
Un estudio de la FAO aporta nueva evidencia sobre la viabilidad económica y financiera de adoptar y producir bioinsumos, un segmento que actualmente crece en promedio al 10% anual en América Latina.
Un nuevo estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) concluyó que los bioinsumos —productos elaborados a partir de plantas, animales o microorganismos utilizados en la agricultura— pueden representar una inversión económicamente rentable para los productores de América Latina y el Caribe. Sin embargo, su conveniencia depende del cultivo, el tipo de suelo, las condiciones agroecológicas, la escala de producción y la tecnología utilizada.
América Latina y el Caribe es actualmente la región donde el uso de bioinsumos crece con mayor rapidez en el mundo, con una expansión anual estimada superior al 10 %. A nivel global, el promedio de productores que ha adoptado bioestimulantes, biofertilizantes o biocontroladores asciende al 38 %, mientras que en Brasil alcanza el 67 %, una de las tasas más altas del mundo.
En este contexto, la publicación Estudios de caso de adopción y producción de bioinsumos en América Latina: un análisis de costos y beneficios aporta nueva evidencia sobre la viabilidad económica y financiera de adoptar y producir bioinsumos, un ámbito donde hasta ahora existía escasa información para respaldar la toma de decisiones de agricultores, inversionistas y responsables de políticas públicas.
El interés por los bioinsumos ha aumentado en los últimos años, especialmente tras el alza mundial de los precios de los fertilizantes provocada por el incremento del costo del gas y las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Ucrania. Según el estudio, este escenario llevó a que el valor de las importaciones de fertilizantes en América Latina y el Caribe aumentara un 137 % en 2022, reforzando la búsqueda de alternativas más resilientes para la producción agrícola.
Frente a este escenario, los bioinsumos se presentan como una alternativa para mejorar la productividad, conservar la fertilidad de los suelos, disminuir los costos de producción, aumentar la resiliencia frente a shocks sociopolíticos y reducir el impacto ambiental de la agricultura.
La investigación analizó distintos escenarios de adopción y producción de bioinsumos en cinco países de América Latina — Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica y México— considerando una amplia diversidad de cultivos, sistemas productivos y perfiles de productores. En particular, evaluó la incorporación de bioinsumos comerciales en sistemas convencionales, la producción de bioinsumos en las propias explotaciones agrícolas y la viabilidad financiera de biofábricas gestionadas de manera asociativa.
En cultivos como la caña de azúcar en México y la soja y la uva en Bolivia, la incorporación de bioinsumos comerciales, combinada con una reducción parcial del uso de agroquímicos, incrementó la rentabilidad gracias a mayores rendimientos o menores costos de producción. En cambio, los resultados fueron más variables en los sistemas basados en biopreparados elaborados en las propias fincas, donde en algunos casos el aumento de los requerimientos de mano de obra redujo las ventajas económicas.
La investigación también concluye que la producción de bioinsumos en las explotaciones agrícolas, cuando se realiza bajo protocolos técnicos adecuados y con controles de calidad que garanticen la eficacia e inocuidad de los productos, suele ser competitiva frente a la compra de productos comerciales, especialmente en zonas alejadas de los centros de abastecimiento. Asimismo, las biofábricas cooperativas pueden ser financieramente viables cuando su tamaño responde a la demanda local y aprovechan los recursos e infraestructura disponibles en los territorios.
Además de los resultados económicos, la publicación analizó algunos beneficios ambientales asociados al uso de bioinsumos, como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y un uso más eficiente del agua. Los autores advierten, sin embargo, que estos impactos probablemente están subestimados debido a la escasa información disponible para valorar otros efectos positivos, como la mejora de la salud de los suelos, la biodiversidad y la salud humana.
La publicación también destaca que el uso de bioinsumos puede facilitar el acceso a mercados internacionales con exigentes estándares de inocuidad alimentaria, particularmente para productos de exportación como café, cacao, banano y aguacate, al contribuir al cumplimiento de los límites máximos de residuos de plaguicidas.
A partir de la evidencia recopilada, el estudio propone una serie de orientaciones para fortalecer las inversiones y las políticas públicas destinadas a promover la adopción y producción de bioinsumos.
Entre las principales recomendaciones, la publicación plantea fortalecer los mecanismos de financiamiento y asistencia técnica para acompañar a los productores durante la transición hacia estas tecnologías, especialmente a los agricultores de menor escala. Asimismo, propone ampliar la generación de evidencia científica, fortalecer los sistemas de control de calidad y consolidar marcos regulatorios que otorguen mayor confianza al mercado y faciliten la expansión de los bioinsumos en la región.




