
El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, acusó al primer ministro Donald Tusk de orquestar un golpe de Estado en medio de un grave conflicto institucional por el control del Tribunal Constitucional.
La gravedad de la crisis obligó al mandatario a cancelar una gira oficial en Senegal para regresar de urgencia a Varsovia.
El detonante del choque entre los poderes fue la suspensión del presidente del tribunal, Bogdan Święczkowski, y de su vicepresidente, medida respaldada por el Ejecutivo de Tusk para “restaurar el Estado de derecho”. Sin embargo, el sector conservador de la corte desconoció la sanción y ratificó a las autoridades en sus cargos.
En las inmediaciones de la sede judicial se desplegó un fuerte operativo policial tras registrarse serios incidentes durante una manifestación.
Los efectivos detuvieron a tres personas que saltaron las rejas e ingresaron al predio, mientras facciones de magistrados se niegan mutuamente la legitimidad.
Reforma judicial y bloqueo constitucional en Polonia
La parálisis institucional encuentra su origen en las reformas judiciales impulsadas por el anterior gobierno conservador y en la negativa de la corte a tomar juramento a los nuevos jueces designados por el Parlamento. En este escenario, Tusk defendió las acciones decididas argumentando que resulta la única vía tras años de ilegalidad.
Por su parte, el presidente Nawrocki sostiene un bloqueo permanente a las iniciativas del Parlamento, negándose a validar a las autoridades elegidas por la mayoría oficialista. Esta constante cohabitación tensa ha derivado en el colapso operativo del máximo órgano de control constitucional.
Con el regreso del jefe de Estado y la policía custodiando la sede del tribunal, Polonia atraviesa una de sus crisis políticas más severas, enmarcada en una disputa profunda por la independencia y la legitimidad de la Justicia.
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