
Esta semana, uno de los temas que agitó el avispero en el periodismo fue el lanzamiento de El Primer Feca, un noticiero diario y para redes sociales producido íntegramente con inteligencia artificial.
Con millones de reproducciones en sus primeros días, el proyecto propone videos cortos en los que avatares generados por IA sintetizan algunas de las noticias más importantes de la jornada.
Según explicó Santiago Siri, especialista en inteligencia artificial y creador del proyecto, Feca nació como una experiencia amateur, “casi un hobby”, destinada a explorar qué procesos de la cocina de las noticias pueden ser automatizados.

“Hoy el riesgo es bajo”: la mirada de Santiago Siri tras las alertas sobre la inteligencia artificial
Más allá de las buenas o malas intenciones de Siri, el lanzamiento vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede a la inteligencia artificial.
Feca aparece en un contexto en el que el rol del periodista viene siendo cuestionado y, en algunos casos, directamente desprestigiado desde distintos sectores políticos.
No es un detalle menor que esa discusión se dé mientras Donald Trump y Javier Milei instalaron, con distintas formulaciones, una frase que resume buena parte de ese clima: “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
Por debajo de la mesa, la discusión tanto a favor como en contra tiene de trasfondo el reemplazo de la tarea periodística. Y, si profundizamos en ello, cuestiones como la precarización, la multitarea y el pluriempleo, son otras de las cuestiones que salen a la superficie en esta discusión.
De todos modos, el noticiero de IA falla por muchas cuestiones. Que los avatares sean casi ridículos y que la inteligencia artificial todavía no pueda expresarse humanamente desde el lenguaje es, quizás, lo de menos.
La cocina de El Primer Feca
Tras el revuelo generado, Siri salió en distintos medios a defender su creación y marcó algunos argumentos a su favor. Uno de los más discutibles es que Feca podría hacer algo que los periodistas no siempre consiguen: contar las noticias sin los vicios de los periodistas.
La lógica, según comenta, parece sencilla: una inteligencia artificial no tiene intereses políticos, no milita para un partido, no construye una noticia para favorecer a un dirigente ni necesita alimentar una grieta para conseguir audiencia. Al menos, en teoría.
Para Siri, entonces, la IA podría funcionar como una suerte de garantía de neutralidad. El usuario recibe la información y es quien decide qué pensar sobre ella.
El problema es que la neutralidad no aparece mágicamente porque eliminemos al periodista. Antes de que Feca diga una sola palabra, hay decisiones que alguien tuvo que tomar.
lo más triste de la defensa corporativa del periodismo es esa fantasía de excepcionalidad: la ia puede transformar el diseño, la arquitectura, la medicina, la programación y prácticamente cualquier profesión, pero cuando toca una redacción de pronto estamos ante un sacrilegio.…
— santi (@santisiri) September 10, 2026
Desde qué fuentes consultar, qué noticias seleccionar, cuáles descartar, qué acontecimiento merece 30 segundos y cuál no. Qué contexto incluir. Qué afirmación considerar cierta. Incluso qué palabras utilizar para contarla.
Hasta un programador que diseña la IA está involucrado en el proceso y puede interferir en esta toma de decisiones. Entonces, el sesgo no necesariamente desaparece: puede cambiar de lugar.
El periodismo también consiste en ayudar a establecer ese valor: aportar contexto, verificar, jerarquizar, encontrar aquello que no aparece en el primer resultado de búsqueda y, sobre todo, hacerse responsable de lo que se publica.
Sin ir más lejos, Feca generó un rechazo que recuerda al que recibió Mario Pergolini con sus creaciones de IA en Otro día perdido. En su exitoso programa, al conductor, su propia audiencia le marca que no le gusta lo que se ve allí.
La IA ya penetró en las redacciones. Lo que todavía genera resistencia es verla ocupar el lugar visible del periodista. En redes sociales, esa frontera parece mucho más difusa.
El rechazo a la IA
Es preciso afirmar que la inteligencia artificial ya está presente en buena parte de las producciones de una redacción periodística. Hasta ahora, su uso aparece como una gran herramienta para automatizar procesos, ordenar información y ganar tiempo en muchas tareas. Pero el grueso del trabajo periodístico sigue estando en las personas.
Por eso resulta peligroso el discurso que plantea que la IA viene a reemplazar a los periodistas. Un periodista estudió, se formó y continúa haciéndolo todos los días. Tiene criterio, pensamiento crítico y una responsabilidad sobre aquello que publica.
Está en el lugar de los hechos, puede verlo con sus propios ojos, hacer preguntas, contrastar versiones, cuestionar lo que escucha y sacar sus propias conclusiones.
Ese trabajo no es simplemente producir un texto y ponerle una voz. Y justamente ahí Feca hace agua.
La inteligencia artificial puede tomar información de distintas fuentes, sintetizarla y convertirla en un producto atractivo para las redes. Puede hacerlo rápido, barato y sin cansarse. Pero eso no significa que haya cambiado el trabajo periodístico: por ahora, muestra cómo puede ser la automatización de la producción de contenidos.
Incluso sus propias limitaciones actuales (una estética que puede resultar artificialmente incómoda y dificultades para comprender algunos diálogos sin subtítulos) parecen ser lo menos importante de la discusión.
Sin embargo, si Feca generó millones de reproducciones en redes, no es solamente porque la idea es controvertida. También porque existe interés por consumir ese tipo de contenido fragmentado y enlatado para las redes.
Lo que se produce en redes sociales con IA ya sobrepasó lo lúdico y se instaló en ámbitos institucionales. El propio Presidente de la Nación Javier Milei publica diariamente creaciones mesiánicas donde se erige como jugador de la selección y gambetea a la inflación o también en donde tiene diálogos mano a mano con José de San Martín o Domingo Faustino Sarmiento.
El enlace está a la vista.
El desafío, entonces, no es negar la inteligencia artificial ni encerrarse en una defensa del oficio. Es entender qué cosas puede hacer una máquina y cuáles todavía necesitan de una persona.
Quizás la pregunta sea otra: ¿estamos construyendo una sociedad que ya no considera necesario que alguien se haga responsable de las noticias que consume? Si la respuesta es sí, el problema no empezó con Feca.
—



