
La adolescencia es una etapa de cambios profundos en la vida de cualquier persona. Como etapa de transición de la niñez a la adultez, es un periodo que, según recientes investigaciones, podría extenderse hasta los 32 años. Los padres deberían dar el ejemplo con sus palabras y también con sus actitudes para facilitar esta transformación.
Un estudio de la Universidad de Cambridge, publicado en la revista Nature Communications, reveló que el cerebro atraviesa cinco fases distintas a lo largo de la vida.
Uno de sus “puntos de inflexión cruciales” que definen cómo se organiza la arquitectura de la mente ocurre a los 9 años y otro a los 32.
De esta manera, muchos jóvenes padres compartirían esta “adolescencia extendida” con sus hijos. Esto explicaría por qué cada vez más adultos, en el sentido tradicional, tengan comportamientos asociados con edades más tempranas, como estar todo el día pendiente del teléfono móvil.
Desconexión entre padres e hijos
El doctor en biología David Bueno, a quien uno puede seguir o contactar en su página de Instagram, es catedrático de la Universidad de Barcelona, estudia la genética del desarrollo y su impacto en el comportamiento, especialmente durante los procesos de aprendizaje.

Al intervenir en el pódcast El Consultori dijo que, para los adolescentes, “tienen más influencia sobre su cerebro las horas que los adultos estamos con el móvil ante su presencia, en vez de estar charlando con ellos, que el acceso de horas que ellos mismos puedan tener”.
Agrega que “muchas veces, cuando los chicos llegan a casa después de la escuela ya encuentran a sus padres chateando y ni siquiera los miran”. Esta conducta podría tener un impacto clave en el desarrollo de los jóvenes.
David Bueno detalla las tres zonas del cerebro que sufren las mayores transformaciones en la adolescencia. “Una es la amígdala, que es la que genera las emociones y la que se vuelve hiperreactiva. Otra es la corteza prefrontal, que nos permite reflexionar, planificar, decidir y gestionar las emociones. La tercera, a la que llamamos estriado, es la que nos genera sensaciones de recompensa, bienestar y placer”.
El especialista explica cómo estos cambios en el cerebro se relacionan con las situaciones en familia. “Cuando una niña, antes de ser adolescente, oye la voz de su madre, se activa el estriado y hace que se sienta a gusto. La misma niña, cuando es adolescente y escucha la misma voz activa la amígdala, pero en modo amenaza”.
Entender esto resulta fundamental para los padres quienes, según Bueno, deben prestar más atención a sus hijos adolescentes. Porque, hasta los 32 años, siempre según la investigación de la Universidad de Cambridge, el cerebro modifica su red de neuronas para hacerla más eficiente, algo que recién lograría alrededor de los 29 años.

Este es, también, el momento con mayor riesgo de inicio de trastornos de salud mental. Los investigadores sugieren la pregunta de si “hay algo en esta segunda era de la vida, tal como la encontramos, que podría llevar a las personas a ser más vulnerables a la aparición de trastornos de salud mental”.
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