segunda presidencia de Donald Trump introdujo una lógica transaccional, la inteligencia como moneda de negociación, en una arquitectura construida sobre el principio opuesto: la compartición por defecto como bien colectivo.
Los episodios que más dañaron la confianza se sucedieron entre enero de 2025 y mayo de 2026, período en el cual Trump restringió el intercambio de inteligencia sobre Rusia y Ucrania, excluyendo a los aliados de canales que daban por garantizados.

El denominado “apagón de inteligencia sobre Ucrania” cerró a Reino Unido y Australia el acceso a actualizaciones sobre movimientos de tropas rusas. Las instrucciones prohibían además compartir inteligencia generada con sistemas o capacidades estadounidenses, lo que dejó al Government Communications Headquarters británico sin posibilidad de cubrir el vacío, dado que sus sistemas están integrados estructuralmente con los de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE. UU.
Por otro lado, el asesor Peter Navarro planteó públicamente excluir a Ottawa de la alianza, algo que funcionarios de primera línea calificaron de «muy peligroso» en el contexto actual de amenazas. A esto, se sumaron las intenciones de la Casa Blanca para convertir a Canadá en el estado número 51.
“Una arquitectura que se construyó sobre la confianza mutua no se mantiene bajo una lógica transaccional. Que Five Eyes llegue a su octogésimo aniversario en un estado de estrés institucional severo es una señal de alerta estratégica de primer orden para Occidente“, expresó Glavinich.
Una alianza que resiste a Donald Trump, pero se transforma
Pese a las tensiones, el director ejecutivo de la Fundación Sherman Kent descarta una ruptura formal: “La alianza sobrevive porque su arquitectura operativa es demasiado profunda y valiosa para los cinco miembros como para desmantelarse unilateralmente”.
Instalaciones como Pine Gap, operada conjuntamente por la CIA y la Australian Signals Directorate (ASD), son activos compartidos irreemplazables para monitorear a China. La red de cables submarinos que proveen inteligencia de señales y las estaciones del GCSB en el Pacífico Sur brindan una cobertura geográfica única.
Sin embargo, la confianza política está dañada. Los aliados comenzaron a construir alternativas por fuera de Estados Unidos: el Reino Unido diversifica hacia la Unión Europea, Canadá debate generar capacidades propias y Australia profundiza AUKUS como canal paralelo con Londres. La paradoja, señala el analista, es que la política de instrumentalización de la inteligencia de Trump está generando exactamente lo que más debería preocupar a Washington: aliados que construyen autonomía informativa.
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Las reformas en inteligencia y la preparación para el 2030
Según el análisis de Glavinich, existe un ciclo reformista global que atraviesa a los servicios de inteligencia en todo el mundo, y que responde a cuatro ejes estructurales.
La Evaluación Anual de Amenazas 2026 de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos identifica a China como el competidor más capaz y a la inteligencia artificial (IA) como la tecnología definitoria del siglo XXI. Beijing combina talento humano, bases de datos masivas, financiamiento estatal y asociaciones internacionales para proyectar ventaja tecnológica en ciberespionaje, operaciones de influencia y recolección de señales.

En segundo lugar, la guerra en Ucrania demostró que la inteligencia de señales y de fuentes abiertas, procesada con velocidad y distribuida de forma específica, puede cambiar el curso de operaciones militares en tiempo real. Los países europeos que no anticiparon la invasión de 2022 extrajeron una conclusión organizacional: el problema no era la ausencia de datos, sino la arquitectura institucional que impedía integrarlos. Ese diagnóstico impulsa reformas en países como Suecia, Alemania y Japón.
Por otro lado, la inteligencia artificial (IA) no es solamente una herramienta más para los servicios: comprime los ciclos de reorganización de amenazas de años a meses. Grupos terroristas, organizaciones criminales transnacionales y actores estatales adversarios ya la incorporan en sus operaciones, desde campañas de desinformación con deepfakes hasta ciberataques polimorfos que evaden medidas de detección a velocidades superiores a la capacidad de adaptación de muchos servicios construidos sobre paradigmas analíticos del siglo XX.

Por último, el estrés de las alianzas multilaterales obliga a un cambio. La fractura de Five Eyes es el ejemplo más visible de un fenómeno más amplio: las alianzas de inteligencia multilaterales están bajo presión en todo el mundo occidental.
Al respecto, Glavinich identifica un patrón transversal en las reformas globales: la convergencia hacia estructuras centralizadas con capacidades ofensivas. Alemania está legislando para convertir el Bundesnachrichtendienst (BND) en un actor con poderes de contraataque cibernético activo; Japón construye desde cero su primer servicio HUMINT -la inteligencia de fuentes humanas- para política exterior; Suecia crea una agencia civil exterior equivalente al MI6 británico tras doscientos años de neutralidad.
“Estos no son ajustes marginales. Son rediseños estructurales que reflejan la evaluación de que el entorno de amenazas del mundo actual requiere capacidades que las doctrinas de posguerra habían excluido deliberadamente”, sostiene Glavinich, que también advierte que las reformas avanzan más rápido que los mecanismos de supervisión y control parlamentarios y judiciales.
Con vistas al 2030, para el director de la Fundación Sherman Kent, los servicios de inteligencia más capaces en 2030 no serán los que tengan más agentes ni los mejores sistemas de escucha: serán los que hayan logrado integrar IA, fuentes abiertas y fuentes humanas en arquitecturas institucionales con supervisión democrática sólida”.
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