
El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, estuvo presente en la asunción de Diego Santilli como Jefe de Gabinete. ¿Qué fue a buscar?
No llegó sólo, sino acompañado por sus ministros del área política, y se encargó de sonreir y saludar a los “pituquitos” y a los del interior que se le cruzaron durante toda la ceremonia. El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, junto a Daniel Pastore y Manuel Calvo, se movió durante la asunción de Diego Santilli casi como un liberal más. Tal vez no quería incomodar a los anfitriones, aunque lo más lógico es que estaba intentando reinsertarse en el radar del poder central.
El mandatario cordobés, que conoce al flamante jefe de Gabinete desde que ambos militaban en la JP de fines de los ’90, reabre una etapa de acercamiento a partir de necesidades compartidas. Santilli ya era ministro del Interior, pero ahora suma más poder y parece flotar sobre las internas de palacio.

Las negociaciones entre Córdoba y la Nación -seguramente las más importantes se iniciarán sin testigos- comprenderán varios frentes y con distintos niveles de dificultad.
El acuerdo marco serán una suerte de “pacto de no agresión” con vistas a las elecciones del año próximo. El oficialismo cordobés negociará con la Rosada un escenario sin críticas fuertes y acompañamiento legislativo a cambio de que se alfombre la reelección de Llaryora. Del otro lado, esperan que se adopte lo mismo para el intento de Javier Mieli, lo que sacaría al “cordobesismo” de un eventual frente peronista unificado.
De llegar a un acuerdo, Córdoba acompañaría el intento del Gobierno por reformar la ley Electoral, con la eliminación de las Paso, una de las misiones más importante que le surgen a Santilli. La novedad sería la inclusión de colectoras para las candidaturas de legisladores nacionales.
Con lo político como eje, surgirá también la necesidad de caja de la Provincia y las deudas que tiene el poder central. Los fondos para la Caja de Jubilaciones, los subsidios al transporte, el reparto de ATN, entre otros ítems, serán las cuestiones de billetera sobre la mesa.
Pero, cualquier acuerdo entre Santilli y Llaryora estará supeditado a cómo el Gobierno vaya acomodando los pesares cotidianos y, sobre todo, del humor de Milei para ratificar o desconocer lo pactado.



