
A contramano de las “sociedades sin humanos” que promueve el presidente Javier Milei, la cumbre se desarrolló entre el 15 y el 17 de junio en Évian-les-Bains y reunió a los líderes de Estados Unidos, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido y Japón. También participaron mandatarios invitados de otros países y referentes de las principales empresas tecnológicas.
Entre los invitados estuvieron el ceo de OpenAI, Sam Altman; el director ejecutivo de Google DeepMind, Demis Hassabis; y el ceo de Anthropic, Dario Amodei. También asistieron representantes de compañías como Mistral AI, Meta, Cohere, Black Forest Labs, Domyn, Sakana AI, Sarvam AI y Synthesia.
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Allí hubo, además de bloopers -comoTrump no pudiendo comandar la silla en la que estaba sentado- declaraciones jugosas. Entre ellas, el posicionamiento de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “Creo que Europa y EE.UU. deberían trabajar juntos en IA. Juntos, representamos el 70% del mercado mundial. Tenemos fortalezas complementarias, intereses de seguridad compartidos y una responsabilidad común de liderar. Por eso, deberíamos profundizar nuestra cooperación. Invertir juntos”, planteó.
También las declaraciones de la conferencia de prensa final de la mano de Emmanuel Macron quien, además de elogiar las virtudes de la IA, remarcó que “nadie, ni los líderes ni los responsables económicos, puede ignorar el impacto sobre nuestras democracias, nuestras sociedades, y por eso se impone la necesidad de una regulación”.
Pablo Vannini, socio fundador de Gcoop y docente de la Universidad Nacional de José C. Paz, explicó a Letra P de qué se habla cuando se menciona la soberanía tecnológica. “No nos referimos a hacer todo desde cero, sino a construir un marco general que permita desarrollar tecnología y también intervenir ante prácticas tecnológicas y comerciales de las empresas que prestan servicios”, afirmó, en referencia a uno de los principales debates que atravesó la cumbre del G7 junto con las capacidades estatales.
“Argentina tiene un rol en la división internacional del trabajo tecnológico que, con la aparición de la inteligencia artificial y los cambios que atraviesa la industria, corre riesgo de transformarse”, indicó.
El “apagón” de Anthropic: ¿seguridad o soberanía?
El viernes pasado los directivos de Anthropic recibieron una comunicación de la Casa Blanca avisándoles que tenían menos de 90 minutos para desactivar sus modelos de IA más recientes.
Como si fuera Misión Imposible, la cuenta regresiva corría mientras las directivas cambiaban. Según informó The New York Times, primero les dijeron que el problema de seguridad radicaba en la capacidad de las empresas extranjeras para acceder a los sistemas; después, que directamente se había descubierto una vulnerabilidad importante en los modelos.
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G7 2026: la inteligencia artificial se sentó con los líderes mundiales y abrió una nueva disputa
Finalmente, el comunicado oficial de la startup creadora de Claude se definió por decir que el modelo Fable 5 era “demasiado potente” y le tiró la pelota a Trump: “Según tenemos entendido, el gobierno cree haber descubierto un método para eludir o ‘desbloquear’ Fable 5″, dijo la compañía.
Diversos medios estadounidenses señalan que la Casa Blanca y el Departamento de Comercio invocaron riesgos de filtración de capacidades hacia China y otros países, y la posibilidad de nuevos métodos de jailbreak que eludirían las salvaguardas de seguridad de los modelos.
La consecuencia inmediata fue contundente. Ante la imposibilidad de restringir selectivamente el acceso, la firma optó por desactivar por completo determinadas capacidades avanzadas.
El “kill switch” que reforzó el debate
Para buena parte de los gobiernos europeos, el episodio volvió a poner en primer plano la discusión sobre la soberanía tecnológica. La Unión Europea, que obtuvo acceso a Mythos a principios de junio tras semanas de negociaciones, sostuvo que el caso evidenció la necesidad de reducir su dependencia de proveedores extranjeros.
La Comisión Europea, que presentó este mes un paquete de medidas para fortalecer capacidades propias en sectores estratégicos, calificó la situación como “una nueva ilustración de por qué Europa necesita reforzar su soberanía tecnológica”. Además, insistió en la importancia de desarrollar alternativas propias en infraestructura, servicios en la nube y modelos fundacionales de inteligencia artificial.
Otros integrantes del G7 también manifestaron preocupaciones similares. Canadá, por ejemplo, advirtió en los últimos meses sobre los riesgos de concentrar funciones estratégicas del Estado y la economía en un reducido grupo de plataformas estadounidenses.
Macron, por su parte, consideró “positivo” que las autoridades estadounidenses reconocieran los riesgos asociados a los modelos más avanzados de inteligencia artificial, aunque cuestionó el alcance de la medida. También calificó la decisión como una reacción “en cierto modo, puramente nacionalista”, según consignó Associated Press, y volvió a reclamar mecanismos de cooperación internacional.
El único acuerdo: la protección de las infancias
Más allá de las diferencias geopolíticas, el principal consenso de la reunión estuvo vinculado con la protección de menores.
En una declaración conjunta, respaldada además por Brasil, Corea del Sur, Egipto, India y Kenia, los líderes del G7 reclamaron a las plataformas digitales y a los servicios impulsados por inteligencia artificial que garanticen experiencias seguras y adecuadas para cada edad.
El documento incluyó medidas para fortalecer los sistemas de verificación etaria, ampliar las herramientas de control parental y avanzar en la detección y eliminación de contenidos manipulados, entre ellos los deepfakes de carácter sexual.
La coincidencia contrastó con las diferencias que persistieron respecto de la regulación del sector. Mientras Europa impulsó mayores niveles de supervisión, Estados Unidos mantuvo su rechazo a normas que, según su postura, podrían afectar la innovación tecnológica.
La cumbre concluyó en Versalles, donde Macron recibió a Trump en una cena organizada con motivo del 250° aniversario de la independencia estadounidense. El encuentro se desarrolló en el Palacio de Versalles y buscó exhibir la vigencia de la relación franco-estadounidense. Entre protocolos, discursos, brindis y mucho oro, las tensiones por los impuestos digitales y el control de la inteligencia artificial quedaron, al menos por una noche, fuera de escena.
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fuente: inteligencia artificial y soberanía tecnológica, a contramano …”> GOOGLE NEWS



