
La Copa Argentina suele ser escenario de historias intensas, pero lo vivido por Lucas Besozzi en el duelo ante Instituto de Córdoba quedará marcado como un ejemplo de cómo la impotencia puede arruinar una actuación destacada. El atacante de Lanús, que había sido el encargado de devolverle la vida a su equipo, terminó siendo el protagonista de una de las acciones más polémicas del torneo.
El partido comenzó con una nota positiva para el extremo, quien aprovechó un error insólito entre los defensores Leonel Mosevich y Manuel Roffo para marcar el empate parcial 1-1, inyectando ilusión a la parcialidad granate. Sin embargo, la tensión del encuentro y el nerviosismo del tramo final terminaron por nublar su juicio.
El punto de quiebre ocurrió cerca del cierre del partido. Tras una jugada en la que Besozzi reclamó una infracción de Gustavo Abregú que el árbitro Nazareno Arasa decidió ignorar, el atacante reaccionó de la peor manera. En un acto de furia, persiguió al volante de la “Gloria” y le aplicó una violenta patada desde atrás cuando la pelota ya no estaba en disputa directa.
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La agresión fue tan evidente como innecesaria, lo que llevó a Arasa a mostrarle la tarjeta roja directa sin dudarlo. Con un hombre menos en los minutos decisivos, el esquema de Lanús se desmoronó. Poco después, un golazo de Lázaro selló el triunfo y la clasificación de Instituto, dejando al Granate fuera del certamen y a Besozzi señalado por una reacción que empañó su labor previa en el campo.
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