
Martín Leguizamón tiene 64 años, es abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y vive en San Isidro. En el ámbito judicial, sin embargo, su nombre circula con otro peso. Según él mismo se encarga de divulgar, colegas y magistrados lo conocen como “el terror de Google” por haberle ganado “105 juicios” al gigante digital. Con 38 años de trayectoria profesional, se convirtió en una referencia en la construcción de la jurisprudencia digital en Argentina y Latinoamérica, mucho antes de que el derecho empezara a mirar seriamente al mundo virtual.
Su ingreso al derecho digital no fue planificado. “Esto arrancó de casualidad”, recuerda. Corría el año 2006 cuando recibió una consulta que parecía menor, pero que terminaría marcando un punto de inflexión: una modelo había sido vinculada en los buscadores a sitios pornográficos. En ese momento no existían antecedentes claros, ni en el país ni en el exterior. “No había nada. Tuve que sentarme a explicar cómo funcionaba internet a jueces que estaban por jubilarse”, cuenta.
“El terror de google” Leguizamon, tiene más de 30 años en el oficioAnte ese vacío legal, Leguizamón apeló a una idea simple pero potente: los derechos no desaparecen en la virtualidad. Basó su planteo en la protección de la honra y el honor contemplada en el artículo 1071 bis del antiguo Código Civil. “Lo que yo sostuve desde el primer día es que los derechos que protegemos en la vida real tienen que valer exactamente igual en la vida digital”, explica.
El caso Citino: un antes y un después
El 6 de abril de 2006 llegó el fallo que cambiaría su carrera y abriría una nueva etapa en la justicia argentina. El abogado obtuvo la primera medida cautelar en Argentina y Latinoamérica en favor de la modelo Jorgelina Citino. La joven había descubierto, tras una entrevista laboral en Canadá, que al buscar su nombre en internet los primeros resultados la vinculaban con contenido para adultos, afectando directamente su proyección profesional.
Martín Leguizamón con Fernando BurlandoEl planteo fue comprendido de inmediato, cuenta Leguizamón: el juez dictó la cautelar en apenas dos horas. Para el abogado, ese fallo marcó el inicio de una batalla más amplia. “Ahí empezó la discusión de fondo: demostrar que los algoritmos no son neutros y que detrás de esas respuestas hay decisiones que generan daño”, sostiene.
Con el tiempo, su persistencia le valió reconocimiento internacional y el apodo que hoy acepta sin rodeos. “Me dicen el terror de Google y, la verdad, me encanta. Es una forma de decir que algo de todo esto sirvió”, afirma.
Presente activo y nuevos desafíos
Aunque está en edad de jubilarse, Leguizamón no piensa en retirarse. Desde hace diez años integra el estudio de Fernando Burlando, una etapa que, según él, le permitió profundizar y consolidar los avances logrados. “Sigo con la misma pasión que el primer día”, asegura.
“Día de furia de audiencias resonantes” comenta en su instagram: @martinleguizamon_1Hoy su foco ya no está únicamente en los buscadores. Apunta a las redes sociales como Facebook e Instagram y, cada vez con más fuerza, a la inteligencia artificial. En paralelo, asesora al Ministerio de Justicia de la Nación en la elaboración de marcos legales para proteger derechos intelectuales y combatir delitos virtuales. “La jurisprudencia sola no alcanza. Necesitamos una pata legislativa que acompañe”, advierte.
Sobre la IA, su posición es clara: hacen falta reglas urgentes. “Hay que marcar la cancha a los que crean estas tecnologías, como hizo la Unión Europea”, sostiene. Para Leguizamón, sin un marco legal adecuado, la inteligencia artificial puede transformarse en una amenaza para la intimidad y la propiedad intelectual. “Si no ponemos límites, vamos a estar llenos de ladrones virtuales y algoritmos que nadie controla”, concluye.
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