

Por: Néstor Vidal
Qué es la Inteligencia Artificial (IA).
En pocas palabras, la Inteligencia Artificial (IA) es un modelo matemático de predicción. No es una mente con conciencia ni un oráculo que conoce la verdad; es un software que utiliza estadísticas avanzadas para reconocer patrones en volúmenes masivos de datos.
¿Cómo funciona científicamente?
Su proceso se basa en la probabilidad estadística. Cuando le haces una pregunta, la IA no “piensa” la respuesta, sino que calcula matemáticamente qué palabras o datos tienen más probabilidades de aparecer juntos, basándose en la información con la que fue entrenada.
El espejismo de la Inteligencia: ¿Por qué miente la máquina?
Para el usuario común, la IA parece un oráculo infalible porque responde con una gramática perfecta. Sin embargo, Vidal explica que estos sistemas no poseen conciencia ni ética; son modelos matemáticos de predicción. Su función no es buscar la verdad, sino calcular qué palabra es estadísticamente más probable que siga a la anterior.
Este proceso técnico, conocido como “Loro Estocástico”, se rige por la fórmula: Cuando el sistema no encuentra un dato real en sus archivos de entrenamiento para completar una idea, el algoritmo no se detiene: alucina. Crea una respuesta que suena lógica pero que es fácticamente inexistente.
Casos reales: Cuando la ficción se filtra en la realidad
La advertencia de Néstor Vidal no es teórica; se apoya en fallos documentados que han puesto en jaque a instituciones globales:
• En la Justicia (El caso del abogado sancionado): En Nueva York, un letrado utilizó IA para fundamentar una demanda contra una aerolínea. El sistema inventó seis precedentes judiciales completos, con nombres de jueces y citas legales ficticias. El profesional, al no verificar la fuente, presentó el documento ante un tribunal real y enfrentó graves sanciones por fraude procesal.
• En la Ciencia (El error de los mil millones): Durante la presentación de una de las IAs más potentes del mercado, el sistema afirmó erróneamente que el telescopio James Webb tomó la primera foto de un exoplaneta. El error fue detectado de inmediato por astrónomos, demostrando que incluso las herramientas más avanzadas carecen de un filtro de veracidad científica.
• En la Educación (Citas Fantasma): Estudiantes universitarios han comenzado a presentar trabajos con bibliografías “fantasma”. La IA asocia autores reales con títulos de libros que nunca existieron, generando una cadena de desinformación que destruye el rigor académico.
Una advertencia directa a la población de la región
Como perito investigador forense, Vidal hace especial énfasis en el peligro que esto representa para técnicos y estudiantes en la región. “Confiar en un dato de la IA para un peritaje de accidentología, un cálculo de ingeniería o un diagnóstico técnico sin una validación humana es una temeridad”, sostiene el experto.
En disciplinas donde un decimal o una normativa IRAM determinan la seguridad de una estructura o la resolución de un juicio, el uso de datos “alucinados” por una máquina puede derivar en negligencias graves y responsabilidades penales para quien firma el documento.
Conclusión: El Rigor como Salvaguarda La población debe entender que la IA es, en el mejor de los casos, un asistente para borradores, pero nunca una fuente primaria de consulta. La advertencia de Néstor Vidal desde Bariloche es un llamado a recuperar el juicio crítico: ningún dato proporcionado por una IA debe ser aceptado como real si no es verificado por un experto humano o contrastado con una fuente física oficial.
La tecnología puede procesar información a velocidades increíbles, pero solo la mente humana puede garantizar la verdad y asumir la responsabilidad ética de lo que se informa.
*Por Néstor Vidal
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