El primer Día de las Infancias de los nativos de la inteligencia artificial – El Cronista

Hay un juguete nuevo en el cuarto de los chicos. No es una pantalla más: es un peluche que escucha, responde, inventa cuentos a medida y recuerda cómo le gusta jugar a su dueño. Este Día del Niño, por primera vez, muchas familias argentinas van a regalar algo que hasta hace poco pertenecía a la ciencia ficción: un compañero de juego con inteligencia artificial. Y como toda novedad que toca la infancia, nos obliga a hacernos las preguntas más incómodas y más necesarias.

En Trendsity venimos sosteniendo que las fechas del calendario comercial son mucho más que picos de venta: son radiografías de época. Lo que una sociedad elige regalarles a sus niños dice menos sobre los niños que sobre los adultos que los criamos, sobre nuestras ansiedades, nuestras aspiraciones y nuestras contradicciones. El Día del Niño (esa fecha que en pocos años cambió de nombre, de fecha y de sentido al ritmo de nuestras propias disputas culturales) es hoy un observatorio privilegiado de la transformación más profunda que atraviesa a las familias: la llegada de la inteligencia artificial a la vida cotidiana, y en particular, a la vida de los más chicos.

La foto del consumo: los números que hablan

Los datos de la edición medida completa de 2025, pintan el escenario sobre el que llega esta transformación. Según CAME, las ventas minoristas pymes cayeron 0,3% interanual a precios constantes, con un ticket promedio de $33.736 que, descontada la inflación, implicó una baja real del 21,1% en el gasto por compra. Y eso ocurrió con el 87% de los comercios ofreciendo promociones y cuotas: la oferta de financiamiento ya no alcanza para mover la aguja. La CAIJ fue más categórica en su rubro: las ventas de juguetes cayeron 5,2%, mientras el comercio electrónico creció 30% y ya explica una de cada cuatro operaciones. La brecha entre la juguetería de barrio (ticket promedio de $13.000) y las grandes cadenas ($38.000, con fuerte presencia de importados) muestra dos países conviviendo en la misma fecha. Y según Focus Market, uno de cada tres regalos fue indumentaria: por primera vez en años, las zapatillas desplazaron al juguete del podio.

Pero la lectura que nos interesa va más allá de la recesión: lo que estos números muestran es una reconfiguración del regalo. Más pragmático (ropa que “sirve”), más financiado (cuotas como condición de compra) y, sobre todo, más mediado por lo viral. Porque en un año de consumo planchado, hubo productos que se agotaron: los peluches de capibara y el coleccionable Labubu, impulsados por TikTok.

La economía de la atención ya decide qué se regala, incluso antes que el precio. Al mismo tiempo, las importaciones de juguetes crecieron 114% en volumen, con la mitad del tonelaje ingresando a menos de tres dólares el kilo, lo que llevó a la CAIJ a alertar por la seguridad infantil.

Conviene retener este dato, porque la discusión sobre la seguridad física de los juguetes baratos y la que sigue, sobre la seguridad psicológica de los juguetes inteligentes, son en el fondo, la misma pregunta: qué estándares le debemos a la infancia.

Una generación que no va a “usar” tecnología

Los chicos que reciben regalos este domingo pertenecen a la Generación Alfa, la primera que creció con tablets y algoritmos de recomendación desde la cuna. Pero los que nacieron a partir de 2025, la llamada Generación Beta, van a ir un paso más allá: serán los primeros verdaderos nativos de la inteligencia artificial. Para ellos, la tecnología no será una herramienta que se enciende y se apaga, sino un entorno ambiente, conversacional, que se anticipa a sus necesidades. No van a “usar” la IA como nosotros usamos el celular: van a habitarla.

La industria ya tomó nota. La feria de Núremberg, la más importante del sector juguetero mundial, definió como una de sus dos grandes tendencias de 2026 la categoría de juguetes que comprenden, responden, resuelven acertijos y aprenden las preferencias de cada niño. El mercado global de juguetes inteligentes, que rondaba los 35 mil millones de dólares en 2024, se proyecta a más del triple hacia el final de la década. En el CES de Las Vegas de este año, los robots de compañía y los muñecos hiperrealistas con funciones de IA fueron protagonistas. La promesa es seductora: juego personalizado, estímulo del lenguaje, aprendizaje adaptativo, un cuento distinto cada noche.

La ambivalencia como signo de época

Pero si algo caracteriza la relación de las familias con la IA es la ambivalencia. Lo vemos en cada estudio que hacemos: conviven el entusiasmo y el temor, el deseo de que los hijos no se queden afuera del futuro y el miedo a que ese futuro les llegue demasiado rápido. Queremos que aprendan a convivir con la tecnología que va a definir su vida adulta, y al mismo tiempo intuimos que algo esencial de la infancia se juega lejos de cualquier dispositivo.

Esa intuición empieza a tener respaldo científico. Un estudio reciente de la Universidad de Cambridge, tras un año de observación de niños de tres a cinco años jugando con un peluche conversacional, advirtió que estos juguetes pueden confundir el aprendizaje emocional en edades tempranas: cuando un objeto simula empatía pero responde de manera errática o inadecuada, el niño recibe señales contradictorias justo en la etapa en que aprende a identificar y procesar emociones reales. Los investigadores proponen algo que debería marcar agenda: ampliar el concepto de seguridad del juguete. Durante décadas nos preocupamos por las piezas pequeñas y los materiales tóxicos; ahora hay que empezar a hablar de seguridad psicológica y emocional.

Los casos que encendieron alarmas no ayudaron a la confianza: evaluaciones de organizaciones de consumidores en Estados Unidos detectaron juguetes con IA generativa que, ante ciertas preguntas, daban respuestas absolutamente inapropiadas para un niño. Los fabricantes reaccionaron reforzando filtros y controles parentales, pero la lección es clara: estos productos llegaron al mercado más rápido que las reglas, los estándares y las conversaciones sociales que deberían acompañarlos. Como señalan especialistas en desarrollo infantil, no se trata de ser “antitecnología”, estos juguetes tienen potencial genuino, sino de no hacer beta testing con la infancia.

La contra-tendencia: el regreso de lo analógico

Aquí aparece el hallazgo más interesante, el que muestra que las tendencias nunca avanzan en línea recta sino en tensión. Mientras la IA entra al cuarto de los chicos, crece con fuerza el movimiento opuesto: la industria también identifica como tendencia global la “cultura cozy”, los juguetes deliberadamente desconectados, los kits de construcción, el juego sensorial, las manualidades. Familias que eligen regalos sin chips precisamente para desconectar y resetear. Y un dato revelador: los adultos ya representan cerca de una quinta parte de las ventas de juguetes en mercados como el estadounidense. Compramos consolas retro, coleccionables y rompecabezas también para nosotros, buscando en el juego lo que las pantallas nos quitaron: presencia, textura, tiempo lento.

No es una contradicción: es la misma búsqueda expresada en dos direcciones. Las familias no eligen entre tecnología sí o tecnología no; están aprendiendo a curar el entorno de sus hijos. El nuevo rol parental que detectamos en nuestros estudios es el de “diseñador de dieta digital”: decidir no solo cuánto tiempo de pantalla, sino qué calidad de interacción, con qué acompañamiento, a cambio de qué otras experiencias. El regalo del Día del Niño ya no es solo un objeto: es una declaración sobre qué tipo de infancia queremos habilitar.

Un matiz argentino: entre la euforia mundialista y el bolsillo cuidado

Ahora bien, conviene bajar esta postal global a la góndola local, donde el fenómeno se lee con una capa más. Este Día del Niño (el domingo 16 de agosto) llega con el consumo cuidado, con familias que administran cada gasto, y en plena resaca del Mundial, que no aumentó el consumo sino que lo corrió de lugar: hacia la camiseta, el televisor y la figurita. A menos de un mes de la fecha, y antes de que arranque siquiera la campaña, lo que hoy encabeza la categoría de juguetes de Mercado Libre no son todavía regalos: cuatro de los seis productos más vendidos del país son coleccionables del Mundial: las figuritas, las estampas y el álbum Panini. Detrás asoman los bloques magnéticos y los juegos de mesa. El juguete con inteligencia artificial, por ahora, no aparece.

Archivo.

Nada de esto contradice lo que viene: los nativos de la IA ya nacieron y su infancia se está reconfigurando. Pero nos recuerda que las tendencias no llegan a todos los cuartos al mismo tiempo ni al mismo ritmo. Mientras el mundo anuncia el futuro, la familia argentina real regala hoy pertenencia y juego compartido: emoción celeste y blanca a precio accesible, ladrillos para armar, una tarde alrededor de la mesa. Cuando la compra de Día del Niño se active en las próximas semanas, el podio se poblará de regalos más clásicos; pero el punto de partida ya dice algo, y es justamente lo que esta nota plantea: antes que la tecnología, lo que define la infancia sigue siendo la presencia.

Qué significa esto para las marcas

Para las empresas que participan de esta fecha, el mensaje es contundente. La confianza va a ser el activo más valioso de la próxima década en todo lo que toque a las infancias. Las marcas que prosperen no serán las que sumen IA como argumento de venta, sino las que puedan responder tres preguntas con total transparencia: qué datos captura este producto y qué hace con ellos; qué pasa cuando el niño le hace la pregunta que ningún adulto quisiera que le haga a una máquina; y qué lugar le deja al juego compartido, porque ningún algoritmo reemplaza la mirada de un adulto disponible.

La oportunidad no está en el tecno-solucionismo ni en el pánico moral, sino en el diseño responsable: productos que potencien la imaginación en lugar de sustituirla, que inviten al juego conjunto en lugar de aislar, que sepan callarse para dejar lugar al aburrimiento, esa incubadora insustituible de la creatividad. La seguridad emocional va a ser para los juguetes con IA lo que la certificación de materiales fue para los juguetes del siglo XX: primero un diferencial, después un estándar, finalmente una exigencia.

El derecho al juego, versión siglo XXI

El Día del Niño nació vinculado a la Convención sobre los Derechos del Niño y a algo tan simple y tan profundo como el derecho al juego. Vale la pena releerlo en clave 2026: el derecho al juego hoy incluye el derecho a jugar con las tecnologías de su tiempo (sería injusto criar analfabetos digitales en un mundo de IA), pero también el derecho a jugar sin ser observado, medido, perfilado ni optimizado. El derecho al barro, al tiempo muerto, al cuento contado con la voz imperfecta de un padre cansado.

Los primeros nativos de la inteligencia artificial van a necesitar, paradójicamente, más presencia humana que ninguna generación anterior: adultos que les enseñen a distinguir la empatía simulada de la real, la información de la verdad, la compañía de la conexión. Esa es la tarea que ningún juguete, por inteligente que sea, puede hacer por nosotros. Quizás el mejor regalo de este Día del Niño no venga en caja: sea sentarnos en el piso a jugar, con la tecnología apagada o encendida, pero con nosotros irremplazablemente ahí.

fuente: inteligencia artificial – El Cronista”> GOOGLE NEWS

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