
Un comunicado motorizado por el gobierno de Donald Trump para respaldar a Panamá, que por su posición geoestratégica está en el centro de la feroz competencia global entre los Estados Unidos y China, dejó a la administración de Javier Milei en una singular posición. Incómoda y a merced de distintas versiones, según pudo saber Clarín de muy altas fuentes nacionales y extranjeras.
Así, por primera vez en dos años, el gobierno de Milei esquivó acompañar un duro texto de Washington, que en q realidad se presenta como un comunicado conjunto de varios países y que directamente acusó a la República Popular China de “socavar soberanía” de un país en la región. El documento, en cambio, fue acompañado por dos amigos de la administración libertaria, Santiago Peña, de Paraguay, y Rodrigo Paz, de Bolivia, y el mismo Mulino, de Panamá.
Dice así: “Nosotros, las naciones de Bolivia, Costa Rica, Guyana, Paraguay, Trinidad y Tobago, y los Estados Unidos, unidos en nuestra misión compartida de asegurar nuestro hemisferio, reafirmamos que la libertad de nuestra región no es negociable. Estamos monitoreando con vigilancia la presión económica específica de China y las recientes acciones que han afectado a los buques con bandera de Panamá. Estas acciones, tras la decisión de la Corte Suprema independiente de Panamá con respecto a las terminales de Balboa y Cristóbal, son un intento flagrante de politizar el comercio marítimo e infringir la soberanía de las naciones de nuestro hemisferio.”

Después, dice el texto: “Panamá es un pilar de nuestro sistema de comercio marítimo y, como tal, debe permanecer libre de cualquier presión externa indebida. Cualquier intento de socavar la soberanía de Panamá es una amenaza para todos nosotros.” Y concluyó: “Nos solidarizamos con Panamá. A través de nuestro renovado compromiso con la paz, la seguridad y la cooperación hemisférica, seguimos dedicados a enfrentar todas las amenazas para garantizar que las Américas sigan siendo una región de libertad, seguridad y prosperidad.”
El comunicado fue elaborado luego de que Panamá quedara en el medio de la disputa entre Estados Unidos y China por el control de los puertos del Canal. Se le anuló una concesión a una empresa de Hong Kong y tomar el control, el conflicto pasó a arbitraje internacional.
El gobierno de Xi Jinping bajó el tono en público, pero en el gobierno de Mulino afirman que aumentaron las inspecciones a los buques con banderas panameñas en los puertos chinos, en señal de presión.
Sobre la forma en que el gobierno de Milei esquivó quedar involucrado en una guerra geoestrategica que tiene a mal traer a Panamá -el más presionado en la disputa- no hubo declaraciones. Más bien buscan mantener en secreto la magra negociación diplomática para la confección de ese texto. Este diario sabe, por muy altas fuentes latinoamericanas, en condiciones de anonimato que, “a través de la embajada argentina en Washington, es decir a traves del empresario y embajador Alec Oxenford, el gobierno argentino fue convocado a la firma de la declaración conjunta. Y que como corresponde, dicha sede envió el texto a la Cancillería argentina, que nunca contestó”.
La otra versión es que ese comunicado se negoció también a través del embajador de Trump en Buenos Aires, Peter Lamelas, y que tampoco prosperó. Clarín intenta saber a través de la Embajada, y a través del ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, si ese texto llegó a través del diplomático Juan Manuel Navarro -que sin haber sido oficializado por Presidencia- lo obligan a ejercer casi cuatro funciones de áreas clave que han ido desapareciendo, o llegó directo al canciller Quirno, que pudo haber contestado que no se firmaba, o dejó pasar los días según dijeron a este diario otras fuentes latinoamericanas.
Tampoco se sabe si hubo consultas a la presidencia argentina sobre qué hacer o al ministro de Economía, Luis Caputo, -ex jefe de Quirno- y quien tiene como misión lograr una nueva renovación parcial del swap con China para este año, el intercambio de monedas que nutre las arcas del Banco Central.
Lo cierto, es que siendo Donald Trump y Benjamín Netanyahu, de Israel, son los principales aliados de Javier Milei, quien sin embargo, lleva con cuidado extremo su relación con China.
Por necesidad o por pragmatismo, y en virtud d de las necesidades argentinas y de la presencia china comercial en la Argentina, el Presidente evita pronunciarse sobre la potencia asiática y sobre su jefe de Estado en los mismos términos en que lo hizo durante su campaña presidencial. Aunque ha sido excluida de inversiones clave en materia militar, portuaria y logística, China tiene en la Argentina inversiones por más de 23.000 millones de dólares -en infraestructura, minería y energía- y va renovando parcialmente el swap que tiene un valor global por 18.000 millones de dólares.
Aún así, el gobierno chino está muy vigilante de la embestida de Estados Unidos en Argentina y Latinoamérica. Suelen responder con fuertes comunicados y pedidos de reuniones a cada una de las declaraciones que consideran rechazar. Incluso, recientemente le contestaron duramente al embajador Peter Lamelas. Ya lo habían hecho en el pasado, cuando el representante de Trump sugirió como corruptas sus practicas en las provincias argentinas ante el Congreso de los Estados Unidos. Y ahora le respondieron a los dichos ante El Tribuno, de Salta, donde manifestó estar “preocupados porque, cuando tratas con ellos, tratas con el gobierno chino, no con una industria privada. Es un sistema controlado por un gobierno comunista, que usa ese control para manejar la información y a la gente”.
En la semana, los únicos gestos públicos que hubo fueron, la visita al portaaviones Nimitz de Milei, su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia, los ministros Quirno, Carlos Presti y Alejandra Monteoliva. En la oportunidad, y junto a ellos estaba Lamelas. “El USS Nimitz representa la cumbre de la ingeniería naval estadounidense, y hoy sirve como una plataforma para mostrar la férrea asociación entre Estados Unidos y Argentina. La presencia del presidente Milei nos recuerda que estamos en una nueva era de relación bilateral, avanzando más allá de la mera cooperación hacia una alineación estratégica profunda, capaz de enfrentar de lleno los desafíos del siglo XXI”, dijo el embajador.
Desde Londres en tanto, las crónicas de la prensa británica daban cuenta de declaraciones exclusivas del secretario de Estado, Marco Rubio, en la que desestimaba una filtración del Pentágono en la que supuestamente Trump iba a cambiar la posición de los Estados Unidos sobre Malvinas en represalia por la falta de apoyo de Keir Starmer en su guerra contra Irán. “Es sólo un email”, respondió.
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