“Era mi parte favorita del día”: por qué advierten que la sobremesa familiar pierde lugar y qué impacto tienen las pantallas

Comer juntos ya no garantiza compartir un momento en familia. Uno responde mensajes, otro mira videos y alguien deja la televisión prendida “de fondo”. Mientras tanto, la sobremesa -esa costumbre de quedarse unos minutos más para charlar, compartir y ponerse al día- parece ir perdiendo lugar.

Un estudio publicado en junio de 2026 en la revista JAMA Pediatrics encendió una señal de alerta. La investigación reveló que 8 de cada 10 padres usan algún dispositivo durante la comida familiar, y casi el 70% de los niños replica esa conducta. Entre los adultos predominó el celular; entre los chicos, la televisión y otras pantallas para ver contenidos.

Los autores advirtieron que esta presencia constante de las pantallas reduce las oportunidades de interactuar cara a cara entre padres e hijos, justamente uno de los principales beneficios de compartir la mesa.

La sobremesa, un hábito que cada vez se pierde más

En diálogo con Clarín, Gisela, mamá de dos chicos de 7 y 10 años, recuerda que la sobremesa era uno de los momentos que más disfrutaba cuando era chica. Por eso, hoy intenta sostener esa costumbre en su casa: durante las comidas los celulares están prohibidos. Además, sus hijos usan pantallas dos horas por día y, al menos tres veces por semana, la familia juega juegos de mesa después de cenar.

8 de cada 10 padres usan algún dispositivo durante la comida familiar, según un estudio. Foto: ilustración Adobe Stock.

“En mi familia, hacíamos sobremesa jugando con distintos juegos de mesa y era mi parte favorita del día. Hoy creo que eso se está perdiendo. Lo veo en mi entorno, en otras familias y amigos que ya no juegan, no charlan, se ponen con el celular o a mirar la tele sin hablar entre sí”, cuenta.

Y agrega: “Pueden estar comiendo y no tienen idea de la vida de los demás, no comparten nada. Noto que muchos padres intentan sacarse de encima a los chicos dándoles el celular, pero creo que eso es incentivarlos a que las sigan usando”.

Eso que observa Gisela también preocupa a los especialistas. Para Mariela Cacciola, psicóloga especializada en crianza (@dulcecrianza), la sobremesa cumple una función clave: “La mesa familiar es un momento de encuentro. Más allá de alimentarnos, es un espacio social para conversar, compartir y estar presentes con quienes tenemos enfrente“.

La experta sostiene que esos momentos compartidos favorecen el desarrollo emocional y social de los chicos porque crean hábitos de comunicación y fortalecen el vínculo cotidiano dentro de la familia.

La sobremesa familiar crea hábitos de comunicación y fortalece el vínculo cotidiano. Foto: ilustración Adobe Stock.

Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), coincide y agrega que durante esas charlas de sobremesa los chicos aprenden habilidades sociales como esperar turnos, escuchar otras opiniones y resolver conflictos.

“En niños mayores y adolescentes, la conversación cotidiana puede ayudar a detectar preocupaciones, cambios de ánimo o dificultades que no siempre aparecen cuando se les pregunta directamente”, sostiene (@dra.silvinapedrouzo).

Pantallas en la mesa: por qué no alcanza con prohibirlas

Pedrouzo explica que cuando el celular irrumpe durante las comidas aparece un fenómeno conocido como tecnoferencia, es decir, la dificultad de estar realmente disponibles para quienes tenemos enfrente por estar pendientes de una pantalla.

“El problema no es únicamente el celular, sino cómo afecta la atención y la posibilidad de compartir con otros“, señala. También advierte que las notificaciones y los estímulos constantes hacen más difícil sostener charlas profundas y prestar atención a los gestos, las emociones y las necesidades de los demás.

En el caso de los chicos, la tecnoferencia puede hacer que los adultos respondan menos, los miren menos o mantengan interacciones más breves. “Si ven que el teléfono interrumpe constantemente los momentos familiares, reciben el mensaje de que la pantalla tiene prioridad sobre la conversación“.

En ese sentido, Cacciola aclara que no se trata de “demonizar” la tecnología, sino de establecer acuerdos y límites claros para que no desplacen los momentos de encuentro: “El uso de dispositivos requiere de límites, requiere de guías. También el momento de la mesa familiar: cuáles son las normas que vamos a querer para nuestra familia”.

Y la pediatra agrega: “Prohibir los celulares puede ayudar, pero no es suficiente. El objetivo principal es recuperar la conversación y la presencia familiar -sostiene-. Las reglas deben incluir a todos los integrantes, especialmente a los adultos, porque los chicos aprenden más de lo que observan que de lo que se les dice”.

La tecnoferencia es la dificultad de estar realmente disponibles para quienes tenemos enfrente por estar pendientes de una pantalla. Foto: ilustración Adobe Stock.

Cómo recuperar la sobremesa

Más allá del tiempo que cada familia decida destinar a las pantallas, Cacciola sostiene que lo importante es volver a darle sentido a la sobremesa: “Somos los adultos quienes tenemos que promover esa actividad en conjunto con la comida“.

Con los más chicos recomienda incorporar juegos sencillos que acompañen la mesa, como adivinanzas, juegos de palabras o consignas breves. Con los hijos más grandes, en cambio, propone recuperar la conversación.

“Podemos contar anécdotas, preguntar qué fue lo mejor o lo peor del día, qué fue lo que más los divirtió o qué los aburrió. Lo importante es que los adultos también participen y den el primer paso“, explica.

Pedrouzo también sugiere elegir un momento concreto sin pantallas, como una comida diaria, un desayuno o una cena algunos días de la semana. También ayuda dejar los dispositivos lejos de la mesa, usar el modo “no molestar” y explicar cuando existe una excepción necesaria.

“Los cambios de hábito pueden generar resistencia, pero generar hábitos es educar. La cuestión no es eliminar los celulares, sino proteger espacios donde las personas puedan escucharse, compartir experiencias y fortalecer sus vínculos”, concluye la experta.

fuente: CLARIN

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