
El hecho crucial de este momento histórico es que la economía norteamericana, la primera y más innovadora del mundo (US$ 28 billones/26% del PBI global), ha experimentado un crecimiento de 5,4% en los últimos 3 meses de 2025, como culminación de una secuencia compuesta de los siguientes pasos: se contrajo 0,5% en el primer trimestre, subió 3,2% en el segundo, trepó otro 4,3% en el tercero y alcanzó una asombrosa expansión de 5,4% en el 4° trimestre.
Esto hace que el producto bruto norteamericano treparía a US$ 30 billones en los próximos 2 años y alcanzaría a US$ 35 billones en 2035; y la economía estadounidense no sólo habría ingresado en un circulo virtuoso de elevadas inversiones, caída de la inflación y drástica disminución del déficit comercial, sino que habría experimentado un auténtico salto cualitativo que modifica su naturaleza como sistema productivo y sociedad.
Esto es el resultado de un conjunto de factores que hizo que el déficit comercial se redujera 30% en este período, con importaciones que treparon 28% y ventas externas que se expandieron 20%, lo que contribuyó con 1,8% al auge del producto.
A esto hay que sumarle que la inflación se redujo a 1,6% anual, lo que hizo que el déficit fiscal se redujera más de 30%; y que como consecuencia disminuyera la necesidad de elevar la deuda pública (que alcanzó a US$ 38 billones al finalizar 2025).
De esta combinación de factores surge un crecimiento previsible de 4% anual en la próxima década o más que, combinada con una caída sistemática del nivel de inflación, hace que el déficit fiscal prácticamente desaparezca en los próximos 3 o 4 años.
La economía estadounidense recibió inversiones por más de US$ 18 billones en los primeros 11 meses de 2025, el nivel más elevado de su historia en relación al producto. De ese total la mitad provino del exterior (ante todo de los 3 principales países del Golfo, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Qatar) y la otra mitad se manifestó en el extraordinario boom accionario de Wall Street en los últimos tres trimestres del año pasado.
Por eso es que la tasa de inversión trepó 9% en 2025. El gasto en Inteligencia artificial (IA) y su infraestructura, considerada como factor individual, contribuyó en 1,6% del total en el auge del producto, por encima del consumo individual, una novedad histórica.
Esto significa que la IA ha adquirido en EE.UU no sólo un carácter cuantitativo sino fundamentalmente cualitativo. Por eso, lo que ha ocurrido en la civilización norteamericana en el último año es un punto de inflexión histórica, una divisoria de aguas de la economía mundial, sólo comparable por su magnitud y profundidad al impacto que tuvo la Primera Revolución Industrial (1780/1840).
La Primera Revolución Industrial tuvo desde su origen y vocacionalmente una visión global, pero sólo se presentó como un virtual monopolio en manos de Gran Bretaña en los años posteriores a la derrota de Napoleón en Waterloo en 1815 hasta el fin de la Guerra Civil Norteamericana de 1861/1865.
Este virtual monopolio le otorgó al Reino Unido una indiscutible hegemonía mundial a lo largo de casi 40 años. El dominio pleno que tuvo de la primera fase del capitalismo industrial fue la que le otorgó la primacía en el mundo. Algo semejante ocurre hoy con EE.UU. y la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial.
Esto es lo que comprueba el informe del Consejo de Asesores Económicos del presidente estadounidense Donald Trump sobre la “Gran divergencia y la Inteligencia artificial” (Artificial Intelligence and great divergence) publicada en enero de 2026.
De ahí que EE.UU. haya recibido más de US$ 470.000 millones de inversiones en IA entre 2013 y 2024; y es por eso que la economía norteamericana y sus socios en la cadenas globales de producción IA (Pax Silica) crezcan ahora más del doble (2,5% anual) que el resto de los países del sistema global, ajenos en lo esencial a la revolución tecnológica de la IA.
Por su parte la inversión en infraestructura IA aumentó en EE.UU 26% en la primera mitad de 2025, mientras que se había expandido 5% en 2024, lo que significa que ha crecido más de US$ 125.000 millones en un solo año.
Lo estratégicamente decisivo de esta fenomenal masa de inversiones es que casi la totalidad del gasto en el sector de punta de la inteligencia artificial que es la IA generativa se concentra prácticamente en EE.UU., que recibió más de US$ 94.000 millones del sector privado en 2025.
El resultado es que en este momento EE.UU. dispone de 74% del total mundial de capacidad computacional; y esta tendencia de fondo tiende a crecer y a duplicarse en los próximos 10 años.
Por eso es que hay una profunda y creciente “divergencia” en el mundo de hoy entre la inteligencia artificial en EE.UU. y sus aliados de la Pax Silica y el resto de los países del sistema global, cada vez más retrasados.
Lo que está haciendo Trump ahora es incentivar esta tendencia de fondo basado en la visión “súper-optimista” de la IA elaborada por sus aliados de Silicon Valley y afirmar rotundamente que el futuro que se despliega a la vista es un universo inagotable de oportunidades. Por eso coloca en un segundo lugar la preocupación por los “riesgos” que estima propia de las civilizaciones agotadas.
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