
“Yo ya estuve dos años en cana. ¿Sabés lo que es eso? No quiero ser más empleado. Ahora quiero ser parte“. La confesión corresponde a un emblemático empresario vinculado al modelo kirchnerista, que tiempo atrás intentaba explicar lo dura que había sido su estadía en la cárcel y cómo cambiaban sus planes a futuro.
El recuerdo lo comentaba por estos días un experimentado dirigente a propósito del último escándalo de corrupción que sacude el mundo K: por resumirlo en una imagen, los dólares presuntamente apilados en el vestidor de Martín Insaurralde, en una filmación que incluye a su ex Jesica Cirio.
Según esa fuente, hace tiempo que el exintendente de Lomas de Zamora quiso ser “parte” de un entramado que incluiría, como eje central, plata del juego. La Justicia aún debe probarlo: hace unos tres años se abrió una investigación que empuja con ganas el fiscal, pero luego se ralentiza.
Es tan atrapante la historia de Insaurralde (valijas con plata, yate, champagne, acompañantes varias) que se podrían escribir libros sobre el ascenso de este dirigente al que Cristina Kirchner calificó, en 2013, como un “modelo de intendente” y, sobre todo, “un modelo de vida”. Pero sería un error, quizás, empantanarse allí o en la foto que lograba el entonces candidato con el Papa Francisco.
Al menos eso es lo que piensan quienes siguen de cerca la investigación y el devenir político del presunto reo. La fascinación de Cristina por su figura tuvo otro hito, ocho años después. El kirchnerismo venía de perder la elección legislativa y la entonces vicepresidenta hizo viajar al gobernador Axel Kicillof a Santa Cruz para comunicarle los cambios que habría en su gabinete.
El principal lo tenía otra vez a Insaurralde en el centro de la escena. Sería el nuevo jefe de Gabinete, en lugar de la mano derecha de Kicillof en la gestión: “Carli” Bianco. La jugada tenía la firma de Cristina pero, en particular, el empuje de Máximo Kirchner, ya entonces enfrentado con el gobernador y socio político del lomense.
Por eso, en el peronismo en general se sigue con atención el avance (o no) de la causa por supuesto enriquecimiento ilícito. En caso de comprobarse, ¿la plata malhabida es de Insaurralde? ¿O es una caja más grande que tenía más (y principales) destinatarios? Una fuente le pone picante a las dudas: “¿Y si Insaurralde es el Lázaro Báez de Máximo Kirchner?“.
Según la Justicia, Báez fue el oscuro empleado bancario reconvertido en empresario que usaron los Kirchner para canalizar (y robar) la plata de la obra pública durante los gobiernos de Néstor y Cristina. Un mecanismo con pretensiones de legalidad que por lo obsceno terminó con la expresidenta y otros detenidos. ¿Dónde puede terminar lo de Insaurralde si la Justicia se decide a avanzar?
Y no es la única causa que inquieta a exfuncionarios. Como observa con perspicacia un dirigente, si las gestiones de los Kirchner mostraron su lado oscuro con las obras públicas, la de Fernández está siendo investigada por los servicios.
El propio expresidente quedó vinculado con un escándalo con los seguros, y otros importantes exfuncionarios con los permisos para importar y los mecanismos para hacerse de dólares baratos en épocas de cepo.
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