

La abogacía atraviesa una de las transformaciones más importantes de su historia. La inteligencia artificial ya es capaz de buscar jurisprudencia, analizar legislación, revisar contratos, resumir expedientes y elaborar borradores de escritos con una rapidez impensada hace apenas unos años.
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Este escenario ha generado incertidumbre. Muchos se preguntan si el abogado será reemplazado por una máquina. La respuesta, al menos por ahora, es no. Lo que sí cambiará será la forma de ejercer la profesión.
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Durante décadas, gran parte del trabajo jurídico estuvo dedicado a localizar información y procesar documentos. Hoy esas tareas pueden realizarse en pocos minutos mediante herramientas tecnológicas. Esto permitirá que el abogado concentre sus esfuerzos en aquello que realmente aporta valor: diseñar estrategias, interpretar situaciones complejas, negociar conflictos, litigar y acompañar a las personas en momentos decisivos de sus vidas.
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La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas basadas en datos, pero no comprende el contexto humano detrás de cada conflicto. No puede reemplazar la confianza que deposita un cliente en su abogado, ni la sensibilidad necesaria para resolver cuestiones que afectan la salud, la familia, el patrimonio o la libertad.
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Al mismo tiempo, surgirán nuevos desafíos jurídicos. Será necesario regular el uso responsable de la inteligencia artificial, proteger los datos personales, definir responsabilidades cuando intervengan algoritmos y garantizar que la innovación tecnológica respete los derechos fundamentales.
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La formación de los abogados también deberá evolucionar. Conocer las leyes seguirá siendo indispensable, pero ya no será suficiente. Será necesario comprender el funcionamiento de estas nuevas herramientas y utilizarlas con criterio ético y responsabilidad profesional.
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El derecho siempre ha acompañado los grandes cambios de la sociedad. Hoy enfrenta uno de los más trascendentes. La inteligencia artificial no marca el fin de la abogacía; representa el comienzo de una nueva etapa en la que la tecnología potenciará el trabajo humano.
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Los mejores abogados del futuro no serán quienes compitan con la inteligencia artificial, sino quienes sepan utilizarla para brindar un servicio más rápido, más preciso y, sobre todo, más humano. Ese será el verdadero desafío de la profesión en el siglo XXI.
(*) Abogado especialista en Derecho de Salud
fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2002 del 25 de julio de 2026
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