
Hugh Jackman viajó a Etiopía en 2009 junto con World Vision, una organización internacional de ayuda humanitaria, para conocer proyectos de desarrollo comunitario. Allí pasó tiempo con un joven caficultor de 27 años llamado Dukale, trabajó junto a él y observó una paradoja que después describiría como decisiva: las familias que cultivaban el café podían seguir viviendo en condiciones precarias incluso cuando el producto que cosechaban tenía un enorme valor en los mercados internacionales.
Dukale tenía dificultades para acceder a compradores que le pagaran un precio justo. Parte de su familia también dedicaba largas horas a recoger leña, lo que reducía el tiempo disponible para estudiar o desarrollar otras actividades económicas.
Jackman contó que el viaje cambió su forma de entender el comercio del café. Al regresar a los Estados Unidos, decidió que no quería limitarse a contar la historia. “Después de conocer a Dukale, no podíamos simplemente hablar de él; teníamos que hacer algo”, explicó posteriormente. Dos años después nació Laughing Man Coffee.
De una pequeña empresa a una fundación para familias cafeteras
Jackman cofundó el negocio en 2011. La idea consistía en vender café procedente de cadenas de suministro con mejores condiciones para los productores y usar parte de los beneficios para apoyar proyectos vinculados con las comunidades agrícolas.

En 2014 comenzó a funcionar la Laughing Man Foundation, que amplió ese objetivo. La organización señala que durante la última década apoyó a familias productoras de café en Etiopía, Perú y Colombia, con programas de atención médica, viviendas más seguras, capacitación empresarial, asistencia de emergencia y becas educativas.
Uno de sus trabajos más visibles se desarrolló en la región colombiana de Huila. Laughing Man colaboró con la cooperativa cafetera COOCENTRAL en proyectos para mejorar viviendas de productores. Las intervenciones incluyeron nuevos pisos, techos y servicios sanitarios, elementos básicos que podían tener un impacto directo en la seguridad y salubridad de las casas. Paralelamente, se financiaron becas universitarias destinadas a hijos de agricultores.
En otro momento del proyecto, uno de los socios de Jackman explicó que se estaban impulsando alrededor de 100 viviendas nuevas o mejoras habitacionales y 45 becas universitarias para hijos de caficultores.
La promesa que quedó detrás de Laughing Man
La fundación todavía coloca a Dukale en el centro de su historia. En su presentación actual recuerda que todo comenzó con la promesa de llevar su café al mundo y contar historias como la suya. Incluso muestra cómo evolucionó la vida del agricultor y su familia años después de aquel encuentro.

El proyecto también intentó mantener una conexión directa entre consumo y producción. Los cafés de Laughing Man han utilizado cadenas certificadas de comercio justo, mientras Jackman destinó a la fundación las ganancias que obtenía de la iniciativa.
Con el tiempo, el alcance dejó de limitarse al café. La fundación comenzó a colaborar con otras organizaciones y a desarrollar nuevos programas, incluso dentro de los Estados Unidos.
Pero el origen continúa siendo el mismo. En 2009, Jackman llegó a Etiopía como actor involucrado en un viaje humanitario. Allí conoció a un productor que cultivaba uno de los productos más comercializados del planeta, pero tenía dificultades para beneficiarse de él.
Aquel encuentro fue la génesis de una cafetería, después en una marca y finalmente de una fundación que lleva más de una década financiando viviendas, educación y salud para otras familias que viven del mismo cultivo.
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