


Hay lugares en el mundo donde la historia no solo se cuenta: se respira, se siente bajo la piel y retumba en la oscuridad. Lejos de los destinos turísticos convencionales, existen sitios que parecen detenidos en el tiempo, donde cada rincón guarda un secreto milenario y cada piedra tiene algo para decir. Esos espacios invitan a mirar más allá de lo visible y a conectar con culturas ancestrales desde otro nivel.
En Centroamérica, uno de esos lugares despierta la curiosidad de viajeros de todo el mundo. Belice, con su exuberante naturaleza y legado maya, resguarda bajo tierra un verdadero santuario sagrado: una cueva donde la arqueología y el misterio se entrelazan.
En su interior, el paso del tiempo quedó registrado en ofrendas, restos humanos y estructuras ceremoniales que aún hoy permanecen intactas, revelando la profunda relación entre los antiguos mayas y el mundo espiritual.
¿Cómo es adentrarse en un lugar que los antiguos mayas consideraban una entrada al más allá? ¿Qué secretos guardan sus pasadizos oscuros, entre estalactitas, restos ceremoniales y ecos del pasado? ¿Te animás a explorar el inframundo maya y descubrir un sitio único?

Según el sitio National Geographic, Belice, ese pequeño país enclavado en el corazón de América Central, que limita con México y Guatemala, guarda bajo tierra uno de los legados más enigmáticos de la civilización maya.

Se trata de un entramado de cientos de cuevas naturales que, lejos de ser simples formaciones geológicas, eran consideradas portales sagrados hacia el Xibalbá: el inframundo, donde residían los dioses vinculados a la muerte, la fertilidad y el renacimiento.
¿Y qué es hoy viajar a esa especie de santuario? Veamos:

Barton Creek y Actun Tunichil Muknal son dos cuevas que uno no puede perderse si visita a Belice, pequeño país de Centroamérica.


Según Miguel Choco, guía turístico maya q’eqchi’, comprender el significado espiritual de estos espacios permite entender por qué los antiguos mayas realizaban sacrificios humanos en contextos de sequía, hambre o desesperanza: no se trataba de violencia gratuita, sino de un acto simbólico para restablecer el equilibrio del mundo.
Belice conserva, además, una fuerte presencia indígena. Más del 11 % de su población pertenece a comunidades mayas que continúan practicando tradiciones ancestrales, hablan sus lenguas originarias y transmiten mitologías de generación en generación.
Visitar sus cuevas es también una forma de reconocer ese presente cultural que mantiene vivo el legado de sus ancestros. Algunas excursiones, como la que se realiza en el sistema de cuevas Nohoch Che’en, combinan flotación en río (tubing) con recorridos a través de túneles con estalactitas, cámaras rituales y pinturas rupestres.

En determinados tramos, los viajeros quedan envueltos en completa oscuridad, como lo hacían los antiguos mayas al descender a Xibalbá.
Explorar el inframundo maya no solo implica conocer un sitio único: es también abrir una puerta hacia el pasado profundo de América, donde naturaleza, espiritualidad y memoria se entrelazan bajo tierra. Una experiencia que, sin dudas, deja huella.
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