Convertir el dolor en semillas: la historia de la docente misionera que inspira al país desde una escuela agrotécnica

En Montecarlo, un pueblo yerbatero del norte de Misiones, Gabriela Büttner aprendió desde chica que casi todo cuesta el doble. “No teníamos ni siquiera una ducha; la única canilla estaba al fondo de la casa”, recuerda. De ese mismo lugar lleno de carencias, donde estudiar parecía un lujo reservado para otros más pudientes, salió esta profesora y licenciada en inglés que hoy emociona al país: finalista del premio “Docentes que Inspiran” y autora de un libro pensado para estudiantes rurales que ya recorre varias provincias.

Su historia demuestra que la educación, cuando se sostiene con convicción, puede torcerle el brazo del destino. Y Gabriela lo hizo desde el corazón de la ruralidad, atravesando violencia de género, pobreza y precariedades que hoy suenan inverosímiles, pero que siguen siendo parte de la trama cotidiana de muchas escuelas de la Argentina profunda.

En la escuela construyeron un vivero íntegramente hecho con botellas recicladas.En la escuela construyeron un vivero íntegramente hecho con botellas recicladas.

Su recorrido en el certamen comenzó en 2023, cuando un rector la animó a postularse. “Ese año llegué a la semifinal. Pero no me rendí; seguí insistiendo y volví a presentarme en 2025”, cuenta. Esta vez alcanzó la final entre más de 2.100 proyectos y, cuando recibió la noticia, se quebró: “Me emocioné demasiado, me vinieron muchas cosas a la cabeza y lloré. Fue muy fuerte”, relata.

Desde entonces, vive algo que le resulta extraño y gratificante a la vez: el reconocimiento de la gente. “Me fui a hacer un trámite y me felicitaron; en el supermercado también; en la farmacia y en la calle. Que se conozca mi trabajo es muy lindo, porque muchas veces la docencia transcurre en silencio o, peor aún, luchando contra demasiados obstáculos”.

Y vaya que conoce de obstáculos. Gabriela nació en la Misiones profunda. Hija de una madre que quiso ser maestra pero nunca tuvo la oportunidad, y de un padre que ejercía violencia, creció entre limitaciones y mandatos rígidos. Aun así, estudió gracias a becas, trabajos y la ayuda de la cooperativa de electricidad local y un escribano. Soñaba con ser profesora de alemán —por su herencia familiar—, pero la distancia y los costos hicieron imposible ese camino. El inglés apareció como la opción viable en Posadas, la capital provincial, a 180 kilómetros de Montecarlo, su ciudad natal.

Mi mamá trabajaba de lo que fuera para darme una mano, pero mi papá me soltó la mano en el cursillo de ingreso. Quedé sola con ella”, recuerda. Pero la adversidad no la detuvo y logró terminar sus estudios con enorme esfuerzo.

La agrotécnica, un gallinero y un violento que no logró hacerla retroceder

En 2012 arrancó en el Instituto de Enseñanza Agropecuaria 8 (IEA 8) de Montecarlo, la escuela donde se concentraría su vida laboral y emocional. Pero siempre marcada por una precariedad edilicia extrema.

Gabriela y sus alumnos.Gabriela y sus alumnos.

“Llegué a dar clases en un lugar que era el gallinero. Los días de lluvia, a los chicos les corría agua por los pies”, rememora. La escuela funcionaba repartida entre un local comercial, un CAPS (Centro de Atención Primaria de la Salud) y un edificio que se iba armando de a pedazos. Hoy tienen un tercio del establecimiento terminado, pero aún esperan la ampliación definitiva.

Mientras avanzaba en su carrera docente, Gabriela enfrentaba violencia de género por parte de su expareja, incluso después de la separación. “Me decía que era una inútil, que no iba a salir adelante. Se burlaba de mis estudios, de mi instituto”, relata.

En paralelo, se gestaba un proyecto que lo cambiaría todo: un libro de inglés adaptado a la realidad rural, con microunidades, contenidos contextualizados, educación emocional, audios, actividades y una plataforma digital complementaria.

“Cuando entré a la escuela vi que no había un libro de inglés que empezara desde cero. Así nació todo. Recopilé material y junté tanto que dije: ‘este tiene que ser mi proyecto de tesina’”, recuerda.

El libro se publicó en 2022 y hoy circula por Misiones, Buenos Aires, Tucumán, Tierra del Fuego, Río Negro y otras provincias. “Cada vez más docentes de todo el país me escriben para adoptarlo”, celebra.

La publicación marcó un antes y un después: “Este premio es también una sanación. La voz de él, que me decía que era una inútil, quedó tapada por cientos de voces que dicen lo contrario”, sostiene.

Por eso, esta mamá y docente de cuarenta años alienta a sus colegas más jóvenes —o agotados— con un mensaje simple y luminoso: “No están solos. Sentirse frustrado es normal, pero nuestro trabajo es importante. No bajen los brazos. Hay que convertir el dolor en semillas que germinen en sueños cumplidos”, enfatiza.

El vivero hoy funciona como laboratorio vivo y espacio interdisciplinario.El vivero hoy funciona como laboratorio vivo y espacio interdisciplinario.

Para Gabriela, haber recibido la mención especial de Zurich y Clarín es un abrazo reparador. “Es un mimo al alma. Es inmenso que gente tan grosa en educación te diga: lo estás haciendo bien. Segunda entre 2.100 docentes de todo el país… ¡Gané todo!”, finaliza.

Del aula al vivero: educación técnica con raíces rurales

Gabriela también impulsa proyectos ambientales y productivos. En la escuela construyeron un vivero íntegramente hecho con botellas recicladas, que hoy funciona como laboratorio vivo y espacio interdisciplinario.

Con ese proyecto enseñó inglés sin que los chicos se dieran cuenta: “Subí fotos del vivero a la inteligencia artificial, pedí que me armara el paso a paso y con eso aprendieron la voz pasiva casi de manera inconsciente”.

Su libro incorpora cultivos regionales, contenidos globales y vínculos con el INTA y productores locales. Su mirada es clara: “Hay que formar ciudadanos que entiendan su territorio, pero que también puedan adaptarse a cualquier otro lugar del país o del mundo”.

Tecnología para incluir y recuperar alumnos “dados por perdidos”

Además de su libro, Gabriela impulsó proyectos tecnológicos que cambiaron la dinámica de sus clases. Con sus estudiantes ganó un concurso internacional de la plataforma Tomi Digital, donde su escuela quedó segunda detrás de una de Ghana. Recibieron un dispositivo Tomi 8, que transformó la forma de enseñar.

“Había un grupo al que todos daban por perdido. Antes aprobaban dos de quince; este año, solo quedaron dos desaprobados por inasistencias. Es muy loco, pero la tecnología los igualó a todos”, remarca

fuente: CLARIN

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