
La inteligencia artificial nos ha envuelto en una carrera tecnológica que avanza a una velocidad que no se tenía registro hasta ahora en la humanidad. Frente a este panorama, hay una pregunta que emerge y que genera eco entre empresas, expertos y en cualquier ciudadano de a pie: ¿cuál será la próxima frontera que cruzará la IA?
Una especialista de Google buscó responder esta inquietud en el evento AI Latam que se organizó hace unas semanas en el Centro de Convenciones Buenos Aires (CEC): “Los agentes de IA son los que van a destrabar el potencial que tiene la inteligencia artificial para las actividades que hacemos todos los días”, señaló Natalia Scaliter, gerenta general de Google Cloud Argentina.
Ahora bien, antes de avanzar, vale aclarar qué son los agentes de inteligencia artificial. En los últimos años, son muchas las empresas que han incorporado chatbots para responder a inquietudes rápidas que los usuarios pueden llegar a tener. ¿Quién no conoce los bots de las entidades bancarias que están ahí para resolver preguntas rápidas de los clientes? Sin embargo, el alcance de estas herramientas es limitado: dan respuestas predeterminadas basadas en guiones, ya que no pueden aprender ni adaptarse. Esto reduce el alcance de su trabajo a tareas sencillas, procesos lineales y estructurados.
Pero un nuevo panorama se está abriendo con los agentes de inteligencia artificial: estos tienen capacidad de interpretar intenciones de usuarios, más allá de la manera en que este expresa su pregunta y, a diferencia de un bot tradicional, no tienen una respuesta predefinida escrita, sino que trabajan con una base de conocimiento. Esto los habilita a realizar tareas más complejas e incluso a ejecutar acciones de forma autónoma; usan la IA, pero se conectan a aplicaciones y pueden realizar tareas en nuestro nombre. Por ejemplo, pueden enviar mails, programar citas, comprar productos online o gestionar un calendario, sin necesidad de hacer cada paso manualmente y entrecruzando información de otras plataformas. Es similar a un asistente que no solo aconseja, sino que también ejecuta las tareas.
“El futuro será personas más agentes”, enfatizó Scaliter, aunque advirtió que todavía las organizaciones están un poco tímidas, dado que son pocos los que han adoptado verdaderamente la inteligencia artificial. “Según el último estudio de McKinsey, el 96% de las empresas lo entendieron, aseguran que van a aumentar las inversiones en IA en los próximos 3 años, pero solo el 24% de las empresas tiene una estrategia clara y orgánica de adopción de IA. Como consecuencia, solo el 1% puede asegurar que ha alcanzado un estado de madurez en el uso de IA”, detalló la experta de Google.
Al mismo tiempo, señaló una situación paradojal que se está viviendo actualmente dentro de las organizaciones: dado que es una tecnología fácil de utilizar, las personas, a nivel individual, sí están adoptando la IA: “La cantidad de personas que usan la inteligencia artificial dentro de sus empresas, a manera personal, pero en el trabajo es tres veces más grande que la que sus líderes creen”.
Sin embargo, esto trae aparejado varios problemas: por un lado, advierte que, en realidad, no se está aprovechando el verdadero potencial de la IA, dado que no se integra esta tecnología a los flujos de trabajo. Por otro lado, advierte sobre la posible brecha a nivel laboral que se generará con esta realidad, dada la inequidad que habrá entre el conocimiento y el talento desarrollado dentro de la organización: aquellos audaces que la incorporarán y los reticentes a usarla. Por último, emerge otro gran problema: la seguridad, ya que, las personas usan distintos modelos de IA gratuitos, sin garantizar un entorno seguro para los datos de las empresas donde trabajan.
En ese contexto, ¿cuál puede ser el siguiente paso que se dará? “Es muy importante pasar al siguiente nivel, no el de la adopción individual, sino el de la adopción empresarial”, explicó Scaliter y destacó la necesidad nuevamente de que se integre la IA en los flujos de trabajo. Por su parte, desde Google, han diseñado la plataforma Gemini Enterprise, que permite a las empresas tener un punto único de creación y utilización de agentes dentro de la organización, de manera segura y con información para todo el negocio.
Adoptando esto, está convencida que se dará una verdadera transformación del negocio para el futuro, no solo en el ámbito tecnológico, sino en distintas áreas, que la IA hoy ya está impulsando y ayudando a resolver: el análisis y la anticipación de enfermedades oculares, el estudio de proteínas relacionadas con el cáncer y el autismo, la posibilidad de predecir incendios forestales o hacer traducciones simultáneas para comunicar el mundo.
En un mano a mano con LA NACION, respondió también una serie de consultas sobre la evolución de la IA y el papel de Google en ese camino:
-¿Cuál es la visión de Google sobre el futuro de la inteligencia artificial y cuál es la diferencia de este enfoque en relación a otras empresas como OpenAI o Grok?
-Google entiende que esta tecnología es transformadora, en un cambio que será transversal a todo lo que hacemos: la forma en la que trabajamos, en que nos relacionamos, etc. Uno de los puntos más importantes para Google son los valores con los que se crea la tecnología; tenemos nuestros fundamentos que establecen que debe ser útil para las personas, que no tiene que tener sesgos, que debe ser segura por diseño. Lo que más nos distingue de otros jugadores son justamente los valores con los que construimos esta tecnología, ya que entendemos el potencial que tiene y la responsabilidad que implica crearla.
-¿Qué producto de Google es hoy el que más valor aporta a sus usuarios?
-Hoy es la IA Gemini que podés tener en tu teléfono o en tu computadora, que es muy usada para preguntarle cosas. Sin embargo, la tendencia es ir hacia los modelos de agente, que resuelven tareas por uno, no solo responden preguntas. En ese ámbito entra Gemini Enterprise, una plataforma para empresas, que te permite tener en un único lugar, de manera centralizada, varios agentes de IA, a los que puede acceder toda la empresa, con los niveles de control y autorización que se quieran definir. Este es un entorno cerrado y seguro, donde la plataforma se conecta a las propias aplicaciones y datos de la empresa. La información con la que responden los agentes es la propia de la compañía, y la empresa tiene control sobre cuándo permitir al agente buscar datos fuera de ella.
-¿Eso impediría que la información personal o confidencial de la empresa se utilice para entrenar el modelo?
-Sí, funciona como una barrera de seguridad. No hay garantías de que otros chatbots no estén usando información personal de uno para entrenar sus modelos. Desde Google no lo hacemos, pero existe el riesgo de que, por el uso de inteligencias artificiales gratuitas y personales por parte de empleados, se pueda entrenar a los modelos con información personal y confidencial de la empresa.
-¿Hay habilidades humanas que serán más valiosas con la evolución de la IA?
-Una de las habilidades que será esencial con la evolución de la inteligencia artificial va a ser el pensamiento crítico. La IA es una amplificación y una emulación de nuestra inteligencia, no es nuestra inteligencia. El ser humano tiene miles de otros factores, como las vivencias, la memoria y los factores sensoriales que nos hacen únicos y no creo que se puedan replicar.
El pensamiento crítico llevará a que determinemos “qué es verdad y qué no es verdad de la IA”, cómo nos relacionamos, lo que definiremos que le vamos confiar a ella y lo que no. Otra habilidad importante que hace necesaria la IA es la agilidad o elasticidad para el aprendizaje continuo; esa necesidad de adaptarnos a nuevas herramientas, que están en constante evolución.
-¿Pensás que se puede llegar a un techo de crecimiento de la inteligencia artificial?
-La tecnología avanza mucho más rápido de lo que la podemos procesar o integrar. Hoy, la principal limitación que se ve a futuro en la inteligencia artificial es la capacidad de cómputo, que es como la “nafta” de esta tecnología. En otras palabras, los modelos corren en un centro de cómputo, en una computadora, que tiene un procesador que consume muchos ciclos y que tienen una capacidad máxima. Pero habrá un salto cuando se termine de trabajar en la computación cuántica, que desbloqueará cualquier límite.
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