
Por Melina Laseca
Fotografía: Gentileza autoras.
La ilustración y el diseño son dos de los sectores más afectados por la irrupción de la Inteligencia Artificial. La nueva tecnología alteró presupuestos, puestos de trabajo y sentidos artísticos. La tensión entre la gratuidad estándar y el valor creativo. Los derechos de autor y el debate ético.
La ilustración original de María Verónica Ramirez (izq) y la replica realizada por una IA (der).
Según el informe Global AI Diffusion: Q1 2026 Trends and Insights publicado por Microsoft, el 21,9% de los argentinos en edad laboral ya usa herramientas de inteligencia artificial generativa para sus tareas diarias. Esta cifra marca una suba frente a registros de años anteriores: en la primera mitad de 2025, el uso era del 17,8%, y en la segunda mitad del año pasado, llegó al 19,6%.
Lo que en muchos casos es recibido como un avance tecnológico innovador, para los profesionales del mundo artístico representa una nueva forma de plagio, entrenada a base de prompts y materiales ajenos. Pero, ¿qué es la IA generativa? Esteban Magnani, escritor, periodista y editor de ANCCOM, explica que “va un paso más allá de lo que entendemos por inteligencia artificial: no sólo organiza y encuentra patrones entre muchos datos, sino que puede reorganizar esos datos para productos que, entre muchas comillas, son nuevos”.
Hace poco menos de un año, la ilustradora María Verónica Ramírez, creadora de la entrañable Monstriña, señaló que una obra suya realizada en apoyo al Hospital Garrahan fue replicada casi exactamente por una IA y circuló en redes, sin reconocer su autoría original. En diálogo con el diario La Nación, Ramírez expresó: “En esa ilustración yo había dibujado a un médico invisible, como metáfora de lo que está pasando con los médicos del Garrahan y el sistema de salud. En la copia generada con IA, ese cuerpo fue rellenado”. Esta situación expuso una preocupación que une a los artistas: el borramiento de la propiedad intelectual y el proceso creativo de los autores.
Si bien en países como Estados Unidos y Reino Unido ya existen demandas en este terreno, en buena parte del mundo persiste el vacío legal: aún no se establecieron regulaciones claras que delimiten qué se considera una obra original y cuál fue realizada por una inteligencia artificial. La discusión ya no solo gira en torno al potencial de las IA, sino también de sus límites éticos, sus consecuencias legales y la amenaza concreta que implican para quienes viven de su arte.
Juliana Zabala, @xjulianaz
Juliana Zabala (@xjulianaz) es licenciada en Comunicación de la UBA y comenzó a tomar trabajos de ilustración en 2019, mientras realizaba el CBC. Si bien reconoce que la IA puede ser útil ocasionalmente para tareas administrativas como contestar mails, gestionar intercambios con clientes difíciles o calcular costos, sostiene que, en cuanto a lo creativo, tiene una estética muy particular, que es fácil de detectar aún para quien no sabe de diseño. A su vez, argumenta que “eso termina funcionando como un demarcador de calidad que puede afectar negativamente a la percepción de marca. Esto repercute positivamente en el trabajo humano: termina viéndose más exclusivo”.
Al hablar sobre los aspectos del trabajo de un ilustrador que la IA todavía no puede sustituir, Zabala afirma que no cree que sea una amenaza, porque “el trabajo artístico debe ser fundamentalmente humano y, por ende, no es reemplazable por una máquina. Lo que nos convoca o conmueve del arte es que lleva parte de quien lo hizo. Una IA jamás puede replicar eso. Las ilustraciones hechas con IA son frías, homogéneas, chatas. Pueden estar técnicamente bien, pero son todas iguales una a la otra y es muy notorio”.
Zabala refiere al caso de un influencer artista con millones de seguidores que vendía diseños como propios, cuando en realidad eran robados de otro ilustrador y simplemente modificados con una IA. Ante esta realidad, defiende que “la IA se maneja sobre un internet que ya venía con problemas basales en regulación, robo de arte, reutilización de imágenes y simplemente los empeora y los hace menos trackeables. En el campo de la ilustración o diseño, estaría buenísimo que se respete el derecho de autor, pero es imposible que suceda esto con la IA, ya que es inherente a su funcionamiento: debe sacar información de algún lado para seguir creando y generando. El desafío más grande está en seguir apostando a lo humano y no dejarse llevar por la corriente de la IA”.
Gabu Menichetti @filigranadeideas
Ilustradora freelance desde hace 15 años, Gabu (@filigranadeideas) ha publicado libros infantiles, ha colaborado con marcas como HBO, Twistos y Paulina Cocina, y tiene su propia tienda online donde vende sus diseños. Frente al avance de la IA generativa, expresa: “Me persigo mucho con hacer algo y que sin darme cuenta parezca hecho por IA. Mis dibujos son muy simples y no parecen IA en sí, pero ciertas tipografías o colores son muy propios de eso y, aunque no quiero que me robe el uso de colores, sí intento evitar algunas paletas y más que nunca priorizo las tipografías propias, a mano alzada”.
Gabu remarca que la IA puede acompañar, dado que, por ejemplo, puede ayudar con perspectivas o cómo dibujar algo desde cierto punto de vista. “Ahora bien, pedirle ideas es más complejo porque recopila ideas ajenas y si bien nos inspiramos en todo, todo el tiempo, siento que este es un atajo injusto, porque nunca sabés cuánto detalle está robando”. La ilustradora coincide con que la IA no puede, ni teniendo toda la información al alcance, dar a las ilustraciones el toque personal que necesitan, siendo que “si bien copia por ejemplo a Studio Ghibli, todo lo que ‘crea’ tiene el mismo estilo artificial, los mismos colores. Tampoco puede imitar la emocionalidad del arte”.
Mientras algunas asociaciones profesionales consideran a la IA una tecnología ‘parasitaria’, construida a partir del uso masivo de obras protegidas por derechos de autor, sin consentimiento ni compensación económica para sus creadores, para Gabu el desafío concreto es “hacer que la gente quiera pagar por algo que cree que puede hacer gratis. Para la mayoría lo que hace la IA es lindo y al ser gratis no ven por qué contratar a alguien”.
Viviana Maidanik (@vivimaidanik) es ilustradora, diseñadora gráfica y autora. Desde 2016 trabaja como en proyectos editoriales, portadas de libros, etiquetas de vino, campañas publicitarias, productos y textiles, y desde 2017 es docente de talleres de dibujo, ilustración y escritura. En 2022 coprodujo y condujo Pensar en Color, un podcast de 10 episodios sobre ilustración que reúne la voz de 16 profesionales.
Viviana Maidanik, @vivimaidanik
Como ilustradora, admite que su práctica creativa no se vio modificada por el avance de la IA: “Mi proceso a la hora de buscar referencias, bocetar, pensar imágenes y relatos visuales, una paleta de color, etc., es muy analógico, lúdico y sensible”. Sin embargo, afirma utilizarla para pensar estrategias de comunicación y organización del trabajo con los clientes, plazos de trabajo y entregas, cálculo de presupuestos en diferentes mercados, revisión de contratos, por lo que argumenta que es una herramienta complementaria al trabajo creativo, en tanto optimiza las partes del trabajo que son más rutinarias, lo que deja tiempo disponible para el proceso de creación. “Las uso para acelerar las partes de mi trabajo que me sacan tiempo de lo que realmente disfruto hacer”, puntualiza.
La otra cara de la moneda es la disminución en la cantidad de trabajo en los últimos años y productos que salen al mercado con errores y con calidad cuestionable: “Muchos de los clientes y proyectos que están usando IA para reemplazar el trabajo creativo y artístico de diseñadores e ilustradores, son los que igualmente no ponderaban el trabajo humano y ofrecían condiciones de trabajo poco deseables. Pero no deja de convertirlo en una amenaza para quienes contaban con ese tipo de trabajos para algo tan básico como llegar a fin de mes. Entonces, la amenaza es doble: en lo concreto, todo nuestro esfuerzo y recorrido fue masticado, digerido y vomitado en segundos, y en lo emocional, para qué seguir creando si nuestra búsqueda y nuestra experiencia ya no sirve para nada”, reflexiona Maidanik.
El factor humano del arte es irremplazable: “Es corazón, sentimiento, experiencia presencial, conexión y calidez humana, tener una reunión cara a cara con un cliente para entender lo que realmente quiere transmitir, la sorpresa de lo inesperado que puede surgir de un error, el humor, la empatía real, la evocación de un recuerdo, la posibilidad de maravillarse y emocionarse porque eso que estás viendo lo hizo otro humano”, añade Maidanik.
El reto para el sector es, por un lado, impulsar la implementación de políticas públicas que regulen el desarrollo y uso de la IA generativa para proteger los puestos de trabajo vinculados al diseño. Por el otro, los ilustradores deberán luchar por la preservación del sentido de una profesión que encuentra su valor real no sólo en el resultado final, sino también en el proceso creativo que le es intrínseco.
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