El clima, la energía y China vuelven a marcar el pulso del mercado agrícola global

El mercado agrícola global atraviesa una fase de fuerte sensibilidad a los factores climáticos, energéticos y macroeconómicos. En Estados Unidos, los pronósticos anticipan el avance de un vórtice polar sobre la costa este, un fenómeno que mantendría elevada la demanda de energía y refuerza la volatilidad en los mercados vinculados al crudo y al gas natural. En paralelo, Sudamérica sigue bajo la lupa: el último modelo climático GFS mostró condiciones más secas para el sur de Brasil, mientras que en Argentina los productores aguardan lluvias para la segunda semana del período de pronóstico. A pesar de esas expectativas, meteorólogos advierten que los cultivos argentinos continúan bajo estrés hídrico tras varios días de temperaturas elevadas.

En el plano comercial, la suba reciente de los precios activó una respuesta inmediata del lado de la oferta. En Brasil, los productores aceleraron las ventas aprovechando mejores valores, con una participación destacada de China, que tomó posiciones relevantes en soja de origen brasileño y avanzó en coberturas para los próximos meses. Este comportamiento refuerza la percepción de que, ante cada mejora de precios, el mercado encuentra rápidamente volumen disponible, lo que limita el recorrido alcista.

Las cifras confirman esa dinámica. Las ventas de productores brasileños se estimaron en alrededor de 3 millones de toneladas en la última semana y cerca de 9 millones en lo que va del mes, con unos 40 cargamentos negociados hacia China en el mismo período. En Argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires informó un avance de siembra del 99,5%, con un área estimada en 17,6 millones de hectáreas, por debajo de los 18,4 millones del ciclo anterior, mientras que la Bolsa de Rosario proyectó una producción de soja para 2025/26 de 47 millones de toneladas.

Desde China, surgieron además rumores sobre una nueva subasta de reservas de soja por parte de Sinograin para el período abril-junio, lo que implicaría la liberación de soja importada al mercado interno. Este posible movimiento agrega un elemento adicional de cautela, ya que podría aliviar necesidades de compra en el corto plazo.

En este contexto, el repunte reciente de la soja parece responder más al debilitamiento del dólar que a un cambio estructural en los fundamentos de oferta y demanda. Sin embargo, declaraciones recientes del Tesoro de Estados Unidos descartando intervenciones en el mercado cambiario aportaron un sesgo de sostén para la divisa. Sin un dólar claramente más débil, el mercado global continúa contando con suficiente oferta para abastecer la demanda actual.

Por otro lado, el rally observado en los aceites vegetales comienza a mostrar señales de agotamiento. El movimiento estuvo impulsado por el repunte del petróleo, compras especulativas en Asia, coberturas de posiciones cortas y expectativas vinculadas a políticas de biocombustibles. No obstante, la combinación de ventas de productores, normalización del flujo comercial y una eventual moderación del mercado energético podría poner un techo a las subas en el corto plazo.

Brasil avanza, además, con una cosecha de soja de gran volumen, consolidando su posición dominante en el mercado mundial. Con condiciones climáticas mayormente favorables, el foco comienza a desplazarse hacia el desarrollo del maíz de segunda, mientras la oferta de soja sigue presionando el balance global.

En los mercados energéticos, el fuerte repunte del gas natural, impulsado por la ola de frío en Estados Unidos, vuelve a poner en primer plano los costos de producción agrícola, en particular los fertilizantes nitrogenados y el secado de granos. Este vínculo refuerza la interconexión entre clima, energía e insumos, un factor cada vez más determinante para la toma de decisiones.

En síntesis, el impulso reciente de los granos parece apoyarse más en factores macroeconómicos y técnicos que en un deterioro real de la oferta. En ausencia de un dólar claramente más débil o de disrupciones energéticas sostenidas, el balance global sugiere que nuevas subas podrían ser aprovechadas por los operadores, pero manteniendo un sesgo bajista de fondo para la soja en el mediano plazo.

Presión estacional y liquidación de fondos pesan sobre la soja

El mercado de la soja operó con bajas en la Bolsa de Chicago en el cierre de enero, en un contexto dominado por liquidaciones de posiciones financieras típicas de fin de mes y por la toma de ganancias de los grandes fondos. Todas las posiciones de la oleaginosa registraron descensos, mientras que los precios también se vieron presionados por un retroceso generalizado en las materias primas, con la excepción del petróleo, sostenido por tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

Desde el punto de vista fundamental, el movimiento bajista no respondió a un deterioro estructural del mercado, sino a factores financieros y estacionales. La ausencia de compras visibles de China a Estados Unidos durante la semana fue el principal elemento negativo señalado, aunque se considera que la demanda china continuará presente en el mediano plazo. En Brasil, los premios de exportación permanecieron bajo presión y los precios internos en reales continuaron ajustándose a la baja, reflejando el avance de la cosecha y la expectativa de una elevada oferta física durante febrero.

El progreso de la cosecha brasileña se mantiene cercano a la normalidad histórica. Mato Grosso alcanzó alrededor del 17% del área cosechada, Paraná el 10% y Goiás el 4%, con un promedio nacional cercano al 7%. Las condiciones climáticas resultaron mayormente favorables, con lluvias recientes que mejoraron la humedad del suelo y sostienen buenas perspectivas productivas en la mayor parte del país, incluida Rondônia y regiones del interior de São Paulo, donde se reportan rendimientos elevados.

La volatilidad global sacude a las materias primas y redefine el escenario para los granos

Enero estuvo marcado por una elevada volatilidad geopolítica y monetaria a nivel global, un entorno que favoreció un desempeño destacado del conjunto de las materias primas. Los metales preciosos encabezaron las subas, con el oro y la plata alcanzando nuevos máximos históricos, mientras que el petróleo crudo tocó su nivel más alto en casi seis meses, impulsado por la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán. Este combo de riesgos geopolíticos y cobertura inflacionaria reactivó el interés por los activos reales en el arranque del año.

Sin embargo, hacia el cierre del mes, los mercados comenzaron a reacomodar posiciones ante expectativas de cambios en la conducción de la Reserva Federal, tras la nominación de Kevin Warsh. Este giro fortaleció al dólar estadounidense y elevó los rendimientos de los bonos del Tesoro, generando una toma de ganancias generalizada. En ese contexto, los principales índices bursátiles de Estados Unidos y de los mercados emergentes registraron caídas, reflejando un aumento en la volatilidad financiera y una mayor aversión al riesgo.

El gran protagonista del mes fue el sector energético. El clima invernal extremo en Estados Unidos impulsó con fuerza los precios del gas natural y provocó interrupciones en las operaciones de refinación. Los futuros de gasoil (diésel) cerraron al alza en todos menos cinco días de negociación durante enero, acumulando una suba del 20,4%. Este fuerte repunte se trasladó al complejo agrícola más vinculado a la energía, con el aceite de soja como principal beneficiado: avanzó un 10,2% en el mes, apoyado además por la expectativa en torno a la decisión de la EPA sobre los mandatos de biocombustibles (RVO).

Hacia el final del período, los metales preciosos corrigieron desde sus máximos recientes, presionados por la apreciación del dólar y por cambios en las expectativas de tasas. En energía, el petróleo retrocedió levemente, reflejando ajustes técnicos y un menor apetito por riesgo. En este marco, el complejo agrícola mostró un comportamiento más moderado: si bien el rally previo de metales y energías, junto con la debilidad inicial del dólar, había dado soporte a los granos en Chicago, la posterior fortaleza de la divisa estadounidense y la abundante oferta global limitaron el potencial alcista. Soja y maíz cerraron el mes con bajas moderadas, condicionados tanto por el contexto macro como por factores propios de oferta.

fuente: CLARIN

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