
La restricción externa ha sido históricamente el principal detonante de las crisis macroeconómicas en la Argentina debido a una desconexión estructural que se podría resumir de una manera: el país necesita más dólares de los que genuinamente genera para mantener su economía en crecimiento. Se trata de un diagnóstico que casi no reconoce grietas. Lo comparten, entre varios, Javier Milei, Cristina Fernández y Mauricio Macri.
La primera mitad del ciclo del gobierno libertario se caracterizó por un incremento en el ingreso de divisas reflejado en el superávit comercial. De un saldo negativo en 2023 de cerca de U$S 7 mil millones, con Sergio Massa como ministro de Economía y candidato kirchnerista, se pasó a otro positivo de U$S19 mil millones en 2024. El año pasado la tendencia se consolidó en U$S11 mil millones. Las proyecciones para 2026 indicarían que nuestro país podría marcar un récord histórico de exportaciones. Solo en abril se computaron U$S8900 millones. Un 33% más que en la comparación interanual. Cálculos optimistas auguran que la Argentina podría recaudar por ventas al exterior cerca de U$S100 mil millones.
El enorme salto respondería al fortalecimiento del sector energético donde nuestro país mutó de importador en exportador consolidado en la región y el mundo. También la minería (litio y cobre) y, como siempre en la historia, el desempeño del motor agro-industrial.
Esa nueva realidad, al menos en el corto plazo, colocaría a la Argentina en estado de resguardo respecto de una posible crisis derivada de la restricción externa. Pareciera una batalla ganada de cierta racionalidad económica. El problema central radica, sin embargo, en que el Presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo, se auto perciben como héroes sin advertir el fantasma que diariamente recorre el tejido social. La macroeconomía sonríe, pero la microeconomía sangra. La narrativa repetida tantas veces sobre la frazada corta.
La brecha no tenida en cuenta desde el poder entre una cosa y la otra -frecuente además en los pensadores económicos de laboratorio- sería la que torna imposible la disección entre política y economía dentro de cualquier sistema democrático. E incluso de muchos que no lo son. Quizás se esté notando en el Gobierno la ausencia de Manuel Adorni, atareado en concluir su declaración patrimonial para neutralizar la investigación de la Justicia sobre presunto enriquecimiento ilícito. La vocería la ejercita “Toto” Caputo que ha dado muestras sobradas de inhabilidad ese ese rubro. Aseguró que en 2027 Milei será reelecto con comodidad porque “la economía se llevará puesta a la política”. Audacia discursiva que deberían empezar a desentrañar los politólogos.
Pocas cifras serían suficientes para comprender de qué se está hablando. La Fundación Fundar e Industriales Pymes Argentinos (IPA) registran que se cerraron en los últimos dos años 24.100 empresas. De acuerdo con información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) la tasa de mortalidad empresarial promedió el fin de 30 a 70 establecimientos por día hábil a nivel nacional.
El fenómeno se atribuye al aumento de los costos operativos (quita de subsidios y actualización tarifaria), a la apertura importadora de productos terminados, a las dificultades de financiamiento y, en especial, a la caída brusca de la demanda y el consumo interno. Se puede recurrir a dos últimos registros que en nada condice con el discurso oficial –de Milei y “Toto” Caputo– acerca de que las ventas estarían volando.
El reciente informe de SCENTIA (Consultora de consumo masivo) resulta revelador. Entre abril 2025 y abril 2026 el consumo masivo cayó 3.8%. Entre marzo y abril del 2026 esa cifra marcó 4.7%. Los descensos se verificaron en todos los sectores (super, autoservicios, mayoristas, farmacias) con una excepción: el comercio online. La Unión Industrial Argentina (UIA) comunicó que la actividad cayó un 0.7% interanual y un 0.4% en abril respecto de marzo.
El Gobierno y sus exégetas acostumbran a explicar que la economía argentina estaría atravesando un proceso de reconversión. De aquella cerrada por décadas a otra abierta y competitiva. Nadie conoce la existencia de algún plan entre los libertarios que haya previsto este dificilísimo tránsito. Milei y “Toto” Caputo suponen que aquel recorrido se terminará dando por fuerza de la naturaleza.
Esa creencia pondría al desnudo las debilidades en la concepción política oficialista que el ministro de Economía nunca se ocupa de ocultar. Si no existe la reconversión planificada podrá caerse en una transformación salvaje. Los costos sociales serán fatídicamente los que deban ser. La historia, a la cual los libertarios recurrirían poco, demostraría otra cosa. Basta con reparar en un espejo donde la Argentina se acostumbra a reflejar con nostalgia: Australia.
En la década de los 80 a los 90 esa nación hizo una transformación radical que podría asemejarse a la que ensayan ahora los libertarios. Del proteccionismo a la apertura. Se llevó a cabo de manera secuencial y consensuada como verdadera razón de Estado. Hubo un acuerdo político (del partido Laborista), social y empresarial que incluyó a la central obrera (ACTU). Teléfono para “Toto” Caputo. La política y la economía, seriamente, no podrían estar disociadas.
Cuando eso ocurre sobrevienen las grandes distorsiones. Perú es observado en la región como un país ejemplo por su estabilidad macroeconómica de hace dos décadas. Ese progreso no mejoró la estructura social que exhibe un tercio de pobreza y más de 65% de trabajadores informales. En diez años Perú contó con 8 presidentes. Se realizará en breve la segunda vuelta de una elección inicial que tuvo 34 postulantes. La ganadora fue Keiko Fujimori, hija del dictador fallecido, con 17% de los votos. La fragmentación inutiliza al sistema democrático.
Milei y “Toto” Caputo están en la Argentina dedicados a cuestiones más primarias. La inquietud sigue colocada sobre la inflación que constituye la viga maestra del respaldo que conserva el líder libertario. Tan metidos están con eso que demasiadas veces terminan enredados. El Presidente dijo hace un mes, a modo de rectificación, que el índice inflacionario empezaría con cero a mediados del año próximo. Al hablar en el Latam Economic Forum el ministro de Economía pronosticó para 2027 una inflación total del 20%. Derrumbó así las promesas del líder libertario.
El Gobierno ha vuelto a observar en las encuestas que el alza del costo de vida ocupa la cima de las preocupaciones populares. De acuerdo con un trabajo de la consultora OPINA suma un 46% junto a la desocupación. El 51% declara que en los próximos meses la inflación empeorará. Solo el 24% confía en que disminuirá. Otro tópico alarma: la corrupción, con el caso Adorni como emblema, acompaña a aquellos temores de la sociedad.
Tal percepción habría inducido al Gobierno a dejar por un tiempo la escuela austríaca para obrar con mayor prudencia y pragmatismo. Como lo hubieran hecho sus antecesores. Decidió, por caso, sostener los subsidios para el gas y la luz en los hogares de menores ingresos. También resolvió, después de un leve ajuste del 1%, congelar el precio de la nafta por otros 30 días. Sobrellevando desde el Estado la diferencia que marca el precio internacional del petróleo con motivo de la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Por idéntico motivo el líder libertario y “Toto” tampoco tendrán en cuenta por ahora consejos del Fondo Monetario Internacional (FMI). En especial aquel que sugirió poner en práctica el mecanismo de medición actualizada de la inflación que tiene postergada hace casi dos años y motivó la salida de Marco Lavagna del INDEC. La renuencia revela el celo extremo que el Gobierno deposita en el control de la inflación y el humor social. Con el registro dejado de lado el índice de marzo en vez de 3.4% hubiera dado 3.65%. El 2.6% de abril celebrado por haber quebrado diez meses de suba habría resultado en verdad 3%.
El Gobierno, en cambio, viene atendiendo otra antigua recomendación del organismo financiero internacional. La acumulación de reservas ante la llegada del año electoral que podría desatar, por la incertidumbre, una fuerte demanda social. En tiempos de aparente estabilidad la acumulación de dólares por parte de los argentinos tiene una base mensual en promedio de U$S1700 millones.
Los hermanos del poder aspiran ahora a tabicar cualquier evaporación de su capital político. De allí la coreografía de unidad que expuso Milei el 25 de mayo para disimular las guerras internas libertarias. También explican las maniobras de Karina después que en la Casa Rosada se recibió una nota del titular de la FIFA, Gianni Infantino, preguntando sobre el conflicto desatado con Claudio Tapia, el titular de la AFA. El comienzo del Mundial de Fútbol despunta en el horizonte.
La Secretaria General fue expeditiva. Por algo encumbró a Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia. Repuso en la Comisión de Acuerdos del Senado los pliegos Juan Galván Greenway y Alejandro Catania para la Cámara de Apelaciones del Fuero Penal Económico. Habían sido retirados por consejo de Santiago Caputo a raíz de la presunta cercanía de ambos con Tapia.
La hermanísima fue por más. Retiró el pliego de María Michelli como jueza del Tribunal Oral Criminal 3 de La Plata pese a que ya contaba con las nueve firmas de la Comisión de Acuerdo para su aprobación. A la magistrada le descubrieron un problema familiar: es cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, de La Nación, uno de los que se ha dedicado a investigar el caso $LIBRA, que involucra a los hermanos del poder. También las oscuridades patrimoniales de Adorni.
El kirchnerismo hizo por décadas escuela sobre la necesidad del control estratégico de la corporación judicial. Los Milei asoman como eximios diplomados.
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