
Dice el escritor español David Uclés, 36 años, andaluz y frecuentemente ataviado con una boina, que ahora está contento. Alguien bien informado imaginará que el motivo son los 30 mil euros del Premio Nadal de novela que ganó en enero. Pues no, el autor está feliz, dice, luego de escaparse de las redes sociales.

Semanas atrás terminó por cerrar su perfil en X (antes Twitter) agobiado por la catarata de insultos y amenazas que recibía a diario de personas que no habían leído su novela La península de las casas vacías, pero que lo atacaban porque sabían que trataba sobre la Guerra Civil. Sí, así de ridículo.
La novela, que le llevó quince años de investigación, sigue las desventuras de una familia y, con eso, reconstruye de cabo a rabo la guerra fraticida de 1936, que todavía pesa sobre los españoles. Lo hace recurriendo a un elemento ajeno a la literatura ibérica: el realismo mágico, que siembra diluvios, que abunda en profecías y que puede hacer que una mujer pierda cuarenta kilos de sobrepeso luego de mojarse con la lluvia.
260 mil ejemplares
“Ahora sin Twitter soy un hombre mucho más feliz”, dice Uclés, que acaba de cumplir 36 años en enero y que a la gira promocional de La península de las casas vacías, un fenómeno editorial que lleva vendidos más de 260.000 ejemplares, sumará la de su nueva novela, titulada La ciudad de las luces muertas, que tras quedarse con el Premio Nadal, se publicó la semana pasada.
La repercusión de La península de las casas vacías, le generó a Uclés el acompañamiento de miles de lectores, pero también el odio de otras tantas personas.
“Ha habido comentarios que empiezan diciéndome ‘maricón’ y terminan avisándome que saben dónde vivo. Tengo amenazas guardadas que dan miedo”, contó en una entrevista en octubre.

Pero para diciembre, las cosas habían empeorado. “Entre otras muchas cosas, me han dicho que me pegarían un tiro si pudieran, que no creen que llegue a los cuarenta años, que si me ven, me tragaré la boina, que vencerán y me callarán; que me merecía el bullying y la violencia física que sufrí de pequeño por tener pluma y, lo más grave: que miento y me invento todas estas amenazas”, enumeró entre otros ataques.
Fue entonces cuando cerró la cuenta. “Ahora sin Twitter soy un hombre mucho más feliz”, dice Uclés, que, así, sencillamente, dejó en el silencio a los odiadores.

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