
Más allá de la coyuntura generada por la chicharrita, el crecimiento del sorgo responde cada vez más a una combinación de factores agronómicos y comerciales. Menor exposición al riesgo sanitario, costos competitivos, buena adaptación a ambientes restrictivos y una demanda exportadora consolidada.
Los últimos relevamientos de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis en el NOA muestran una situación que sigue siendo preocupante. De las 42 localidades evaluadas, el 95% registró presencia de la chicharrita del maíz y el 83% se ubicó en la categoría de máxima abundancia, con más de 100 adultos capturados por trampa.
La situación en el NEA es similar: el 98% de las localidades monitoreadas registró presencia del insecto y el 54% se ubicó en la categoría de máxima abundancia, con valores particularmente elevados en Bandera y Tacañitas, ambas en Santiago del Estero. Estas regiones ingresan al invierno con poblaciones de chicharrita todavía elevadas y plantas voluntarias de maíz («guachos»), que funcionan como puente verde permitiendo la supervivencia del insecto entre campañas lo que representa un riesgo sanitario elevado para el maíz en estas regiones.
El sorgo no hospeda Dalbulus maidis y crece en mercados
El sorgo no es hospedero de Dalbulus maidis y, por lo tanto, no participa en el ciclo biológico de la chicharrita del maíz. Esa ventaja sanitaria adquiere especial relevancia en el contexto actual, pero no es el único factor que explica el renovado interés por el cultivo.
En Argentina, la campaña 2024/25 marcó un punto de inflexión para el cultivo. El área sembrada creció alrededor de un 25% interanual hasta aproximarse al millón de hectáreas y la producción se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, según distintas fuentes sectoriales, convirtiéndose en una de las mayores cosechas de los últimos años. Tras ese crecimiento, las estimaciones preliminares para la próxima campaña ubican la superficie de sorgo granífero en torno a las 800.000 hectáreas, aunque el resultado final dependerá de la evolución de los precios, las condiciones climáticas y la situación sanitaria del maíz.
En materia comercial, China absorbe entre el 90% y el 95% de las exportaciones argentinas de sorgo, especialmente durante la ventana comercial que se extiende entre mayo y septiembre. Esta fuerte demanda explica que, cuando el mercado chino activa compras, el cultivo gane rápidamente competitividad frente a otras alternativas.
Desde el punto de vista productivo, el rendimiento promedio nacional suele ubicarse entre 4.000 y 5.000 kg/ha. Sin embargo, el potencial real del cultivo con genética moderna y un manejo adecuado es considerablemente superior, pudiendo alcanzar entre 8.000 y 12.000 kg/ha en ambientes favorables.
Durante la campaña pasada, provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos registraron promedios de entre 60 y 70 qq/ha, con lotes que superaron ampliamente esos valores.
El sorgo dejó de ser visto únicamente como una alternativa para ambientes de baja productividad. Hoy combina una ventaja sanitaria clara frente a la chicharrita, costos de implantación inferiores a los del maíz y un mercado exportador con demanda sostenida.




