
Si no se tratara de quien se trata, podría resultar hasta gracioso. Como aquel personaje de Luisa Albinoni en La peluquería de Don Mateo, la del “Hola, mami” que no paraba de encontrar desde joyas hasta electrodomésticos detrás de un arbolito, un señor descubre miles de dólares en la casa de su padre ya muerto que, muchos años y muchas rectificaciones después, le permiten redondear una declaración jurada.
Como otro personaje televisivo, uno de The Big Bang Theory, un hombre gana una fortuna en criptomonedas guardadas en un pendrive que había perdido. En el caso de nuestro personaje, lo encontró, al cabo de años, justo, justo cuando asumía la función pública como vocero presidencial.
Es que, ya lo dijo su escribana, la inefable Adriana Nechevenko: “A Manuel le cayó todo junto”. Y sí: cargos, departamento nuevo, muebles de diseño a medida, casa en el country, autos, viajes de cabotaje y al exterior…
Si no fuera grave, y patético, o patético y grave, sería gracioso comprobar cómo el hombre, Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, contradice flagrantemente con sus palabras actuales, sus propias palabras pasadas. “Me contradigo, ¿y qué? Soy inmenso, contengo multitudes”, decía el gran Walt Whitman. Este que nos ocupa no sería el caso.
Tiempo atrás había hablado de la hipoteca y las deudas que les dejó su padre al morir. En un video de 2020 deja en claro su ignorancia sobre criptomonedas incluso mucho después de la época en la que, supuestamente, se hizo rico con esas inversiones.
Persona políticamente expuesta desde hace dos años y medio, que no dio cuenta de estos fondos ni en la declaración jurada presentada ante ARCA ni en la que debe exhibir ante la Oficina Anticorrupción, afirma con toda displicencia que ahorró en negro y reconoce sin problemas haber sido un evasor. Es el jefe de todos los ministros. Pero claro, es el jefe del gabinete de un Presidente para el que, recordemos, “los evasores son héroes”. La misma gestión que le quitó a la Unidad de Información Financiera la capacidad de querellar.
La gran preocupación de Adorni, hoy por hoy, es la de demostrar que no es “chorro”. Es decir, que no se enriqueció ilícitamente.
Pero no solamente en sus declaraciones juradas nuestro personaje omitió la verdad. Eso que la actual jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, llamó “omisión ética”. El 29 de abril, en su Informe de Gestión ante el Congreso, con el elenco ministerial en pleno haciendo las veces de claque, y el propio presidente Javier Milei, junto a la secretaria general de Gobierno Karina Milei, alentándolo al grito de “Vamos Manuel”, Adorni les mintió en la cara a los legisladores, a sus colegas, y a sus jefes.
“Cumplí con mis obligaciones previstas en la ley de ética pública y acompañé todas las declaraciones juradas que requiere la normativa. Como saben, las declaraciones juradas tienen un componente público y un componente reservado. En el componente público se encuentran todos los detalles de todos los bienes que componen mi patrimonio, respecto de los cuales nunca existió ocultación alguna”, dijo ese día. Menos de un mes y medio después se revelaría que sus dichos eran falsos.
“No voy a tirar a un honesto por la ventana. Prefiero perder las elecciones a echar a alguien que no lo merece”, bramó Milei en una reunión de Gabinete a principios de mayo. El Presidente llegó a decir en una entrevista que había visto los papeles de Adorni y que todo estaba en regla. Adorni dijo ahora que no le había mostrado nada… Ayer, tras la lluvia de críticas y los pedidos para que lo eche después de la presentación de su declaración jurada, Milei volvió a respaldar a su jefe de Gabinete al compartir en X un mensaje que decía “Nuestro Presidente Milei bancando a Adorni va a salir fortalecido”. De paso, ¿vieron que la palabra casta desapareció del discurso oficial?
“No que me hayas mentido; que ya no pueda creerte, eso me aterra”, decía Nietzsche.
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