
Las fuertes tormentas, con lluvias que superaron los 100 milímetros en sectores del sudeste cordobés, dejaron cultivos volcados y lotes alcanzados por granizo. El trigo llegaba al tramo final de su ciclo con expectativas de rindes de entre 40 y 50 qq/ha, pero las heladas, el fusarium y ahora los temporales suman incertidumbre a la cosecha.
El trigo argentino atravesaba el tramo final de su ciclo con muy buenas perspectivas productivas, pero las últimas tormentas encendieron señales de alerta. Las lluvias intensas, las ráfagas de viento y, especialmente, la caída de granizo en distintos puntos de la región núcleo podrían dejar consecuencias sobre los rendimientos, justo cuando los cultivos se encaminaban hacia la cosecha.
Durante los últimos siete días, según describe el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, las precipitaciones se hicieron más frecuentes y también más violentas. Mientras algunas localidades registraron acumulados inferiores a los 20 milímetros, en otras se superaron ampliamente los 70 mm, con registros destacados como los de María Teresa (103 mm), Godeken (82 mm) y otros sectores de la región.
El episodio más complicado se produjo durante la tormenta del martes 3 de noviembre. En el sudeste de Córdoba, técnicos de la zona reportaron precipitaciones de entre 70 y 130 milímetros, concentradas en sectores puntuales y en períodos muy cortos, acompañadas por fuertes ráfagas y caída de granizo, señalan desde la BCR.
Desde Monte Buey y Corral de Bustos describieron un panorama preocupante: hay trigos revolcados por el viento, lotes de maíz completamente barridos y soja recién emergida que deberá evaluarse para determinar si necesita resiembra.
El fenómeno también afectó a Justiniano Posse, Sacanta, Oncativo, Río Tercero y Embalse, en Córdoba. En Santa Fe, los reportes de daños llegaron desde Armstrong, Bustinza, Timbúes, Pueblo Andino, Lucio V. López y Salto Grande.

Casi 16.000 hectáreas bajo la amenaza del granizo
Un relevamiento preliminar, realizado mediante la reconstrucción del recorrido de la tormenta y el análisis de imágenes de radar meteorológico por parte de la entidad, permitió estimar que unas 15.600 hectáreas estuvieron expuestas a condiciones compatibles con la ocurrencia de granizo.
Del total, aproximadamente 2.300 hectáreas registraron señales de reflectividad iguales o superiores a 60 dBZ, un indicador asociado a núcleos tormentosos de mayor intensidad.
Para el análisis se utilizó el indicador COLMAX, que registra la máxima intensidad de la señal devuelta por el radar en la columna atmosférica. Los valores de entre 55 y 60 dBZ se asocian con tormentas con potencial de granizo, mientras que los superiores a 60 dBZ corresponden a núcleos más intensos.

De todos modos, estas cifras representan una estimación de la superficie potencialmente expuesta y no una medición directa de los daños sobre los cultivos. En los próximos días se incorporarán reportes de colaboradores e imágenes satelitales posteriores a las tormentas para identificar con mayor precisión las áreas efectivamente afectadas.
Un trigo que todavía tiene varias amenazas por delante
El impacto del granizo llega en un momento en que el trigo generaba expectativas muy alentadoras. En distintas localidades de la región núcleo se proyectaban rindes de entre 40 y 50 quintales por hectárea, con registros potenciales de hasta 60 qq/ha en zonas como Pergamino.
Sin embargo, las tormentas no son el único factor que puede modificar las estimaciones. Las heladas de las últimas semanas comenzaron a mostrar daños de consideración. En Venado Tuerto describen situaciones muy variables, con espigas que presentan afectaciones completas y otras con daños en aproximadamente la mitad de su estructura.
A esto se suma la preocupación por el fusarium. En Los Quirquinchos ya detectaron presencia de la enfermedad y temen que las condiciones de humedad favorezcan su avance. En Junín, aunque todavía no se manifiestan síntomas evidentes, advierten que podrían comenzar a aparecer espigas blancas.
En María Susana, por ahora, los reportes son más alentadores, con muy poca presencia de fusariosis. No obstante, las lluvias también generan preocupación por la posibilidad de lavado de granos y pérdida de peso.



