
La pera es una fruta ligera y vigente con sorprendentes beneficios para la salud.
Su consumo con piel ayuda a regular la glucosa en sangre.
Además, aporta vitamina C y antioxidantes que fortalecen el sistema inmunitario.
También contribuye a proteger el corazón al reducir el colesterol LDL y mejorar la presión arterial. En esta nota, todo lo que hay que saber sobre los beneficios de la pera
La pera (Pyrus communis) no es solo una fruta deliciosa y refrescante: según diversas fuentes, posee múltiples propiedades curativas que pueden contribuir significativamente al bienestar.
En líneas generales, ayuda a regular el azúcar en sangre, fortalece las defensas inmunológicas y ejerce un efecto protector sobre el sistema cardiovascular.
Una de las cualidades más destacadas de la pera, de acuerdo a una nota en El Confidencial, es su capacidad para estabilizar los niveles de glucosa. Gracias a su bajo índice glucémico, su consumo causa aumentos más lentos y moderados de azúcar en la sangre, lo que la convierte en una opción adecuada para personas con prediabetes o diabetes.
Gracias a su aporte de antioxidantes (como flavonoides y vitamina C), la pera contribuye a proteger las células del daño oxidativo.En este sentido, posee compuestos como flavonoides, ácidos fenólicos y triterpenoides, que podrían inhibir enzimas digestivas como la α-amilasa y la α-glucosidasa. Estas enzimas participan en la descomposición de carbohidratos, por lo que su bloqueo parcial puede reducir la absorción de glucosa tras las comidas.
La fibra presente en la pera, especialmente si se consume con piel, también juega un papel clave. Con pectina, celulosa e incluso inulina, la pera mejora el tránsito intestinal, ejerce un efecto prebiótico (alimentando bacterias beneficiosas como Lactobacillus y Enterococcus) y promueve la saciedad. Gracias a su fibra, además, contribuye a una dieta equilibrada sin añadir excesivas calorías, lo que favorece el control de peso.
En términos cardiovasculares, la pera también demuestra beneficios. Según una revisión científica, el consumo regular de peras se asocia con una mejora en el perfil lipídico: se han observado reducciones de colesterol total, triglicéridos y de la fracción LDL (“colesterol malo”), así como un aumento de HDL (“colesterol bueno”), especialmente cuando se consumen las cáscaras, ricas en polifenoles como catequinas.
Además, un meta-análisis que incluyó 22 estudios encontró que una mayor ingesta de manzanas y peras se relaciona con un menor riesgo de muerte cardiovascular y de diabetes tipo 2.
Otro aspecto valioso de la pera es su capacidad antioxidante y antiinflamatoria. Vitamina C, minerales como potasio, magnesio y calcio, y otros fitonutrientes presentes en la fruta contribuyen a reforzar el sistema inmunitario y a reducir procesos inflamatorios en el organismo.
La reducción de la inflamación y el estrés oxidativo también se vincula con la protección contra enfermedades crónicas, incluyendo afecciones cardíacas y ciertos tipos de cáncer.
La pera también favorece la salud de huesos y dientes, según El Confidencial, gracias a sus minerales. Su aporte en agua (alrededor del 80 %) y su bajo contenido calórico la convierten en una fruta ideal para hidratarse y mantener un aporte nutricional saludable sin excesos.
La pera aporta potasio, mineral importante para la salud cardiovascular, ya que ayuda a regular la presión arterial. Foto: Shutterstock.Más allá de estos efectos, estudios epidemiológicos respaldan estos beneficios: por ejemplo, la mencionada revisión sistemática y meta-análisis en PubMed encontró que las personas que consumían peras u otras frutas similares tenían una menor incidencia de muerte por enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y mortalidad general.
Esto sugiere que el consumo habitual de peras podría ser parte de una estrategia preventiva para mejorar la salud metabólica y cardiovascular.
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