En 1877 introdujeron mangostas en Puerto Rico para acabar con las ratas y 150 años después se convirtieron en la principal fuente de rabia entre los animales de la isla

En la década de 1870, los productores de caña de azúcar de Puerto Rico enfrentaban un problema que amenazaba sus cosechas: las ratas. Para combatirlas, recurrieron a una estrategia que parecía lógica. Importaron desde India pequeñas mangostas, depredadores capaces de alimentarse de roedores.

La idea, sin embargo, no tuvo el resultado esperado. Las mangostas se establecieron en la isla, pero no lograron eliminar la plaga. Una de las razones fue una diferencia clave entre ambas especies: las mangostas tienen hábitos principalmente diurnos, mientras que las ratas de los campos de caña suelen desarrollar su actividad durante la noche.

El depredador y su presa podían compartir el mismo territorio sin coincidir durante buena parte del día. Así, las ratas continuaron como una amenaza para los cultivos y las mangostas encontraron otras fuentes de alimento.

Aves, reptiles, anfibios y otros pequeños animales pasaron a formar parte de su dieta. En Puerto Rico, una especie introducida para proteger las plantaciones terminó por convertirse en una especie invasora con efectos sobre la fauna nativa.

Pero la consecuencia más grave llegó décadas después. Según informó Xataka, en 1950 se confirmó en Puerto Rico un importante brote de rabia entre mangostas. Con el paso del tiempo, estos animales se transformaron en el principal reservorio de la enfermedad dentro de la fauna terrestre de la isla.

Puerto Rico introdujo mangostas para combatir las ratas y 150 años después se convirtieron en un problema. Foto: Wikipedia.

Según los datos citados por Xataka, las mangostas llegaron a representar más del 70% de los casos de rabia animal notificados. El porcentaje histórico señalado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos se situó cerca del 75%.

La exposición al virus también mostró cifras importantes. Un estudio realizado en El Yunque y Cabo Rojo detectó anticuerpos neutralizantes contra la rabia en cerca del 39% de las mangostas analizadas. Investigaciones posteriores obtuvieron porcentajes menores, de alrededor del 17%, lo que refleja diferencias entre zonas y hábitats.

El problema también alcanzó a las personas

Según Xataka, los investigadores calcularon un promedio de unos 280 puertorriqueños mordidos por mangostas cada año.

Las mangostas tienen hábitos principalmente diurnos. Foto: Wikipedia.

Uno de los casos más graves ocurrió cuando un hombre de 54 años del sureste de Puerto Rico recibió una mordedura mientras atendía un gallinero. No buscó atención médica de inmediato. Semanas después presentó fiebre, dificultad para tragar y parestesias. Su estado empeoró y murió tras sufrir un paro cardíaco. Los análisis posteriores confirmaron la presencia de rabia y vincularon el virus con la variante caribeña asociada a las mangostas.

Ahora los investigadores buscan una solución para el problema que dejó aquella antigua estrategia. Los estudios analizan la posibilidad de utilizar vacunas orales contra la rabia. Los ensayos incluso probaron distintos cebos para determinar cuáles atraen más a estos animales. La respuesta fue particular: las mangostas mostraron preferencia por los cebos con sabor a queso frente a los de coco o pescado.

La industria azucarera que motivó aquella introducción ya no tiene el peso de hace 150 años. Las mangostas, en cambio, permanecen. Lo que comenzó como una herramienta para combatir una plaga terminó por crear un nuevo desafío ecológico y sanitario que Puerto Rico todavía intenta controlar.

fuente: CLARIN

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