
Ubicada en la intersección de la avenida Ricardo Balbín y la calle Roosevelt, la Villa Roccatagliata se erige como un símbolo de la resistencia patrimonial en el barrio de Coghlan.
Construida originalmente para la familia homónima, dueños de la emblemática Confitería del Molino, la residencia representó el esplendor de una época donde la zona recién comenzaba a urbanizarse y a poblarse.
La propiedad fue proyectada bajo la tipología de “villa criolla”, combinando la tradición española con la sensibilidad italiana de principios del siglo XX. Con su planta en forma de “H” y galerías que organizaban la vida social, el palacio fue pionero en tecnología, siendo uno de los primeros edificios privados en contar con telefonía propia, compartiendo ese honor con el Hospital Pirovano.
A lo largo de las décadas, la casona pasó de ser el centro de reuniones de la alta sociedad a convertirse en un edificio en franco deterioro. El jardín que originalmente rodeaba la estructura fue mutilado para dar lugar a una estación de servicio y un minimercado. Este uso comercial degradó la estética del predio, aunque afortunadamente no logró destruir el valor estructural del palacio.
La situación cambió drásticamente cuando se proyectó un complejo de departamentos de alta gama que planteó la construcción de dos torres dentro del predio.
Este ambicioso plan inmobiliario desató una feroz resistencia por parte de organizaciones vecinales como “Basta de Demoler”. Las ONG denunciaron que las alturas de las nuevas estructuras excedían largamente los parámetros permitidos.
La batalla legal se centró en la catalogación del inmueble. Mientras que el gobierno porteño otorgó niveles de protección preventiva, los desarrolladores consiguieron permisos basándose en “excepciones” urbanísticas. Según la empresa, la construcción de las torres era la única vía financiera para garantizar la puesta en valor y restauración total del edificio histórico original.
La villa luce renovada pero rodeada de hormigón y cristal. (Foto: Lucía Merle).La Justicia porteña intervino en múltiples ocasiones, frenando las obras por amparos ambientales y patrimoniales. Durante años, la estructura de cemento quedó a medio terminar como un esqueleto urbano, mientras los demandantes argumentaban que la torre más alta, de 27 pisos, afectaba el pulmón de manzana y la identidad de un barrio caracterizado por sus casas bajas.
Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia destrabó el conflicto en 2019, permitiendo que las torres se finalizaran. La resolución judicial entendió que la preservación del palacio compensaba las excepciones métricas otorgadas. Hoy, la villa luce renovada pero rodeada de hormigón y cristal, en un contraste arquitectónico que sigue generando debate entre los especialistas.
Datos clave sobre la Villa Roccatagliata
- Ubicación estratégica: se encuentra en un punto clave que conecta Coghlan con Belgrano, rodeado por una zona de alta demanda residencial.
- Protección legal: el edificio posee un nivel de protección “Cautelar” desde 2013, lo que impide cualquier tipo de demolición o alteración de su fachada.
- Excepciones urbanas: la torre más alta del complejo excede en 40 metros la altura máxima permitida para ese distrito, un punto de gran polémica.
- Actualidad del predio: el palacio restaurado funcionará como espacio de usos comunes y servicios de lujo para los residentes de las nuevas torres.
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