Creó una comunidad de conductoras que las ayuda a perder el miedo: “Manejar te permite hacer de todo”

Cuando Luly Dietrich creó la comunidad “Mujeres al Volante”, solo el 24% de la población femenina tenía la licencia de conducir en Argentina. Hoy, a pesar de que la brecha de género sigue en pie, la cifra varió. Según el último informe de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 35% de los registros pertenecen a mujeres.

Para Dietrich, el momento bisagra que impulsó este cambio fue la pandemia, ya que, al no poder viajar en transporte público, muchas mujeres decidieron sacar la licencia para tener más autonomía.

A su vez, la publicista considera que en este último tiempo hubo una transformación en la relación de las mujeres con el manejo, que está alineada a una mayor confianza y seguridad. “Creo que cuando nos empezamos a poner al volante, empezamos a cambiar nuestra relación con nosotras mismas”, cuenta y también lo traslada a otros ámbitos de la vida.

“De a poco empieza a haber más equidad e inclusión en cuanto a los roles. Hoy las mujeres compramos autos, los llevamos al taller, algunas se capacitan en mecánica, otras trabajan en la industria automotriz, hasta hay muchas apasionadas por la Fórmula 1”, explica.

Al venir de la empresa familiar Grupo Dietrich, el mundo automotor estuvo muy presente en la vida de Luly desde su niñez. Aunque en ese momento había baja presencia femenina, razón por la cual tuvo la idea de fundar Mujeres al Volante.

Luly Dietrich presentó el libro

Desde hace ya 17 años, la comunidad acompaña a mujeres a sacar su licencia de conducir o, en caso de tenerla, animarse a usarla y manejar con mayor conciencia y libertad. Además, cuenta con un espacio denominado “La Universidad del Auto”, donde brindan talleres sobre mecánica y el manejo del miedo frente al volante.

“Tener la licencia te habilita a un montón de cosas: la posibilidad de conseguir un trabajo, generar ingresos extras, alquilar un auto si no tenés uno, tomar el volante en el caso de que otro conductor esté cansado durante un viaje largo. Te permite hacer de todo”, remarca Luly Dietrich.

Lo que más nota en las mujeres que participan en los talleres es que “confirman que tienen mucho más poder del que piensan, pasan del ‘no puedo´ al ‘yo puedo´ y para eso es muy importante saber manejar tu mente y conectar con el presente”.

En la 50º Feria Internacional del Libro, Dietrich presentó Maneja tu miedo con amor, un escrito donde reúne 12 testimonios reales de mujeres que optaron por dejar atrás el temor a conducir y atravesaron un gran desarrollo personal en distintos aspectos de su día a día a partir de esa decisión.

La idea de escribirlo surgió hace dos años, a raíz de uno de los talleres que brindan en Mujeres al Volante que lleva el mismo nombre. “Yo realmente veía que era un puente para que muchas mujeres empiecen a dejar ir ese miedo que las frenaba estar al volante y lo que empezó a pasar fue que todas estas herramientas las podían aplicar para otras cosas de su vida como, por ejemplo, cambiar de trabajo”, resume Luly.

Bajo el lema “Manejar no es solo conducir, sino también elegir”, el libro apunta a ser un manual práctico, con ejercicios concretos que permiten trabajar el temor, desarrollar confianza y avanzar paso a paso.

“Para mí, a la hora de manejar, una de las cosas más importantes es que una elige que los pensamientos no la dominen y uno de los trabajos que se hace en este libro es empezar a tomar conciencia de eso”, explica la autora.

Desde capacitaciones en mecánica hasta la F1, las mujeres se hacen presentes. Foto: Mujeres al Volante.

El libro también la reconectó con su propósito. “Me reconfirmó que soy una apasionada de lo que hago y que mi misión es ser un puente”, dice Dietrich y agrega: “Quiero que todas las personas agarren el auto que sea y digan: amo manejar. Y que por sobre todas las cosas, cada vez que lo hagan, lleven conciencia y amor en las calles”.

Las historias de manejo

Mercedes, Julieta y Paula son tres de las doce mujeres cuyos testimonios forman parte del libro Maneja tu miedo con amor. Cada una llegó al volante desde un lugar distinto, pero todas encontraron en ese proceso algo que va más allá del manejo.

Mercedes tiene 35 años y desde niña supo que los autos, los camiones y los colectivos eran su mundo. Su papá fue chofer, su hermano reparaba vehículos en casa y ella reconocía marcas y modelos de colectivos por el ruido del motor. Ese amor temprano por los fierros la llevó, años después, a convertirse en conductora profesional.

Mercedes sacó su registro a sus 23 años y hoy es chofer en una línea de minibuses eléctricos en CABA.

Aunque el camino no fue inmediato: aprendió a manejar cerca de los 23 años, pero la ciudad le generaba terror y con el tiempo su licencia venció. Fue después de la pandemia cuando decidió volver a intentarlo. Se inscribió cuatro veces al programa Conductoras de Scania sin quedar seleccionada, hasta que en la quinta lo logró.

Mientras tanto, su pareja le regaló para su cumpleaños en 2022 algo que nunca olvidará: manejar un colectivo por primera vez. “Ni bien me bajé, después de una hora, se vino el mar de lágrimas de la emoción”, recuerda.

A partir de ahí decidió ampliar su licencia hasta incluir transporte de pasajeros y camiones, y en mayo de 2025 debutó como conductora profesional en una línea de minibuses eléctricos en CABA. Todo esto, sin haber tenido auto propio hasta 2024. En ese recorrido, Mujeres al Volante fue un apoyo clave. “Ya intentándolo estás siendo mejor que ayer. No hay un techo, estamos en constante aprendizaje, al volante y en la vida“, concluye.

Por su parte, Julieta Basile tiene 47 años y su historia está atravesada por el dolor y la transformación. Tenía licencia de conducir, pero nunca se había animado a manejar sola.

Antes de fallecer, su marido decidió arreglar el auto que estaba en desuso. “Siento que él me lo dejó arreglado para que yo lo use”, dice. Durante tres meses lo vio estacionado en el garaje y le habló, le prometió que no lo iba a dejar abandonado.

Durante ese duelo encontró a Dietrich en Instagram y algo en ella cambió. Con el acompañamiento de la comunidad y varios de sus amigos, empezó a manejar de a poco. A medida que pasaban los días, sumaba cuadras a su trayecto.

Luego de la muerte de su marido, Julieta retomó de a poco el manejo.

Hubo momentos donde manejaba y lloraba, días en que el auto se le apagaba en medio de la calle, pero eso no la detuvo: ponía las balizas y volvía a arrancar. Para ella conducir sola, con dos hijos en edad escolar y sin su marido fue también aprender a sostenerse. “Todos los miedos que yo tenía de agarrar el auto y que me pasara algo no pasaron. Eran fantasías que lo único que hacían era impedirme manejar”, narra Julieta.

Hoy maneja en autopista y cuando su hijo cumplió 17 ella le enseñó a manejar. “Tomar el volante de tu vida no es una frase al pasar, es LA frase”, admite. Y su mensaje para quienes dudan es simple: “Si lo logré yo, lo logra cualquiera”.

En tanto, Paula, de 56 años, es profesora de matemáticas y sacó el registro a los 52, después de toda una vida sin manejar. La decisión llegó sola, como una certeza: no quería irse de este mundo sin haberlo intentado.

El proceso fue duro y de mucho trabajo interno. Durante las clases apareció de todo: dolor de panza, manos tensas, palpitaciones, angustias que no esperaba. Todavía recuerda la primera vez que completó una vuelta manzana entera sin saber que lo había hecho con el freno de mano puesto. “Lloraba y me reía al mismo tiempo. Estaba feliz”, describe.

A pesar de nunca haber manejado, Paula decidió sacar su licencia a sus 52 años.

En la comunidad halló también una compañía inesperada: mujeres que atravesaban lo mismo, que compartían los mismos nervios y las mismas dudas. Hoy sale de noche del colegio y toma el volante, orgullosa de algo que le parecía inimaginable. “Las mujeres son fuertes y saben de procesos que cuestan, este es uno más. Si no sale, respiramos y volvemos a empezar, porque la experiencia no te la quita nadie”, cierra.

Maestría Clarín – Universidad de San Andrés

AA

fuente: CLARIN

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