“Educar para habitar el dolor”

Si como padres no enseñamos a habitar la frustración, el dolor, la vergüenza y el miedo a nuestros hijos, entonces ¿cómo afrontarán esas emociones, tantas veces rechazadas por el ser humano, que arraigan en sentimientos?

Somos nosotros, los mayores, los que no queremos o no podemos habitarlas. Mucho menos aceptar que quienes amamos más que a nadie las habiten.

A veces elaboramos, fabricamos nuestro propio sufrimiento a partir de estas “enfermedades del alma”, que previamente hemos catalogado como tales.

Un vademécum, una especie de listado de circunstancias inaceptables, deplorables y catastróficas para quienes se conviertan en víctimas de ellas.

Sirve el optimismo y ser positivo ante cualquier situación; es parte de la capacidad de resiliencia. Pero hoy creo que, en esta búsqueda desenfrenada de la felicidad, la contracara es la huida incansable del dolor. Y quizás la mejor receta sea abrazar todas las condiciones de la vida, incluso aquellas que nos duelen, que la existencia misma nos obsequia.

¿Por qué, si no, el suicidio, sino por el rechazo a la realidad? ¿Por qué el ludópata que termina en la miseria, sino por idéntica razón? ¿Por qué el homicidio pasional y tantos otros crímenes, sino por la imposibilidad de aceptar lo que es?

En tal contexto de pensamiento, qué bueno sería ofrecerles a nuestros hijos, ante la adversidad, transitar juntos el camino: habitar juntos y abrazados la casa del dolor, para salir del cruel invierno tomados de la mano y disfrutar la primavera, cuando el sol regrese a la vida.

Un sol que, aunque no lo veamos, siempre está.

Aldo Cristian Alí luzyluci@hotmail.com

OTRAS CARTAS

“Acciones inevitables para prevenir males mayores”

Cuando alguien se extralimita en su defensa o en defensa de una posible víctima – recordemos el caso del policía Luis Chocobar, condenado por matar a un delincuente para evitar que siguiera apuñalando a un turista estadounidense – suelen alzarse voces que repudian el hecho sin ver que una acción de este tipo puede evitar un mal mayor. Estados Unidos ha logrado sacar de Venezuela a un usurpador, déspota, torturador y cómplice de narcotráfico, que mantenía a su país sumergido en una cruel tiranía y absoluta miseria. Muchos celebramos esta acción, pero también hay quienes se solidarizan con este criminal sin apreciar que ahora Venezuela puede volver a ser un país normal, que los atropellos, encarcelaciones de opositores, torturas y vejámenes se terminen, además de que las penurias de toda la población cesen y se concrete el regreso de cientos de miles de personas exiliadas.

Es verdad, el método para sacar a Maduro no ha sido el mejor, pero se sabe que cuando hay grandes males, se debe recurrir a grandes remedios.

José Deym deymjose@gmail.com

Los que critican adversamente las maniobras llevadas a cabo por los EEUU en Venezuela lo fundamentan sobre la base de considerar que se ha avasallado la soberanía del pueblo, violando, consecuentemente, las leyes internacionales de la no injerencia de un país en otro. El yerro de tal conclusión estriba en que el gobierno de Maduro, que perdiera y se proclamara ganador merced un artilugio en el resultado electoral, fue el primero en violar la soberanía del pueblo, su real titular, al permitir y fomentar el ingreso de tropas cubanas, iraníes, chinas, rusas y de otros países afines a su pensamiento político. Con el mayor de los respetos, las conclusiones que provienen de un análisis parcializado, sesgado y tendencioso de la realidad, mienten.

Roberto A. Meneghini dr.meneghini@hotmail.com

UE – Mercosur: “Argentina, el país más favorecido”

Después de 25 años de negociaciones se llegó a un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Argentina será el país más favorecido, principalmente por su agricultura, nuestra actividad estrella que, siendo la más eficiente del mundo, se da el lujo de soportar unas muy pesadas retenciones. En la soja superan el 30% y, así mismo, en muchas regiones (no en todas) pueden competir con los demás países. La muy virtuosa técnica de la siembra directa, aceptada hoy por casi la totalidad de los productores del país, junto con otras han sido las responsables de esta envidiable posición. Se deduce que, si la letra de chica del acuerdo premiase a estos dos amplísimos sectores del globo, recibiremos en el país enormes inversiones que completarán las condiciones productivas, permitiendo incorporar extensas superficies que aún no han tenido la oportunidad de recibir siembras por: distancia a puertos, fertilidad, pobres lluvias, carencia de infraestructura.

Ricardo Olaviaga rolaviaga157@gmail.com

A raíz de la firma del acuerdo entre la UE y el Mercosur, en la opinión pública francesa se ha instalado la idea de que las exportaciones agrícolas y ganaderas sudamericanas introducirían “impurezas” en el mercado europeo. Más allá de las necesarias discusiones técnicas, sorprende el sesgo de ese argumento. Si hablamos de impurezas, convendría recordar que durante el siglo XX no fueron alimentos los que cruzaron el Atlántico desde Europa hacia América Latina, sino ideologías. El colectivismo, el marxismo y el comunismo -importados y adaptados- dejaron una huella profunda: violencia, instituciones debilitadas, cultura del esfuerzo erosionada y décadas de autoritarismo y estancamiento económico. Resulta llamativo que hoy se examine con lupa la calidad de nuestros productos, pero se omita toda reflexión sobre aquellas “impurezas” ideológicas que Europa exportó y cuyos efectos aún padecemos. La memoria selectiva también distorsiona el debate.

J. Felipe Fliess felfli@yahoo.com

fuente: CLARIN

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