
El deporte, en su estado más puro, suele construirse a base de momentos mágicos y de crudas dosis de realidad. Para Thiago Tirante, el Masters 1000 de Cincinnati representó el escenario de una de las semanas más emotivas y trascendentales de toda su vida profesional. Sin embargo, la ilusión de seguir escalando en el cemento estadounidense se topó en los cuartos de final con un escollo insalvable: el francés Arthur Fils.
La semana que cambió la carrera del platense
A sus 25 años y ubicado en el puesto 50 del escalafón mundial, el tenista de La Plata pisaba por primera vez en su carrera la instancia de los cuartos de final en un torneo de esta categoría. Lo hacía con el pecho inflado y con la confianza por las nubes, tras haber completado un trayecto de ensueño en el que dejó en el camino a figuras de la talla de Novak Djokovic, el checo Jakub Menšík y la joven promesa española Martín Landaluce.
En aquella histórica victoria ante “Nole”, Tirante había deslumbrado al mundo entero ejecutando un misil de derecha a 193 kilómetros por hora, dejando en claro que tiene una auténtica flecha en su mano derecha. Sin embargo, el desafío de revalidar semejante nivel ante los mejores exige una constancia mental y física absoluta.
El muro táctico de Fils y un error de aprendizaje
Arthur Fils, de gran presente en el circuito tras coronarse campeón en el ATP 500 de Barcelona y ser finalista en Doha, saltó a la pista con un plan de juego sumamente agresivo y sin fisuras. El francés logró desactivar la principal arma del argentino: su golpe de derecha (drive). Presionándolo de manera constante, Fils obligó a Tirante a jugar incómodo y a sostener los peloteos desde el sector del revés, donde el platense aún busca consolidar su solidez.
El partido se mantuvo equilibrado durante los primeros compases, pero el octavo juego del primer set se convirtió en el punto de inflexión definitivo. Con Tirante al saque (3-4 y 30-30), una inoportuna doble falta —de esos fallos que a este nivel se cobran de inmediato— seguida de un error no forzado de revés inclinaron la balanza a favor del galo. Fils no titubeó y cerró el primer parcial por 6-3 en apenas 29 minutos, habiendo cedido solo cinco puntos con su servicio.
En la segunda manga, el golpe psicológico se hizo sentir. Fils, pleno de confianza y mostrando una potencia implacable desde el fondo de la pista, rompió el saque del argentino en tres ocasiones para sentenciar el encuentro con un contundente 6-1 en un total de 64 minutos de juego.
La caída que impulsa el futuro
A pesar de la lógica amargura por la derrota, el balance para Thiago Tirante es sumamente luminoso. Este rendimiento consagratorio en Cincinnati se suma a los octavos de final que ya había alcanzado previamente en Montreal. Gracias a esta seguidilla de grandes actuaciones, el tenista argentino estrenará el lunes la posición número 41 del mundo, el mejor ranking de toda su trayectoria histórica.
Tirante se marcha de Cincinnati con las manos vacías en el marcador del día, pero con la certeza de que su tenis y su nombre ya empiezan a ganarse un espacio de verdadero respeto en la elite del circuito internacional. El sueño se detuvo por hoy, pero el camino recién empieza.
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