
En un contexto donde celulares, tablets y televisores forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas, una de las preguntas que más se repite entre madres y padres es cuánto tiempo frente a las pantallas es saludable.
Aunque no existe una respuesta única, especialistas coinciden en que el uso excesivo puede tener consecuencias en el desarrollo infantil, especialmente cuando interfiere con el sueño, el juego y los vínculos. Por eso, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) propuso una guía basada en evidencia científica y adaptada a cada etapa de la infancia.
Qué dice la SAP sobre el tiempo frente a pantallas
Según la SAP, su guía apunta a promover un modelo de crianza digital basado en el acompañamiento activo y la autonomía progresiva.
“El objetivo es transitar de un esquema de control a uno de confianza, donde la educación sobre el uso saludable de las pantallas prevalezca por sobre las prohibiciones, permitiendo que, de acuerdo a edad y grado de madurez los niños y adolescentes, desarrollen herramientas de uso crítico”, explica la doctora Silvina Pedrouzo, presidente de la Subcomisión de TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación), a Clarín.
De esta manera, la entidad busca diferenciarse de la guía de la Asociación Española de Pediatría (AEP), que en 2025 sugirió prohibir el uso de pantallas en menores de 6 años y no usarlas más de dos horas diarias hasta los 16.
“Nuestro enfoque invita a las familias a transitar un cambio de paradigma: pasar de un esquema basado en prohibiciones a uno basado en el acompañamiento, la confianza y el diálogo para garantizar sus derechos en los entornos digitales“.

Guía de uso de pantallas según la edad
- Antes de los 2 años: se desaconseja la exposición a todo tipo de pantallas, debido al estado de inmadurez del sistema nervioso central y del aparato psíquico.
- Entre 2 y 5 años: se recomienda un máximo de entre media y una hora de pantallas de entretenimiento por día. Acompañados por un adulto, que pueda decodificar los estímulos, seleccionar e interpretar los contenidos.
- Entre los 5 y los 12 años: el tiempo máximo de uso de pantallas con fines de entretenimiento recomendado se extiende a una hora y media, preferentemente con compañía adulta.
- Adolescentes: poseen independencia en el consumo de contenidos en línea, generan e intercambian información, buscan grupos de pertenencia de acuerdo a sus emociones, necesidades e intereses. Transitan una etapa de mayor vulnerabilidad.
Cómo impacta el uso de pantallas en el desarrollo infantil
Desde el ámbito de la salud mental, la advertencia es contundente, especialmente, en los primeros años de vida. La psicóloga Ana Paula Rivadero señala a Clarín que “las pantallas, sobre todo en bebés y niños, no son recomendables ni en poca ni en mayor medida, ya que influyen en el desarrollo mismo del infante, tanto a nivel biológico como psíquico”.
Según explica, el uso temprano y sostenido de dispositivos puede interferir tanto en los procesos madurativos como en el vínculo con adultos y pares.
Rivadero también pone el foco en cómo las pantallas se incorporaron a la crianza cotidiana: “Hoy juegan un papel fundamental, ya que muchos padres encuentran en ellas un modo de estar con sus hijos”. Sin embargo, aclara que este recurso puede traer consecuencias, especialmente en el desarrollo del lenguaje, y subraya la necesidad de preguntarse “cómo, cuánto y bajo qué situaciones permitir su uso”.

Aunque existen aplicaciones para controlar el contenido al que acceden niños y niñas, la psicóloga remarca que eso no alcanza: “Hoy vienen muchas apps que permiten tener un mayor control sobre el contenido, pero no hay tantas sobre el tiempo de uso”. Por eso, propone reforzar el acompañamiento adulto: “Sin negar la existencia de las pantallas, es importante intentar que el tiempo sea de calidad y no de cantidad”.
También reconoce que, en un contexto de cansancio y exigencias diarias, muchas familias recurren a los dispositivos como salvataje. “Es entendible que se usen en momentos de tanta vorágine, pero no debemos olvidar la responsabilidad que tenemos como adultos”.
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