
El “me gusta” se ha popularizado en las redes sociales como una forma de aprobar o mostrar interés por un contenido. Sin embargo, este gesto, tan simple en apariencia, va mucho más allá de pulsar un botón. Promueve un comportamiento superficial e inmaduro, y puede volverse adictivo. A esto se suma un trasfondo ideológico diseñado por las grandes empresas tecnológicas, que lo ha convertido en un símbolo orientador de nuestra época.
Quienes emiten estos “me gusta” pueden caer en una trampa: las redes los conducen hacia un laberinto de frivolidades cautivantes y a una senda de pereza mental y dependencia poco saludable. ¿Habrá un “me gusta” para eso? La gratificación inmediata, cuando se vuelve excesiva, rara vez conduce a resultados positivos; por el contrario, puede socavar metas a largo plazo y generar, con el tiempo, una sensación de vacío e insatisfacción.
Esta dinámica no se manifiesta solo en el plano individual, sino también en ámbitos como la política o la crianza. En esta última, la complacencia instantánea limita el desarrollo de habilidades clave como la resiliencia y la perseverancia. La epidemia global de obesidad ofrece otro ejemplo: en un contexto de estrés y ansiedad generalizados, a cada vez más personas les resulta difícil resistir la tentación de la gratificación inmediata, que en el plano alimentario se expresa en la primacía del “qué rico”.
En última instancia, esta lógica favorece la expansión de la posverdad, ya que reduce la tolerancia a las verdades incómodas. En ese sentido, el “me gusta” también opera como un filtro de la verdad.
Ps. Jorge Ballario psicologo.ballario@gmail.com
OTRAS CARTAS
Aquel debut consagratorio del maestro Di Sarli
El 1 de enero se cumplieron 87 años del debut en LR1 Radio El Mundo de la Orquesta Típica de Carlos Di Sarli. Día no frecuente para un debut radial, más tratándose de un domingo por la noche. El gerente general de la emisora Pablo Valle, hombre visionario, había observado a esa orquesta formada unos meses antes y presagió que sería importante presentarla en esa radio de jerarquía. Y no se equivocó.
El estilo impuesto por Di Sarli se caracterizó por ser sencillo, armónico y milonguero diseñado especialmente para los bailarines. Ese día el Maestro debutó a las 22.15. Interpretó cuatro tangos: “Marejada” de Roberto Firpo, “Madre” de Francisco Pracánico con el cantor Ignacio Murillo, “Milonguero viejo” de Carlos Di Sarli y “El caburé” de Arturo De Bassi.
Esa fecha, 1 de enero de 1939, podemos considerarla como el inicio de la consagración del maestro bahiense con su orquesta gracias a la difusión de la radio que permitió al numeroso público oyente conocer las cualidades de esa orquesta. Fue celebrada rápidamente por los seguidores de nuestra música ciudadana que luego se transformaron en multitudes que lo acompañaron hasta el final de su carrera artística en radio, salones, clubes y en todos los locales donde su estilo tan particular fuera admirado. Más adelante se lo designó “El Señor del Tango”, surgido de la inspiración de Antonio Cantó y Arturo Gallucci, título que fue aceptado y respetado por todo el mundo del tango.
Aquella orquesta del debut estaba integrada por Carlos Di Sarli en el piano; Roberto Guisado, Angel Goicoechea y Alfredo Pérez en violines; Roberto Gianitelli, Domingo Sánchez y Roberto Mititieri en bandoneones; Domingo Capurro en contrabajo, Ignacio Murillo cantor. A mediados de ese año se incorpora el cantor Roberto Rufino en el lugar de Murillo.
Fernando Espiniella Peña Carlos Di Sarli nando327@yahoo.com.ar
“Aferrarse a nuestras familias y seguir adelante”
Los argentinos hemos pasado por todo, hasta lo inexplicable. Se huele, se siente, vibra una cierta incertidumbre que paraliza y nos tiene en vilo en nuestro país. Más allá de los proyectos personales de cada uno está latente la duda molesta, disruptiva y constante como un latido de si todo lo que me propongo como habitante de este maravilloso país se podrá llevar a cabo. Y en ese preciso instante aparece un silencio inquietante. Nadie puede hacer futurología de cómo estará nuestra situación, solo queda aferrarse a nuestras familias y, pese a todo, seguir adelante.
Veronica Ciolli Ceccato Vciolliceccato@yahoo.com.ar
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