
Durante años, el debate sobre la inteligencia artificial estuvo dominado por una pregunta inquietante: ¿cuántos empleos desaparecerán? Para Andrés Pallaro, sin embargo, esa discusión empieza a quedar vieja. El verdadero desafío no consiste en competir contra la tecnología, sino en comprender cómo trabajar junto a ella y desarrollar aquellas capacidades que seguirán siendo exclusivamente humanas.
Ese será el eje de la conferencia «Talento en transformación: capital humano, nuevas habilidades y relaciones laborales para la industria del futuro», que el director del Observatorio del Futuro de la Universidad Siglo 21 ofrecerá en el marco de la muestra industrial «En el Centro de Todo», el encuentro que reunirá del 14 al 16 de octubre en Rafaela a empresarios, especialistas y referentes de todo el país para debatir los principales desafíos que enfrenta la producción argentina.
Una transformación que ya está en marcha
Para Pallaro, el mundo atraviesa una de las mayores transformaciones de las últimas décadas y resulta un error interpretarla únicamente como un avance tecnológico.

«No estamos frente a un simple cambio tecnológico; estamos frente a una redefinición de cómo aprendemos, trabajamos y generamos valor», explicó.
Según sostuvo, la inteligencia artificial, la automatización y las tecnologías digitales están modificando tareas, procesos y profesiones a una velocidad inédita. Frente a ese escenario, el principal desafío pasa por preparar a las personas y a las organizaciones para desenvolverse en un contexto donde el cambio dejará de ser una excepción para convertirse en una condición permanente.
En ese sentido, considera que la pregunta correcta ya no es qué empleos desaparecerán, sino cuáles serán las capacidades que distinguirán a quienes logren aportar valor en los próximos años.
Lo que seguirá siendo profundamente humano
Pallaro entiende que el diferencial competitivo de las personas estará cada vez menos asociado a tareas repetitivas y cada vez más vinculado con habilidades difíciles de automatizar.
«La tecnología puede automatizar tareas, pero sigue necesitando criterio humano para darle dirección y sentido», afirmó.
La creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad para interpretar contextos, formular buenas preguntas, conectar conocimientos, liderar equipos y resolver problemas complejos aparecen, según su análisis, entre las competencias que adquirirán mayor importancia.
Incluso plantea un cambio de paradigma respecto de la formación profesional.
«El futuro probablemente premie a quienes puedan conectar mundos diferentes más que a quienes conozcan profundamente un único tema», señaló, al destacar el creciente valor de los perfiles capaces de integrar saberes diversos y adaptarse con rapidez a escenarios cambiantes.
Empresas que aprenden, empresas que lideran
La transformación también alcanza a las organizaciones. Para Pallaro, incorporar nuevas tecnologías no consiste únicamente en adquirir software o automatizar procesos.
«También implica transformar culturas organizacionales, modelos de liderazgo y formas de aprender», explicó.
Desde esa perspectiva, considera que las empresas más competitivas serán aquellas capaces de generar entornos donde sus equipos desarrollen nuevas capacidades de manera permanente.
Por eso asigna un papel central a la formación continua y sostiene que la idea de estudiar una vez para toda la vida pertenece definitivamente al pasado.
A su juicio, el aprendizaje permanente será una condición indispensable para sostener tanto la empleabilidad de las personas como la competitividad de las empresas. Ese proceso, además, exigirá una articulación mucho más estrecha entre el sistema educativo, el sector productivo y el Estado.
Tecnología y talento, una alianza para competir
Consultado sobre el vínculo entre inteligencia artificial y trabajo, Pallaro rechaza la idea de una competencia entre personas y máquinas.
Por el contrario, sostiene que las organizaciones más exitosas serán aquellas que logren combinar inteligentemente las capacidades tecnológicas con atributos exclusivamente humanos como la empatía, la creatividad, el juicio, la ética y la construcción de confianza.
En ese marco, valoró especialmente que este debate forme parte de una muestra industrial.
«Muchas veces hablamos de inversiones, infraestructura o innovación, pero detrás de todo eso siempre hay personas capaces de imaginar, liderar y ejecutar transformaciones», reflexionó.
Para el especialista, la competitividad del futuro dependerá tanto del desarrollo tecnológico como de la capacidad para formar talento preparado para convivir con esos cambios.
Su mensaje final resume esa mirada.
«El talento seguirá siendo el principal motor del desarrollo. Las tecnologías cambiarán. Los modelos de negocio cambiarán. Las profesiones cambiarán. Pero la capacidad de aprender, adaptarse y crear seguirá siendo el activo más valioso de cualquier organización y de cualquier sociedad», concluyó.
Una definición que se alinea con el propósito de «En el Centro de Todo»: impulsar desde Rafaela una conversación estratégica sobre los factores que determinarán la competitividad de la industria argentina en los próximos años, donde la innovación tecnológica y el desarrollo del capital humano aparecen como dos dimensiones inseparables.
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