
Robert Francis Prevost, de 70 años, el Papa León XIV, celebra este viernes el primer aniversario de su elección al pontificado con un viaje a Pompeya y Nápoles, en un baño de multitudes con las que muestra el centro de su mandato: el contacto con los pobres y los enfermos. En su mensaje reside la crítica a los poderosos ricos y la reivindicación de los inmigrantes perseguidos, posturas que ya lo enfrentaron con el presidente norteamericano Donald Trump.
Los ataques exagerados de Trump contra León XIV, acusándolo incluso falsamente de haber dicho que le parecía bien que Irán tuviera la bomba atómica, han centrado su reiterada defensa de la paz y el repudio de las guerras que padece el mundo.

El pontífice había comenzado con timidez su mandato. En los primeros tiempos aparecía preocupado por evitar los pronunciamientos que más podían exponerlo. Terminado el año jubilar y el primer período posterior al fallecimiento del Papa argentino Francisco, las definiciones de León han tomado cuerpo y le han dado continuidad a la voluntad de cambios de su predecesor, Jorge Bergoglio.
Una elección rápida y una sorpresa
El nuevo Papa lee el mundo contemporáneo apoyándose en citas de su maestro, San Agustín, de cuya orden fue el máximo dirigente durante 12 años (dos mandatos), y en su experiencia de veinte años como misionero agustiniano en Perú. Ese país le otorgó la condición de ciudadano peruano tras su labor como obispo de Chiclayo y la decisión del Papa Francisco de nombrarlo “ministro” a cargo de los obispos en el gobierno de la Santa Sede.
Fue así como en el Cónclave sorprendió a todos con una elección rápida en la que concentró un centenar de sufragios de los cardenales reunidos, quienes en solo cuatro votaciones lo consagraron como el 267.º Papa de la historia de la Iglesia.
Su reciente viaje por cuatro países africanos terminó de modelar las convicciones progresistas de su pontificado. Defendió en todos sus discursos a los pobres y criticó a los explotadores que se quedan con la mayor parte de las riquezas. Apoyó las reformas y advirtió a los poderosos sobre la necesidad de modernizar las naciones africanas con apertura y, sobre todo, con honestidad.

Los ataques desmedidos de Trump a su compatriota terminaron de dibujar los contornos del pontífice nacido en Chicago. Él respondió a Trump cuando este lo acusó de haber justificado que Irán posea un arma atómica, recordando que “hace años que la Iglesia está en contra de las armas nucleares”.
El pacifismo del Papa no es ingenuo. Es la convicción agustiniana de que la paz no puede consistir en la victoria del más fuerte. La clave para comprender a León XIV está en la fusión entre espiritualidad y pragmatismo.
Este viernes, en Pompeya por la mañana y en Nápoles por la tarde, el Papa fue celebrado por las multitudes que también festejaron su primer aniversario como pontífice.
En Pompeya recordó que cuando Bartolo Longo, hoy San Bartolo, llegó “por primera vez al Valle de Pompeya encontró una tierra afligida por tantas miserias, habitada por campesinos muy pobres, fustigada por la malaria y los bandoleros. Él supo ver en todos el rostro de Cristo, en los grandes y los pequeños, en particular entre los huérfanos y los hijos de los encarcelados, a los que supo hacer sentir su ternura”.
“Tenía razón y lo demostró haciendo de este lugar, con fe y con empeño, un centro de vida cristiana y de devoción mariana conocido en todo el mundo”, dijo. Destacó que el fundamento del Santuario de la ciudad se basa en la oración del Santo Rosario, “el motor escondido que hace posible el resto”. Pidió a todos “tener siempre viva y difundir esta antigua y bellísima devoción”.
En su primer año de pontificado, el Papa norteamericano-peruano ha hecho cambios importantes en la Iglesia de Estados Unidos, y quizás esto explica también el rencor de Donald Trump hacia él. En la estratégica Nueva York, en lugar del cardenal Timothy Dolan —el “guerrero cultural” que Trump quería ver como Papa—, León XIV nombró al obispo Ronald Hicks, ajeno a las divisiones que agitan al catolicismo estadounidense.
El nuevo pontífice se instaló en la residencia papal del Palacio Apostólico vaticano, que durante 12 años no fue utilizado por el Papa Francisco. El argentino lo rechazó por la soledad que le imponía y prefirió la residencia de Santa Marta, en cuyo apartamento 201 falleció el 21 de abril del año pasado.
Robert Francis Prevost reabrió también la presencia papal en la residencia veraniega de Castel Gandolfo, a 60 kilómetros de Roma. Allí pasa todos los martes su jornada de reposo: practica deportes, atiende a los caballos que recibió como obsequio, trabaja con sus secretarios y utiliza la piscina.
Según algunos analistas, comienza a definirse la “pax leonina”, que vive su estado inicial pero se irá afirmando decididamente en el futuro.
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