
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha defendido públicamente que el Pentágono pueda utilizar esta tecnología en todas las aplicaciones militares permitidas por la ley y cuestionó los modelos que impongan restricciones a escenarios bélicos.
El impulso forma parte de una política más amplia promovida por el presidente Donald Trump, quien recientemente frenó una orden ejecutiva vinculada a la regulación de la IA por considerar que podría afectar la competitividad tecnológica de Estados Unidos frente a otras potencias.
Las advertencias de los mandos militares
Sin embargo, dentro de las propias Fuerzas Armadas surgieron voces que reclaman prudencia. El almirante Frank Bradley, jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, sostuvo que los militares deben ser “muy cuidadosos” al incorporar inteligencia artificial en decisiones vinculadas al uso de fuerza letal.
Bradley reconoció que en el futuro la IA podría participar en la selección de objetivos, pero remarcó que los seres humanos deben conservar el control y la confianza de que la violencia se ejerza únicamente donde fue autorizada.
De tareas administrativas a objetivos militares
Dentro del Pentágono conviven distintas visiones sobre el papel de la inteligencia artificial. Algunos responsables militares sostienen que su principal utilidad está en automatizar tareas administrativas, procesar información más rápido y reducir la carga de trabajo de los operadores.
Sin embargo, otros usos ya avanzan sobre áreas más sensibles. Según antecedentes citados por especialistas, la IA ha sido utilizada para asistir en la identificación de objetivos militares y optimizar ataques de artillería.
Además, durante el conflicto con Irán, unidades estadounidenses emplearon herramientas de inteligencia artificial para procesar y reclasificar información secreta en cuestión de segundos.
La disputa entre el Pentágono y Anthropic
El avance de la IA militar también abrió un conflicto con la empresa Anthropic, desarrolladora del chatbot Claude. La compañía manifestó preocupaciones por posibles usos sin restricciones de su tecnología, incluyendo drones completamente autónomos y sistemas de vigilancia masiva asistidos por inteligencia artificial.
Tras desacuerdos sobre el uso de sus modelos en redes clasificadas, el Pentágono canceló un contrato de defensa valuado en U$S 200 millones y excluyó a la empresa de futuros acuerdos.
Anthropic respondió con una demanda judicial en la que acusa al gobierno de represalias ilegales. Mientras tanto, el Departamento de Defensa profundizó su relación con otras firmas como OpenAI, Google y SpaceX para acelerar el desarrollo de capacidades militares basadas en IA.
Un debate que recién comienza
Expertos en seguridad tecnológica señalan que, pese a la percepción pública, las Fuerzas Armadas estadounidenses suelen incorporar nuevas tecnologías de manera gradual y bajo estrictos controles operativos.
Sin embargo, el crecimiento de la inteligencia artificial en el ámbito militar abre interrogantes sobre los límites éticos, la supervisión humana y la posibilidad de errores en escenarios de combate.
La discusión sobre cuánto poder debe delegarse a la inteligencia artificial ya no es una cuestión teórica: se ha convertido en uno de los debates centrales para el futuro de la guerra y la seguridad internacional.
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