
“Necesito que todo se mueva”, decía Narcisa Hirsch. La frase funciona como una clave para entrar en su obra: muebles que ruedan, imágenes que se transforman, cuerpos, paisajes, recuerdos. En sus películas nada parece quedar quieto demasiado tiempo.

Ese movimiento también atraviesa la exposición Narcisa Hirsch, un viaje incógnito, que puede verse en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro). La muestra propone recorrer la obra de la artista alemana radicada en Argentina sin seguir una cronología, como si cada película, fotografía, grafiti u objeto fuera parte de un mismo desplazamiento.
“A lo largo de 25 años trabajando con ella aprendí a conocer su lenguaje, y ella siempre me decía que su obra era como caminar”, explica Daniela Muttis, curadora de la exposición. “Viajaba en sus conversaciones, en sus relatos, en las imágenes que buscaba para sus películas, viajaba para habitar sus territorios preciados, donde encontraba sus preguntas y respuestas”.
Narcisa Hirsch (Alemania, 1928-Argentina, 2024) fue una figura fundamental del cine experimental argentino y latinoamericano. Su producción se movió entre el cine y la fotografía, entre el cuerpo y el paisaje, entre la intimidad y la experiencia colectiva. También entre dos geografías que en la muestra aparecen como territorios que se continúan: los interiores domésticos de Buenos Aires y los paisajes de la Patagonia.

El cine como materia que fluye
Para Hirsch, el cine era también una experiencia de memoria. “Cine es lo que fluye y se va, lo que no queda, una imagen cada vigésima cuarta parte de un segundo”, escribió la artista.
Pero en ese movimiento fugaz encontraba una posibilidad de permanencia: “las imágenes que proyectadas hacen visibles a las otras, las internas, las guardadas, las oscuras y olvidadas”. Para Muttis, “Narcisa encontró en el cine aquella misteriosa materia que recuerda”.
La propia Hirsch definió el cine como aquello “que fluye y se va”: una imagen que aparece durante una fracción de segundo y que, al mismo tiempo, puede despertar otras imágenes, internas, guardadas, oscuras y olvidadas. “Narcisa encontró en el cine aquella misteriosa materia que recuerda”, señala Muttis.
Al pasar de la sala de cine al espacio del museo, las películas adquieren otra forma de recorrido. “Se vuelven pensamiento, se vuelven preguntas, se activan sueños y subjetividades. Hay enlaces e inspiraciones. Memorias. Asombro”, explica la curadora. “Las obras te invitan a cuestionar sobre la estética y también sobre la belleza. Es un ritual amoroso que va a permanecer en tu universo”.
Buenos Aires y Patagonia
La relación entre los interiores porteños y los paisajes patagónicos constituye otro de los recorridos posibles. Son geografías aparentemente distantes que, en la obra de Hirsch, conviven como partes de una misma exploración.

“Paul Éluard tiene una buena definición: ‘Hay otros mundos, pero están en este’. Narcisa también”, señala Muttis. “Esos mundos se definían entre Buenos Aires y Bariloche, aunque parecen muy opuestos, sus películas los hacían coexistir”.
Y agrega: “No hay categorías, hay un hacer en el tiempo y mundos entre otros mundos a los que nosotros podemos acceder, aunque sea como un reflejo del agua al atardecer”.
El Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, ubicado junto al río Paraná, se incorporó también a esa concepción del viaje. “El Macro es un viaje en sí, al estar al lado del río, me hizo pensar en ese fluir, viendo cómo flotan los camalotes y los barcos, cómo todo cambia permanentemente”, cuenta Muttis. “Buscando el azul de la distancia, dejar la puerta abierta a lo desconocido, como lo hacía Narcisa”.

Hirsch se definía a sí misma como “una ilustre desconocida”. Para Muttis, lo incógnito atraviesa su obra como “el territorio de lo desconocido, lo no dicho y lo aún no nombrado que se va despejando mientras atravesamos los paisajes audiovisuales que Narcisa habitó”.
La curadora también encontró durante el armado de la exposición una experiencia que parece prolongar ese principio: volver a mirar a Hirsch implica descubrirla otra vez. “Descubrí que vuelvo a descubrirla, que siempre hay nuevas lecturas, que las fotos tienen más datos, que las películas tienen unas rutas insondables”, dice. “Siempre un autor nos ofrece una lista de preguntas para contestar”.
Narcisa Hirsch, un viaje incógnito puede visitarse hasta el 1° de noviembre de 2026 en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro), Bv. Oroño y el río Paraná.
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