
Radio La Red La Rioja dialogó con Fernando Schapachnik, doctor en Ciencias de la Computación, profesor del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Instituto UBA-CONICET en Ciencias de la Computación, quien analizó el impacto que tiene el uso de chatbots de inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y aprendizaje. El especialista integra un grupo de referentes de distintas disciplinas que elaboró un pronunciamiento para advertir sobre los riesgos de incorporar estas herramientas como parte de las tareas escolares y planteó la necesidad de diferenciar entre enseñar sobre inteligencia artificial y utilizarla para sustituir el esfuerzo cognitivo de los estudiantes.
Schapachnik explicó que la preocupación surgió a partir de situaciones que docentes y especialistas comenzaron a observar tanto en escuelas como en universidades y que, según señaló, también aparecen respaldadas por distintas investigaciones: “Lo que nos cuentan las maestras cada vez que interactuamos con ellas, lo que vemos en la universidad, lo que nos cuentan en la escuela secundaria, resulta que se corrobora en los estudios científicos. Para decirlo en dos palabras, nadie aprende nada cuando estos chatbots se involucran en los procesos de aprendizaje”. En ese sentido, mencionó un estudio en el que se dividió a participantes en tres grupos para realizar una composición: uno sin ayuda externa, otro con acceso a Google y un tercero utilizando ChatGPT. Poco después se les pidió explicar qué habían escrito y, según relató, quienes habían trabajado con el chatbot mostraron serias dificultades para recordar el contenido producido, mientras que los demás pudieron hacerlo sin inconvenientes.
El especialista también hizo referencia a una investigación realizada sobre más de 26 mil estudiantes chinos, cuyo desempeño fue seguido durante un período prolongado. Los resultados, afirmó, mostraron que quienes recurrieron a herramientas de inteligencia artificial terminaron registrando un deterioro en su rendimiento académico en comparación con quienes no las utilizaron. Para explicar este fenómeno, Schapachnik comparó el aprendizaje con el entrenamiento físico: “Cuando vas al gimnasio y estás entrenado y de repente una semana dejás de ir, a la semana siguiente querés volver a levantar las mismas pesas y ya no podés. Con el cerebro pasa lo mismo. Cada vez que hay una tarea que tenemos que resolver estamos poniendo nuestro músculo cerebral en funcionamiento. Cuando no lo hacemos, ese músculo no se ejercita”. Por eso, remarcó que si durante el aprendizaje se delega en un chatbot justamente la parte que requiere esfuerzo, el estudiante deja de atravesar el proceso cognitivo que permite incorporar nuevos conocimientos.
Cómo aprendemos
Uno de los ejemplos centrales planteados durante la entrevista fue el de la escritura de ensayos, trabajos prácticos o monografías. Schapachnik sostuvo que escribir no consiste simplemente en trasladar al papel ideas previamente elaboradas, sino que constituye en sí mismo una instancia de construcción del pensamiento: “Cuando uno escribe está pensando, está haciendo la tarea de combinar esas ideas, de terminar de darles forma, de ver cómo se enhebran entre sí, cómo se potencian. Escribir es una tarea de alta demanda cognitiva”. Desde esa perspectiva, señaló que entregar algunas ideas a una herramienta para que redacte un texto completo puede resolver rápidamente una consigna, pero elimina una parte fundamental del aprendizaje que se produce precisamente mientras el estudiante organiza, relaciona y expresa sus propios pensamientos.
Schapachnik también cuestionó aquellas propuestas educativas que buscan incorporar la inteligencia artificial bajo la idea de un “buen uso”, por ejemplo haciendo que el chatbot resuelva una tarea para que luego los alumnos analicen o critiquen la respuesta. Según explicó, la evidencia disponible tampoco demuestra beneficios claros en esos casos y existen alternativas pedagógicas que permiten desarrollar las mismas capacidades sin recurrir a estas herramientas: los estudiantes pueden, por ejemplo, intercambiar sus producciones y corregirlas entre pares. En este punto, consideró necesario distinguir claramente entre productividad y aprendizaje: “No tenemos que confundir una herramienta destinada para la productividad con una herramienta destinada para el aprendizaje. Hay herramientas que en el ámbito laboral pueden ahorrar trabajo, pero cuando estamos en la escuela lo que interesa es el proceso, para poder aprender a través del proceso, no el resultado final”.
Esto no significa, aclaró, que la inteligencia artificial deba quedar completamente fuera de los contenidos educativos. Por el contrario, Schapachnik planteó que las escuelas deberían explicar cómo funcionan estas tecnologías, cómo son entrenadas, qué empresas las desarrollan, cuáles son sus intereses y de qué manera impactan en la sociedad. La propuesta puede resumirse, según explicó, en una idea: enseñar sobre la inteligencia artificial y no necesariamente con inteligencia artificial. Para ejemplificarlo, realizó una comparación con el tabaco: que fumar no esté permitido dentro de una escuela no impide que los estudiantes puedan aprender cuáles son los mecanismos biológicos, químicos y sociales vinculados con el consumo y la adicción. De la misma manera, sostuvo que es posible estudiar profundamente la IA sin convertir al chatbot en el encargado de resolver las actividades escolares.
Durante la entrevista también se refirió a la responsabilidad que deberían asumir las grandes empresas tecnológicas frente al uso de sus productos por parte de niños y adolescentes. Schapachnik consideró que el Estado argentino debería exigir mayores protecciones y trasladar esa discusión al terreno de los chatbots, estableciendo límites para evitar que sean utilizados para realizar tareas escolares. “No esperemos a ver el daño y que les tengamos que hacer juicio y que recién ahí admitan a regañadientes. Actuemos preventivamente y desde ahora limiten el uso para tareas escolares, para niñas y adolescentes”, expresó.
El pronunciamiento elaborado por especialistas busca, además, generar una reflexión dentro del sistema educativo. Para Schapachnik, muchos docentes y autoridades incorporaron estas tecnologías con buena intención, intentando evitar una postura de rechazo automático frente a las innovaciones, pero la evidencia acumulada obliga a revisar esa posición. “Que no tengan miedo de decir ‘esto no puede estar adentro del aula’. No hay una buena propuesta educativa que involucre a los chatbots”, sostuvo. Al mismo tiempo, rechazó el argumento de que la escuela necesariamente debe reproducir todas las prácticas tecnológicas que existen fuera de ella: “La escuela nunca está disociada del mundo real, pero su rol no es reproducir acríticamente lo que sucede afuera; es mostrar otros futuros posibles, otras maneras de acceder a la realidad y de poder analizar esa realidad”.
Finalmente, el investigador remarcó que el desafío no pasa simplemente por enfrentar tecnología y educación, sino por decidir qué tipo de capacidades debe preservar y desarrollar la escuela frente a herramientas capaces de producir respuestas de manera inmediata. En ese contexto, planteó que los estudiantes necesitan comprender por qué determinadas tecnologías pueden limitarse dentro de los procesos educativos y qué capacidades están poniendo en juego al utilizarlas: “Mientras les explicamos a los chicos por qué no les permitimos usarla, que están resignando su músculo más potente, que es su cerebro, cada vez que la utilizan, tenemos que proponerles un tránsito por la escuela que efectivamente les haga ejercitar ese músculo”.
Firmaron el documento:
Andrea P. Goldin, Investigadora CONICET en el Laboratorio de neurociencia, Universidad Torcuato Di Tella.
Dante Zanarini, Director del Dpto. de Ciencias de la Computación, Universidad Nacional de Rosario.
Diego Fernández Slezak, Director del Laboratorio de IA Aplicada (UBA-CONICET).
Diego Golombek, Profesor UdeSA/Investigador CONICET.
Esteban Torre, especialista en educación.
Estela Soriano, Especialista en Educación. Directora de Consultora Educativa “De la mano, hacia la educación y el desarrollo”.
Faro Digital
Fernando Schapachnik, Profesor Asociado FCEN-UBA, investigador ICC UBA-CONICET, ex Director Ejecutivo Fundación Sadosky.
Laura Alonso Alemany, Dra. en Lingüística Computacional, FAMAF-Universidad Nacional de Córdoba.
Laura Marés, Especialista en tecnología y educación, ex gerente general de Educ.ar SE.
María Cecilia Martinez, Dra. en Ciencias de la Educación, CONICET-Universidad Nacional de Córdoba.
María Teresa Lugo, Directora del Centro Políticas Públicas en Educación, Comunicación y Tecnologías, Universidad Nacional de Quilmes.
Marisa Díaz, docente y asesora del Ministerio de Educación de La Rioja, ex Secretaria del Consejo Federal de Educación.
Nora Solari, Profesora en Letras. Directora de Consultora Educativa “De la mano, hacia la educación y el desarrollo.”
Sandra Ziegler, Dra. en Ciencias de la Educación e investigadora en educación, FLACSO Argentina.
Sebastián Uchitel, Profesor Titular UBA/CONICET/UdeSA.
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fuente: inteligencia artificial en las aulas – Radio La Red La Rioja”> GOOGLE NEWS



