El truco que nadie cuenta: cómo cocinar huevos para obtener todos sus beneficios

El huevo es uno de los alimentos más presentes en la mesa diaria. Está en desayunos rápidos, ensaladas, rellenos y cenas livianas. Su perfil nutricional lo convierte en una opción accesible y completa dentro de una alimentación equilibrada.

Aporta proteínas de alta calidad, vitaminas y minerales esenciales. Sin embargo, no todas las formas de cocinarlo permiten aprovechar al máximo esos nutrientes. El método de cocción puede marcar una diferencia concreta.

¿Cuál es la mejor forma de cocinar huevos para mantener sus nutrientes?

Freírlo o revolverlo implica, en la mayoría de los casos, sumar aceite o manteca. Ese agregado modifica el valor calórico del plato y puede alterar la calidad final del alimento.

Freír el huevo implica sumar aceite o manteca y, por ende, afectar la calidad final del alimento. Foto: @xlacarniceriax

Por eso, cada vez más especialistas en nutrición coinciden en que hervirlo es la alternativa más simple y eficaz para conservar sus beneficios sin introducir variables adicionales.

Por qué hervir el huevo es una mejor elección

La principal ventaja del huevo hervido es que no requiere grasas añadidas. Al cocinarlo en agua, el alimento se mantiene intacto en su composición original.

Cuando se fríe, el aceite puede oxidarse si alcanza temperaturas elevadas. Ese proceso no solo incrementa las calorías, sino que también puede afectar parte de sus grasas naturales y algunos nutrientes sensibles al calor.

La principal ventaja del huevo hervido es que no requiere grasas añadidas.

En cambio, la cocción en agua permite un control más estable de la temperatura. Esto favorece la conservación de vitaminas y minerales, especialmente si el tiempo de cocción no es excesivo.

Además, al consumirlo hervido se tiene mayor claridad sobre lo que se ingiere. No hay quesos, embutidos ni exceso de sal incorporados de manera indirecta, algo frecuente en versiones revueltas o combinadas.

Desde el punto de vista digestivo, también suele ser una opción mejor tolerada. Cuando la yema queda firme pero no seca en exceso, la textura facilita la digestión y resulta adecuada incluso para personas con sensibilidad gástrica.

Qué aporta el huevo a la salud

El huevo contiene todos los aminoácidos esenciales, lo que lo convierte en una proteína completa. Esto es clave para el mantenimiento y la reparación de tejidos.

En su composición se encuentran vitaminas A, D, E y varias del complejo B, incluida la B12. Esta última cumple un rol fundamental en el sistema nervioso y en la formación de glóbulos rojos.

La yema aporta minerales como hierro, fósforo y zinc. (Pixabay/manfredrichter)

La yema aporta minerales como hierro, fósforo y zinc. También contiene colina, un nutriente relacionado con la función cerebral y la memoria.

Entre sus antioxidantes destacan la luteína y la zeaxantina, asociados al cuidado de la salud visual. En cuanto al colesterol, las recomendaciones actuales indican que su consumo moderado puede formar parte de una dieta equilibrada en la mayoría de las personas.

Una de sus mayores ventajas es la versatilidad. Hervido, puede incorporarse fácilmente en distintas comidas del día. En el desayuno aporta saciedad si se combina con pan integral o frutas. En el almuerzo, se integra en ensaladas o platos fríos sin necesidad de recalentar.

Huevo hervido: en el desayuno aporta saciedad si se combina con pan integral o frutas.

También puede funcionar como colación práctica, evitando el recurso a productos ultraprocesados. En la cena, acompañado de vegetales o legumbres, permite armar un plato liviano y nutritivo.

El truco no es complejo ni requiere técnicas sofisticadas. Elegir la cocción adecuada puede marcar la diferencia entre sumar calorías innecesarias o aprovechar al máximo un alimento simple, accesible y completo.

fuente: CLARIN

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