El crimen de Road Hill House: el asesinato de un niño en una mansión victoriana que obsesionó a Inglaterra durante años

En la madrugada del 30 de junio de 1860, alguien entró a la habitación donde dormía Francis Saville Kent, un nene de tres años, lo levantó de la cuna sin despertar a nadie y salió de la casa con él envuelto en una manta. Horas después encontraron el cuerpo dentro de la letrina exterior de los sirvientes, con la garganta cortada casi hasta la decapitación.

Road Hill House seguía cerrada desde adentro. Las puertas tenían llave, no había señales claras de entrada forzada y nadie dentro de la casa dijo haber escuchado movimientos extraños durante la noche.

La propiedad estaba en Wiltshire, en plena campiña inglesa. Samuel Saville Kent, el padre de la familia, trabajaba como inspector de fábricas para el gobierno británico y tenía una rutina estricta alrededor de la seguridad de la casa. Todas las noches revisaba personalmente las ventanas, cerraduras y puertas antes de irse a dormir.

La familia Kent ocupaba una posición cómoda dentro de la clase media profesional victoriana. Había empleados domésticos, institutrices y una estructura familiar que, desde afuera, parecía ordenada. Pero la convivencia llevaba años atravesada por tensiones internas.

Samuel había estado casado primero con Marianne Windus, con quien tuvo diez hijos. Ella murió en 1852 después de atravesar problemas físicos y psicológicos prolongados. Poco tiempo después, Samuel se casó con Mary Drew Pratt, la institutriz de los chicos.

Ilustración de la mansión Road Hill. Foto: Harvard University

El vínculo entre Samuel y Mary generó rumores incluso antes de la muerte de Marianne. Nunca se comprobó una relación previa, pero dentro de la familia el resentimiento quedó instalado durante años. Los hijos mayores crecieron viendo cómo la mujer que antes trabajaba para la casa pasaba a ocupar el lugar de su madre.

Constance Kent tenía 16 años cuando ocurrió el asesinato. Los testimonios de la época la describían como una chica inteligente, reservada y emocionalmente distante. Pasaba mucho tiempo sola y mantenía una relación particularmente tensa con Mary Drew.

Francis Saville Kent era hijo del segundo matrimonio de Samuel y Mary. Dentro de la casa era visto como el favorito del padre y como el centro de atención de la nueva familia.

La noche que convirtió a Road Hill House en una escena de crimen

La noche del 29 de junio transcurrió normalmente. La familia cenó, rezó y se fue a dormir mientras afuera seguía el clima húmedo después de varios días de lluvia.

Saville dormía en la guardería junto a Elizabeth Goff, la niñera, y otros dos niños pequeños. Durante la madrugada, alguien entró al cuarto, levantó al nene de la cuna y atravesó la casa sin despertar a ninguna de las personas que estaban ahí.

Retrato de Constance Kent en 1866. Foto: State Library of Victoria.

Elizabeth Goff despertó a la mañana siguiente y encontró la cuna vacía. Primero creyó que Mary Kent había llevado al chico a otra habitación durante la noche, algo que ocurría ocasionalmente. Minutos después quedó claro que nadie sabía dónde estaba Saville.

La búsqueda empezó inmediatamente dentro de la propiedad. Revisaron habitaciones, jardines y edificios exteriores hasta que dos hombres inspeccionaron la letrina de los sirvientes y encontraron el cuerpo del nene dentro del pozo, todavía envuelto en la manta de su cama.

La investigación inicial quedó en manos de la policía local. Las primeras sospechas se concentraron en empleados domésticos y en la posibilidad de un intruso. Elizabeth Goff fue interrogada extensamente y al rededor suyo empezaron a circular rumores de relaciones ocultas y conductas sospechosas que nunca pudieron probarse.

Con el caso creciendo en la prensa internacional, Scotland Yard decidió intervenir. El detective enviado fue Jonathan Whicher, uno de los investigadores más conocidos del país y uno de los primeros detectives profesionales en Inglaterra.

Detective Jonathan Whicher. Foto: Wikipedia.

Whicher revisó nuevamente la casa, reconstruyó movimientos y llegó rápidamente a una conclusión: el asesino conocía perfectamente la propiedad. La ausencia de señales de ingreso forzado, la facilidad para moverse dentro de la casa y el comportamiento tranquilo del perro apuntaban a alguien del entorno familiar.

La principal sospechosa pasó a ser Constance Kent

Uno de los elementos que más llamó la atención de Whicher fue la desaparición de un camisón perteneciente a Constance. Después del crimen, la ropa de la familia fue enviada a lavar, pero esa prenda nunca apareció. La lavandera aseguró haberla recibido originalmente.

También empezaron a revisarse episodios dentro de la familia. Años antes, Constance y su hermano William habían intentado escaparse juntos vestidos con ropa masculina para huir en barco. Fueron encontrados antes de irse y castigados severamente. Según testimonios de empleados domésticos, el resentimiento de Constance hacia Mary Drew se intensificó después de ese episodio.

Whicher interpretó que el asesinato podía estar relacionado con años de tensión familiar acumulada y acusó formalmente a Constance en julio de 1860.

Retrato de Constance Kent. Foto: Wikicommons.

La reacción pública fue inmediata. Gran parte de la prensa cuestionó la acusación y atacó duramente a Whicher por señalar a una adolescente de clase media alta. Para muchos sectores victorianos, una chica joven y “respetable” no encajaba en la figura de un asesino desalmado.

Como toda la evidencia era circunstancial, Constance fue liberada poco tiempo después. La reputación de Whicher quedó dañada y el caso pasó años sin resolución oficial.

Mientras tanto, la familia Kent se dispersó. Samuel abandonó Road Hill House, varios hijos fueron enviados a internados y Constance terminó viviendo en una institución religiosa anglicana en Brighton bajo la supervisión del reverendo Arthur Wagner.

En 1865, cinco años después del crimen, Constance confesó el asesinato frente a Wagner y luego repitió la declaración ante las autoridades. Según el relato actúo sola. Esperó a que todos estuvieran dormidos abrió una ventana para simular una intrusión y sacó a Saville de la guardería envuelto en su manta.

Después lo llevó a la letrina exterior y utilizó una navaja tomada del neceser de su padre para cortarle la garganta. Más tarde volvió a entrar a la casa, limpió el arma y regresó a su habitación.

La confesión resolvió el caso legalmente, aunque dejó varias dudas abiertas. Constance nunca explicó con claridad el motivo del asesinato; hablaba de resentimiento y deseos de venganza, pero sin desarrollar concretamente contra quién estaban dirigidos.

Tampoco desaparecieron las sospechas alrededor de William Kent. Algunos investigadores posteriores consideraron improbable que Constance hubiera actuado completamente sola y plantearon teorías sobre una posible participación de su hermano. Nunca pudo probarse.

Constance fue condenada a muerte, aunque la pena fue reducida rápidamente a cadena perpetua debido a su edad y a la confesión voluntaria.

El caso de Road Hill House terminó convirtiéndose en uno de los asesinatos más conocidos de la Inglaterra Victoriana.

Pasó veinte años presa antes de recuperar la libertad y emigrara Australia bajo otro nombre. Allí trabajó durante décadas como enfermera y matrona, manteniéndose alejada de la vida pública hasta su muerte en 1944.

El caso de Road Hill House terminó convirtiéndose en uno de los asesinatos más conocidos de la Inglaterra Victoriana y en una referencia importante para el desarrollo de la investigación detectivesca moderna.

fuente: CLARIN

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