
Los diputados nacionales por el oficialismo cordobés parecen desafinar, tocan en armonía o la rompen de acuerdo al momento, a lo que decidan los caciques, y estos no son más de dos: Juan Schiaretti, dueño de una trayectoria difícil de empardar, y Martín Llaryora, por su condición de gobernador y, por decantación y edad, único capaz de tomar la posta.
Schiaretti y Llaryora nunca se sintieron cómodos en la misma orquesta, pero respetaron la armonía de los compases. Lo que ocurre con los diputados podría interpretarse como una profundización de las diferencias, pero ello no lo justificaría en un todo.
La última gran diferencia se vio el último martes, cuando Schiaretti, Carlos Gutiérrez y Juan Brugge (los más veteranos del vestuario) daban quorum a favor de que la Cámara Baja interpele al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, mientras que el “ala llaryorista” se ausentaba. Alejandra Torres, Ignacio García Aresca y Carolina Basualdo, con distintas justificaciones, ni aparecieron por el recinto.
Lo que muestra el escenario no asoma como una feroz pelea de caciques, sino una clásica estrategia política que adoptó el gobernador y que se explica con el voto de sus diputados sólo un día después, cuando todos armonizaron en el voto en contra del llamado “súper” RIGI.
Llaryora, con la preocupación de gobernar, sabe que más que enfrentar, debe seducir al Gobierno nacional para no pasar más sobresaltos de los que ya tiene. Por eso, le tira una soga cada vez que Javier Milei se encuentra en dificultades legislativas. Este miércoles, cuando los votos estaban asegurados para la Rosada, Llaryora mnadó a votar en contra junto con Schiaretti y se mostró opositor para la tribuna.
Schiaretti va acordando sus movimientos con Mauricio Macri, con quien tiene una relación desde los años ’90, cuando uno era secretario de Comercio e Industria y, el otro CEO de la ex automotriz Sevel.
Llaryora, en cambio, parece ajeno a la discusión nacional y apunta a su reelección con una imagen un poco cascoteada por “el caso Agostina”, la disputa con los gremios estatales, y la pálida gestión de Daniel Passerini en Capital.
Para no comprometer más las chances de reelección apuesta a que un pacto de convivencia con Milei le permita no tener un rival comprometedor en Córdoba. Más cuando observa que en este distrito las encuestas lo siguen dando con mucho margen positivo al Presidente.



