
Existen profesiones que tradicionalmente se han atribuido a un solo género. Aunque en los últimos años se han logrado avances hacia la equiparación, la brecha continúa siendo abrumadora en sectores como la construcción. Si bien la presencia femenina ha ido en aumento hasta representar el 11,5% del total de empleados según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la realidad a pie de obra refleja un escenario muy distinto: las mujeres tan solo ocupan el 0,7% de los puestos a pie de campo.
Una de esas escasas profesionales es Cristina Moya, una alicatadora y soldadora cordobesa que acumula más de dos décadas en este ámbito y que ha tenido que hacer frente a los prejuicios del sector.

Su experiencia en la albañilería
Cristina Moya se ha labrado su propio camino en este sector hasta consolidarse como una experimentada alicatadora y soldadora con más de 20 años de experiencia. Conocida en redes sociales como La Kiki, esta cordobesa acudía recientemente al pódcast de Sector Oficios, donde analizaba las barreras que persisten en la albañilería.
A lo largo de su trayectoria acumula múltiples vivencias, pero nunca olvidará una de sus primeras charlas con un superior. “Tuve un jefe de obra un poco complicadete”, comienza relatando al recordar los comportamientos machistas arraigados en el entorno laboral y la incomodidad de ser la única mujer en la obra.
Moya recuerda aquella conversación tan fuera de lugar. “Las primeras palabras del jefe de obra fueron: ‘¿Tú qué haces aquí?’ Yo voy a alicatar este cuarto de baño”, respondía ella sin titubeos. “Tú deberías estar en tu casa fregando los platos”, le espetaba el responsable.

Frente a esta actitud, la profesional andaluza optó por no amedrentarse y responder con firmeza. “¿Perdona? Yo tengo lavavajillas, yo no friego los platos”, recuerda sobre la réplica con la que encaró el comentario machista.
En aquel entonces ya existían organismos para regular la igualdad laboral, como el Instituto de las Mujeres, creado en 1983 y adscrito al Ministerio de Igualdad con la finalidad de promover y fomentar las condiciones que posibiliten la igualdad social de hombres y mujeres.
Sin embargo, los episodios de discriminación continuaron durante meses. La trabajadora rememora cómo su superior la reprendía de manera reiterada por ejecutar en las obras las mismas tareas que sus compañeros varones, evidenciando que el problema radicaba únicamente en su condición de mujer.
Amante de su profesión
A pesar de que aquellos episodios llegaron a afectarla en lo personal, su jefe terminó pidiéndole disculpas. Fueron meses complicados, pero Moya mantuvo su determinación de consolidarse como la profesional que es hoy en día.
Casos como el de Cristina Moya visibilizan la importancia de contar con herramientas de denuncia y control. Organismos como la Inspección de Trabajo y Seguridad Social (ITSS) o el propio Instituto de la Mujer mantienen activos diversos mecanismos para combatir la discriminación por razón de sexo y garantizar entornos de trabajo seguros en sectores tradicionalmente masculinizados.
Sergio Rapado
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