En 2016, un ingeniero refugiado llenó botellas desechadas con arena para construirle a su abuela una casa más segura en el desierto; el experimento se extendió a 25 viviendas

En el desierto del suroeste de Argelia, una botella de plástico usada puede convertirse en algo más que basura. Para Tateh Lehbib Breica, un ingeniero saharaui criado en el campamento de refugiados de Awserd, fue el inicio de una solución habitacional.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) contó que Breica, con una maestría en eficiencia energética, primero imaginó una casa eficiente con botellas descartadas en el techo, pero terminó usando esos envases llenos de arena como sustituto de ladrillos en muros más resistentes.

La casa que empezó por su abuela

La primera vivienda fue para su abuela. Según ACNUR, ella tenía dificultades para caminar y se había lastimado cuando la trasladaban a un centro comunitario para protegerla durante una tormenta de arena.

En un contexto donde muchas familias viven en tiendas tradicionales o casas de adobe vulnerables a lluvias intensas y vientos, Breica buscó un material barato, abundante y disponible: botellas desechadas llenas con arena del propio entorno.

La necesidad era real. ACNUR explicó que, en el campamento de Awserd y en otros asentamientos saharauis de la zona de Tinduf, las viviendas de adobe pueden dañarse con lluvias fuertes o prolongadas. Además, las tormentas de arena cubren casas y tiendas con polvo, lo que a veces obliga a evacuaciones temporales. En 2015, una tormenta destruyó miles de hogares, lo que reforzó la búsqueda de técnicas más duraderas.

Tateh Lehbib Breica. Foto: Youtube

Las botellas no funcionaban solas. El diseño circular ayudaba a enfrentar el viento, y los muros hechos con envases rellenos ofrecían una alternativa a los ladrillos de barro. ACNUR citó a su personal técnico en terreno para explicar que la forma redondeada tenía ventajas aerodinámicas y podía soportar mejor las tormentas.

De prototipo familiar a proyecto comunitario

El experimento creció cuando el Fondo de Innovación de ACNUR apoyó la construcción de 25 casas en los cinco campamentos saharauis: Awserd, Boujdour, Dakhla, Smara y Laayoune. Las viviendas estaban destinadas a personas vulnerables, una señal de que la idea dejó de ser una curiosidad individual para convertirse en un ensayo comunitario de adaptación.

La organización benéfica británica World Habitat también destacó el proyecto y señaló que la oficina local de ACNUR ayudó a conseguir 60.000 dólares para construir 25 viviendas adicionales. El método permitió reciclar residuos plásticos, reducir dependencia de ayuda externa y ofrecer lugares más seguros y frescos para 50 personas vulnerables.

Tateh Lehbib, el loco del desierto

La historia de Breica tiene algo de invento de emergencia y algo de arquitectura popular. No propone una solución universal para todas las crisis de vivienda, pero sí una respuesta concreta para un paisaje extremo: calor, arena, lluvia repentina, escasez y residuos plásticos.

En definitiva, su casa de botellas mostró que, incluso en un campamento de refugiados, la innovación puede empezar con una pregunta elemental: qué se puede construir con lo que todos tiran.

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fuente: CLARIN

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