
Hay noches que no se olvidan. Que se quedan a vivir en la memoria aunque el calendario siga su curso. Para Boca, el 2-0 ante Instituto de Córdoba en La Bombonera fue todo un desahogo. Y para Tomás Aranda, directamente, la ratificación de todo lo bueno que viene haciendo desde su aparición en la máxima categoría este enero.
Con 18 años la pelota puede pesar -o quemar- como si llevara una carrera encima. Pero a él no se le nota. Al contrario. En el cierre del domingo la pidió, jugó y se mostró. Y cuando el partido se cerraba en esa tensión hija de la impaciencia que baja de las tribunas y se mete como electricidad en las piernas, apareció él.
Llegó al área, definió con decisión y gritó su primer gol -golazo- en Primera. El desahogo fue propio y ajeno: de un pibe que recién empieza y de una cancha que siempre exige, pero también sabe reconocer.
🚨⚽️ EL GOLAZO DE ARANDA Y EL PRIMERO EN PRIMERA DIVISIÓN CON BOCA JUNIORS.pic.twitter.com/CIVhFoAZTi
— Info Argentino (@GonzaLog84251) March 23, 2026
Lo suyo no fue solo el gol. Fue el contexto. Fue cómo se hizo cargo. Aranda terminó la noche con 3 pases claves, 48 de 53 entregas correctas (91%) y una precisión quirúrgica en campo rival: 36 de 39 (92%). Además, completó los dos regates que intentó. Números de jugador consolidado en una noche de debutantes emociones.
Pero más allá de las frías estadísticas, hubo algo más difícil de medir: la personalidad. Porque Aranda no jugó escondido, no eligió el pase seguro por miedo a equivocarse. Jugó como si supiera que ese momento era suyo. ¡Y vaya que lo fue!
Como si fuera poco, en paralelo a su irrupción en la Primera de Boca, el fin de semana le llegó otra noticia que confirma que lo suyo no es una casualidad: fue citado por Diego Placente para sumarse a la Selección Sub 20. Será su primera experiencia en ese ámbito, que incluirá un amistoso ante Estados Unidos el viernes en el predio de la AFA en Ezeiza. Sin dudas, otro paso en una semana que parece escrita por alguien que quiso exagerar .
Días soñados para un pibe que dejó de ser promesa rápido para empezar a ser toda una realidad cuando Boca más lo necesitaba. En La Bombonera, donde todo se amplifica, Tomás Aranda no solo jugó un partidazo: se presentó en sociedad. Y dejó en claro que lo suyo recién empieza.
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