
El acto de dormir no solo está ligado al reloj biológico, sino también al contexto en el que ocurre. La ciencia del sueño señala que factores como la luz, la temperatura, el ruido y la postura son determinantes, pero la presencia de otra persona en la cama también puede alterar la profundidad del descanso.
En los últimos años, múltiples investigaciones comenzaron a analizar cómo varía la arquitectura del sueño según si alguien duerme acompañado o solo. Los resultados muestran matices: algunos estudios detectan mejoras en la sensación de seguridad y en la conciliación del sueño; otros encuentran un aumento de microdespertares y cambios en el ritmo respiratorio.
Dormir acompañado o solo: qué dice la evidencia sobre la calidad del descanso. Foto: ClarínDormir en pareja también introduce variables como la sincronización de movimientos, los ciclos circadianos, la presencia de ronquidos o la diferencia de temperatura corporal. Cada una puede favorecer o perjudicar la continuidad del sueño según la persona.
Dormir acompañado o solo: qué dice la evidencia sobre la calidad del descanso
La literatura científica señala que dormir acompañado puede generar un efecto protector en determinadas personas. La presencia de alguien cercano reduce la activación del sistema de alerta, favorece la relajación y disminuye la latencia del sueño. Este fenómeno es más frecuente en adultos jóvenes, en parejas con vínculos estables y en períodos de estrés emocional.
Sin embargo, otros estudios documentan lo contrario: mayor cantidad de interrupciones, menor tiempo en sueño profundo y variaciones en la fase REM. Los investigadores explican que la compañía nocturna introduce estímulos —movimientos involuntarios, cambios de postura, ruidos respiratorios— que pueden fragmentar el sueño, incluso sin que la persona recuerde haber despertado.
Dormir solo, en cambio, permite controlar el ambiente de forma más precisa: temperatura más estable, ausencia de distracciones y ritmo de sueño individual. Esto favorece especialmente a quienes tienen sueño liviano, padecen insomnio o presentan alta sensibilidad a estímulos externos.
Cómo influyen los hábitos de cada persona en el descanso nocturno. Foto Clarín La calidad del descanso también puede modificarse según la etapa de la vida. En adultos mayores, por ejemplo, dormir acompañado ha demostrado mejorar la sensación de seguridad, aunque no siempre se traduce en un sueño más profundo. En adultos jóvenes, dormir solos puede facilitar una mayor consolidación del sueño N3 —la fase de descanso profundo—.
Cómo influyen los hábitos de cada persona en el descanso nocturno
Más allá de la compañía, los hábitos individuales condicionan la forma en que cada uno duerme. Los especialistas destacan que la temperatura corporal, la tendencia a moverse durante la noche y la calidad de la respiración influyen tanto o más que el hecho de dormir acompañado o solo.
Dormir acompañado puede mejorar la sensación de bienestar al despertar cuando ambos integrantes de la pareja tienen rutinas compatibles: horarios similares, movimientos suaves y condiciones ambientales compartidas. La sincronización, según los estudios, es uno de los factores más determinantes.
Claves para mejorar el sueño, acompañado o solo
Los expertos en medicina del sueño destacan que la decisión no es absoluta: cualquier modalidad puede funcionar si se optimizan las condiciones del ambiente y los hábitos previos al descanso.
Algunas recomendaciones son:
- Priorizar una temperatura estable de entre 18 y 22 grados.
- Utilizar colchones y almohadas que amortigüen movimientos.
- Evitar pantallas una hora antes de dormir.
- Mantener una iluminación tenue y regular el ingreso de luz.
- Sincronizar horarios cuando se duerme en pareja.
- Considerar camas separadas si existen ronquidos intensos o movimientos bruscos.
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