
La inteligencia artificial dejó de ser solo una herramienta de innovación para convertirse en un factor estratégico para las grandes potencias. Estados Unidos y China compiten por liderar su desarrollo ante el impacto que puede tener sobre la economía, la seguridad y el escenario internacional de las próximas décadas. En esa disputa, los semiconductores adquirieron un valor central; su fabricación y acceso pueden determinar qué países tienen la capacidad para avanzar más rápido en una de las transformaciones tecnológicas más importantes del siglo.
En el centro de esa confrontación hay una pieza clave: el chip, un componente cuyo acceso se volvió estratégico para el desarrollo de IA. Es por eso que, Washington y Pekín buscan asegurar el suministro de los semiconductores más avanzados, a la vez que intentan reducir su dependencia de las capacidades controladas por el otro.
“Los chips determinan cuántos cálculos puede hacer una inteligencia artificial, con qué velocidad, cuánta electricidad consume y cuánto cuesta ponerla en funcionamiento. Estos componentes son necesarios tanto para entrenar los modelos como para ejecutarlos cada vez que un usuario realiza una consulta, genera una imagen o solicita un análisis”, comenzó explicando Elisandro Santos, especialista en inteligencia artificial, a Ámbito.
Sin embargo, el alcance de la IA va mucho más allá de sus aplicaciones cotidianas. Su desarrollo también tiene consecuencias económicas, estratégicas y militares, al punto de convertirse en una herramienta capaz de modificar el equilibrio entre las grandes potencias.
De esa manera, Tobías Belgrano, analista político internacional, destacó su potencial para automatizar sistemas de defensa, drones y sistemas de defensa antiaérea. “Hay toda una industria y una veta de la inteligencia artificial que está relacionada con la tecnología militar”, sostuvo.
Belgrano afirmó que el país que consiga desarrollar los agentes más avanzados y tenga mayor capacidad para incorporarlos a sus sistemas de defensa contará con una ventaja en el plano militar. Además, ratificó que el enfrentamiento entre EEUU y China también se convirtió en una cuestión de seguridad nacional: “Es una carrera armamentística entre quien tiene el modelo más inteligente para tener mejores sistemas de defensa”.
Para trasladar esos avances al terreno concreto, el hardware ocupa un lugar determinante. “Los microchips y los semiconductores son el hardware necesario para que la inteligencia artificial se pueda desarrollar”, precisó Belgrano. Desde su perspectiva y, como mencionó antes, quienes controlen los componentes más sofisticados tendrán una ventaja decisiva frente a sus rivales.

La disputa entre EEUU y China también es una cuestión de seguridad nacional.
Taiwán, clave para la producción de chips avanzados
El desafío está en que fabricar los semiconductores más avanzados requiere conocimientos especializados, infraestructura y recursos que se concentran en pocos lugares del mundo. Entre ellos, Taiwán ocupa un lugar central por su peso en la producción global. Belgrano, quien próximamente se instalará en la isla para seguir de cerca su actualidad, destacó su importancia para Estados Unidos y China: “Taiwán es una parte fundamental en el esquema de la producción de estos microchips y semiconductores”.
Además de su peso en la fabricación de estos componentes, la isla reúne capacidades tecnológicas difíciles de reemplazar. En ella opera TSMC, uno de los principales fabricantes de semiconductores del mundo. Esta posición le otorga a Taiwán un papel estratégico para Washington.
La preocupación radica en que un eventual control chino de la isla podría alterar el equilibrio tecnológico entre ambas potencias. Según el especialista, Pekín podría acceder a capacidades de fabricación que le permitirían fortalecer sus propios desarrollos de inteligencia artificial y reducir la distancia con Estados Unidos. “A nivel de seguridad estratégica y de competencia tecnológica, es fundamental Taiwán como Estado independiente para los Estados Unidos”, contrastó.
El experto subrayó también que la incorporación de esas capacidades a los sistemas de defensa chinos podría generar un cambio importante en la relación entre las dos potencias. “China con la inteligencia artificial incorporada en sus sistemas de defensa podría dar un salto cualitativo rápido y muy fuerte”, indicó.

“Taiwán es una parte fundamental en el esquema de la producción de estos microchips y semiconductores”, declaró Tobías Belgrano.
EEUU enfrenta desafíos para fortalecer su industria de chips
La competencia tecnológica también plantea desafíos dentro de Estados Unidos. Desde Chicago, Alex Pietrantoni, gerente de propuestas en una empresa de construcción especializada en seguridad física comercial, con experiencia en análisis de inteligencia a nivel local, estatal, federal y militar, consideró en diálogo con Ámbito que Washington todavía enfrenta dificultades para consolidar una estrategia de largo plazo frente a la competencia tecnológica con China.
“La producción de microchips es absolutamente crucial para el futuro de la economía y para los debates más amplios sobre la rivalidad entre grandes potencias. Sin embargo, salvo algunos intentos de alto nivel por parte de la administración, parece haber pocos esfuerzos serios para fomentar la fabricación nacional”, expresó.
Su observación apunta especialmente a la falta de una estrategia que permita preparar de manera integral a la economía estadounidense para las tecnologías que tendrán mayor peso en los próximos años. Según Pietrantoni, aunque algunos estados, como Illinois, destinan fondos al desarrollo de la computación cuántica, todavía falta una planificación más amplia que articule las distintas áreas tecnológicas: “Ambas cuestiones ponen de manifiesto una profunda carencia de coherencia estratégica y de conciencia sobre estos temas entre la población estadounidense”.
EEUU y China disputan el control de la inteligencia artificial
La falta de una estrategia integral no implica, sin embargo, que Estados Unidos no pueda consolidar un ecosistema tecnológico propio. De cara a los próximos años, la competencia con China podría tomar nuevas dimensiones y modificar la forma en que los países se relacionan con la tecnología.
Para Santos, uno de los escenarios posibles es la consolidación de dos grandes ecosistemas, uno liderado por Estados Unidos y otro por China. Cada potencia buscará extender sus propios chips, modelos, plataformas y estándares, mientras que el resto de los países deberá decidir con cuál de ellos vincularse o cuánto desarrollar capacidades propias para reducir su dependencia.
En ese sentido, el desafío no pasa únicamente por determinar qué potencia alcanzará el liderazgo, sino también por evitar que la inteligencia artificial quede concentrada en unos pocos actores. “Porque si los chips, los modelos, los centros de datos y la energía quedan concentrados en dos potencias y en un pequeño grupo de empresas, gran parte del mundo corre el riesgo de convertirse únicamente en consumidor de decisiones tecnológicas tomadas en otro lugar”, concluyó el especialista.
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