
La ingesta regular de bebidas alcohólicas es uno de los factores de riesgo clave para desarrollar hígado graso.
De acuerdo con la American Medical Association (JAMA), el margen “seguro” de alcohol es mucho más bajo de lo que muchos creen.
Un estudio multisede concluyó que, para personas con hígado graso, lo ideal sería consumir menos de 7,4 gramos de alcohol al día.
Todos los factores para tener en cuenta y la diferencia entre hombres y mujeres.
¿Cuántas copas de vino o cerveza se pueden tomar sin incrementar el riesgo de hígado graso?
El hígado graso, especialmente el tipo no alcohólico (EHGNA), es una de las enfermedades hepáticas más comunes: afecta a más del 25 % de los adultos.
Si bien el sedentarismo y una dieta poco saludable suelen ser las causas principales, el consumo de alcohol -incluso moderado- puede acelerar la acumulación de grasa en el hígado y elevar el riesgo.
Según el reciente estudio citado por JAMA, para quienes ya tienen hígado graso diagnosticado, el límite seguro -o más bien “menos riesgoso”- es muy bajo: menos de 7,4 gramos diarios de alcohol. Eso equivale aproximadamente a un tercio de lata estándar de cerveza (355 ml) o a medio vaso de vino (75 ml).
Para quienes ya tienen hígado graso diagnosticado, hay un límite seguro. Foto: ThinkstockphotosPara ponerlo en perspectiva usando medidas cotidianas:
- Una lata de cerveza de 355 ml tiene entre 10 y 15 gramos de alcohol.
- Una copa de vino de unos 150 ml aporta también entre 10 y 15 gramos de alcohol.
Por lo tanto, si hablamos de “una bebida estándar al día”, incluso esa cantidad está por encima del umbral de 7,4 gramos recomendado para quienes ya tienen hígado graso. En consecuencia, muchos expertos sugieren:
- 1 bebida por día para mujeres como límite máximo moderado.
- 2 bebidas por día para hombres como límite moderado (aunque este umbral ya es discutible si existe patología hepática).
Sin embargo, en el caso de hígado graso diagnosticado o riesgo elevado, la recomendación es aún más estricta: algunos profesionales aconsejan abstinencia total, ya que incluso dosis bajas pueden incrementar el daño hepático con el tiempo.
Qué tener en cuenta ante el diagnóstico de hígado graso.
Diferencias entre hombres y mujeres
El metabolismo del alcohol y su impacto en el hígado varían según el sexo, lo que influye en los umbrales de riesgo.
En hombres, el riesgo de desarrollar hígado graso aumenta considerablemente cuando la ingesta diaria supera los 80 gramos de alcohol, es decir, unas 6 a 8 cervezas o copas de vino por día.
En mujeres, el umbral de alto riesgo se ubica alrededor de 50 gramos diarios, aproximadamente 4 a 5 bebidas por día.
Pero esos rangos representan niveles bastante elevados y repetidos: no deben considerarse como “seguro” o “moderado”.
Para mantener lo que muchos especialistas llaman “consumo de bajo riesgo”, las recomendaciones habituales apuntan a no superar:
- 2 bebidas por día para hombres.
- 1 bebida por día para mujeres.
Inclusive bajo esos parámetros, el consumo diario, aun moderado, puede no ser completamente inocuo, sobre todo en personas con hígado graso. En esos casos, la abstinencia resulta la opción más segura.
Factores individuales y recomendaciones médicas
No existe un umbral universal válido para todas las personas. El riesgo varía según genética, edad, peso, estilo de vida, presencia de otras enfermedades y hábitos alimenticios.
El consumo diario de alcohol, aun moderado, puede no ser completamente inocuo para la salud. Además, la enfermedad del hígado graso puede no presentar síntomas durante años. Muchas personas la descubren cuando ya se ha acumulado grasa, inflamación, fibrosis o daño irreversible.
Por esto, los especialistas insisten en:
- Moderar al máximo el consumo de alcohol.
- Si ya hay diagnóstico de hígado graso, lo más prudente es evitar completamente el alcohol.
- Consultar al médico ante la menor duda.
También es importante tener en cuenta otros factores de riesgo: sedentarismo, mala alimentación, obesidad, azúcar y grasas en exceso. Todas estas condiciones suelen potenciar el daño hepático cuando hay consumo de alcohol.
Aunque socialmente se suele justificar el consumo habitual de vino o cerveza como algo “moderado” o “normal”, la evidencia más reciente advierte que incluso cantidades consideradas bajas pueden aumentar el riesgo de hígado graso, especialmente si existe predisposición o diagnóstico previo.
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