Cómo fue la cinematográfica fuga de anarquistas de una cárcel uruguaya que luego fue imitada por militantes Tupamaros

Mientras Severino Di Giovanni era fusilado en Buenos Aires, su compañero Miguel Arcángel Roscigna estaba a punto de concretar uno de sus golpes más espectaculares.

Un proyecto desvelaba a Miguel y sus hombres: liberar a sus compañeros detenidos en la cárcel de Punta Carretas, Uruguay. El dinero de algunos asaltos facilitó las cosas. Permitió que Gino Gatti se instalara junto a su compañera y su pequeña hija en una casa comprada por el grupo frente a la cárcel.

Allí Gatti instaló la carbonería “El Buen Trato” desde donde comienza la construcción de uno de los túneles de fuga más perfectos que recuerde la historia carcelaria, con ventilación y luz eléctrica a lo largo de todo su recorrido de más de 50 metros.

En los trabajos participaron activamente bajo las instrucciones del “ingeniero” Gatti, Miguel Arcángel Roscigna, Andrés Vázquez Paredes, el “capitán” Paz y Fernando Malvicini.

El 18 de marzo de 1931 se concreta la fuga. Los presos salen cómodamente a la carbonería “El buen trato”, donde los esperan tres autos que se dirigen a una casa alquilada en la calle Curupí.

Miguel Arcángel Rosigna, militante anarquista. / Archivo

Un túnel para dos fugas

Treinta y nueve años más tarde, en 1970, aquel mismo túnel va a ser aprovechado por los tupamaros para concretar una de las más sonadas fugas de presos políticos de la historia latinoamericana.

Por el túnel diseñado por Gatti se fugaron 118 tupamaros, no sin antes dejar un cartel que decía “Gracias compañeros anarquistas.” Firmado. “MLN-Tupamaros”.

Un episodio increíble va a terminar con la detención de todo el grupo de Roscigna.

El 21 de marzo, apenas 9 días después de la fuga, un agente de la perrera municipal entró en la casa de los anarquistas persiguiendo un perro; el agente es un ex presidiario que reconoce a uno de los fugados, suelta al perro y sale corriendo a denunciar a la policía que sabe dónde se esconden los hombres más buscados del Uruguay.

En pocos minutos 53 policías asaltan la casa y detienen a Roscigna y sus hombres.

La dictadura de Uriburu solicitó la extradición de los anarquistas al Uruguay. / Archivo

La dictadura de José Félix Uriburu solicita las extradiciones. Los anarquistas deciden inculparse ante los tribunales uruguayos para ser condenados allí y evitar la aplicación de la ley marcial en Argentina.

La estrategia da resultado y los anarquistas serán condenados y encarcelados en Montevideo. Allí estarán hasta el 31 de diciembre de 1936. Ya no está en el poder Uriburu y gobierna Agustín Justo, pero la persecución y el odio al anarquista sigue siendo el mismo.

Ante la negativa de la justicia oriental a conceder la extradición a los detenidos, les aplican un decreto de expulsión basándose en su condición de “indeseables”. Agentes de Orden Social viajan a Montevideo a buscar a los anarquistas que los habían tenido en jaque durante años.

Un destino sombrío

Al llegar a Buenos Aires los detenidos son trasladados al departamento central de Policía donde son interrogados primero salvajemente por los hombres del Comisario Fernández Bazán y luego “legalmente” por los jueces Lamarque y González Bowland, quienes los sobreseen por las causas del asalto al hospital Rawson y a La Central.

Al capitán Paz lo trasladan a Córdoba para que responda por una causa anterior y poco después un grupo de compañeros lo liberará a punta de pistola de una comisaria de la provincia.

Roscigna, Vázquez Paredes y Malvicini, a pesar de la orden judicial, continúan ilegalmente detenidos. Los familiares comienzan sus reclamos y los policías sus burlas. Les dicen que están en La Plata, en Avellaneda, en Tandil. Pero los presos no aparecen.

A partir de ese momento se pierde el rastro de los detenidos. Hasta que -pasados varios meses- un oficial de Orden Social se sincera con la Comisión Pro Presos y les dice con tono confidencial: “No se rompan más muchachos; a Roscigna, Váz-quez Paredes y Malvicini les aplicaron la ley Bazán, los fondearon en el Río de la Plata”.

Se estaba inaugurando una oscura tradición argentina.

E.M.

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fuente: CLARIN

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